Una novela de terror. “Los universalistas”, de Natasha Brown
Crisis económica, precariedad laboral, cambio climático, auge de la extrema derecha. Cómo aparecen contadas las noticias relativas a estos temas ha resultado ser un problema grave. Se intuye que muchos medios de comunicación manipulan sin pudor a sus potenciales lectores, o, mejor dicho, clientes, para alcanzar visualizaciones. Existe la creencia de que, para conseguir informaciones jugosas ―y, así, cobrar lo suficiente para vivir cómoda o lujosamente―, algunos periodistas acuden al oportunismo y al chantaje. También la de que nos movemos en un contexto en el que, en cuanto a la comunicación en prensa y redes sociales se refiere, prima el populismo más atrevido. Sobre todo ello reflexiona Universality, traducida por Laura Salas y publicada como Los universalistas en Anagrama a finales de 2025. En ella, su autora, Natasha Brown (Londres, 1990), escritora británica cuya anterior novela, Assembly (Reunión, 2021), fue merecedora de varios premios en su país de origen, reprueba frontalmente la maquinaria del poder que controla los medios de masas, además de otros asuntos como el consumismo, los excesos y la ausencia total de valores reales en el mundo contemporáneo.
Los universalistas habla sobre cómo el solo hecho de polemizar puede hacer ganar al polemista un impulso que o bien lo encumbra o bien lo destruye. Su estructura es un tanto peculiar; primero, encontramos un reportaje titulado «No es oro todo lo que reluce», escrito por una joven periodista llamada Hannah. Este reportaje involucra a Richard Spencer, un rico empresario en cuya casa de campo, donde se ha celebrado una fiesta ilegal, ha desaparecido un lingote de oro. Con este lingote, Jake, su presunto ladrón, ha asestado un golpe casi mortal a Pegasus, el líder de una organización antisistema que ha ocupado la casa de Spencer. ¿Por qué atacó Jake a Pegasus? Porque el primero fue expulsado por el segundo de la comuna de los universalistas ―la organización en cuestión―. Jake es el hijo de Lenny Leonard, una famosa periodista ultraconservadora cuyo retrato la hace bastante despreciable. Lenny se guía por el impulso de engañar a las personas, a las editoriales, a los periódicos… para sacar rédito económico y, lo que es peor, prestigio público de todas sus incursiones. De ahí que publique un libro titulado Capitalismo woke: cómo traicionaron las empresas a la clase obrera y deje de colaborar con un periódico de derechas para escribir semanalmente en uno de izquierdas. No es difícil imaginar el enfoque de su libro… Una defensa de los trabajadores ―jóvenes, puros, bien ingleses, claro…― al trasluz de visiones tremendamente xenófobas sobre la constitución nacional de Gran Bretaña.
Después de leer el reportaje, origen de todas las líneas argumentales de la novela, accedemos a la nueva vida de Hannah: su texto ha lanzado su carrera al estrellato. Es más, va a ser adaptado a una serie de televisión. Tras su éxito, ha recuperado, ¡sorpresa!, a sus antiguos amigos y ha conseguido abandonar su trabajo en una tienda de barrio. Por cierto, el reportaje se ha saldado con la reputación de Spencer, totalmente abandonado a su suerte y objeto de constantes escarnios en redes sociales y periódicos digitales. A través de toda esta maraña de personajes, caracterizados de forma tremendamente satírica, se ejerce una crítica directa contra la inoperancia de algunos movimientos sociales ―que haría falta complejizar más―, contra el fracaso del ideal de vida del capitalismo, contra el sensacionalismo más mamarrachero y contra la prensa sin calidad que consumimos diariamente; la prensa que nos dice lo que queremos oír o, por el contrario, nos enfada para alimentar una autosuficiencia despolitizadora.
Los universalistas problematiza las mutaciones ideológicas que se producen en naciones doblegadas por el dinero, mutaciones que son amparadas por la confusión que deriva de la sobreinformación. La obra muestra cómo una misma persona puede abandonar los dogmas de la derecha más radical para adoptar, sin escrúpulo, la máscara del progresismo si eso garantiza su lugar en el ecosistema socioeconómico y cultural. La lectura de Los universalistas llega a ser divertida, pues sus acusaciones contra la sociedad inglesa son tan explícitas que rozan la provocación más expresiva. La obra expone una realidad aterradora, construida sobre la capacidad del lenguaje para fijar relatos infidentes y sobre la deshumanización de los vínculos afectivos que se generan en pos de la consecución de fines tales como hacer prosperar la cuenta corriente. Mostrar eso es, desde luego, necesario por radical: un acto rebelde.
Graduada en Estudios Hispánicos y máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos por la Universidad de Alcalá, donde ha sido beneficiaria de varias becas de investigación. Sus intereses giran en torno a la historia literaria e intelectual del exilio republicano de 1939 y la crítica ideológica de la literatura, aspectos sobre los que es autora de varios artículos académicos. En la actualidad, es investigadora predoctoral (FPU-Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades) en la Universidad de Alcalá. Su tesis estudia los discursos del anticomunismo en la narrativa del exilio durante la guerra fría. Es directora de la revista Contrapunto.

