Cuando yo todo lo olvide. “Memoria de la melancolía”, de María Teresa León

por Abr 29, 2022

Cuando yo todo lo olvide. “Memoria de la melancolía”, de María Teresa León

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A la hora de abordar la narrativa del exilio español de 1939, es imprescindible considerar la trayectoria personal de una autora cuya identidad ha sido relegada en muchas ocasiones a la indigna posición de “mujer de” cierto poeta andaluz. No obstante, aunque la contribución cultural derivada de su matrimonio pueda ser destacable dentro del contexto literario del siglo XX, es la autosuficiencia de María Teresa León (1903 – 1988) la que nos permite individualizar la muy sugestiva sensibilidad creadora de una mujer comprometida y activa en los círculos intelectuales de más calado de la sociedad de su época. Gran parte de su información vital aparece recogida en su texto más relevante: Memoria de la melancolía, libro autobiográfico que es, a grandes rasgos, un bello compendio de recuerdos desordenados, teñidos de una terrible angustia y ausencia, escrito desde su último destierro en Roma. La editorial Losada publicó la primera edición de la obra en 1970 —siendo precisamente Gonzalo Losada evocado con amistad en ella— y ha sido recientemente reeditada en la editorial Renacimiento.

Hablar de Memoria de la melancolía es hablar de la íntima plasmación de las subjetivas rememoraciones que engullen a una mujer bajo condiciones de sufrimiento. María Teresa León se abrió en canal para ofrecer un testimonio de inmenso valor y calidad estética, en el que llora la pérdida de su pasado más estimado. Mujer de claras determinaciones ideológicas y defensora infatigable de la República, con la llegada de la guerra alcanzó una relevancia extraordinaria con relación a la conservación y divulgación de la cultura, así como también ejerció una activa militancia antifascista y de propaganda de la causa republicana a través de diversos medios. La memoria lleva a León a recordar hitos de su historia personal como su puesto de directora de las Guerrillas del Teatro del Centro —cuyo cometido fue el de aproximar el teatro a diferentes frentes durante el conflicto—, o su cargo de secretaria de la Alianza de Intelectuales Antifascistas, organización civil constituida por figuras de la talla de José Bergamín, Luis Cernuda, Ramón J. Sender o Max Aub, entre otros. Del mismo modo, no elude las desventuras —no carentes de un riesgo inherente a tiempos bélicos— con las que tuvo que lidiar al intervenir en la salvación de parte del patrimonio artístico del Museo del Prado, de Toledo y de El Escorial, como medida de la Junta de Incautación del Tesoro Artístico. Con todo, los esfuerzos activos de la resistencia no pudieron evitar los sinsabores que la autora, como otros muchos republicanos, hubo de padecer tras el fin de la contienda. En 1939 comenzó su llorado exilio a Francia, Argentina e Italia, que solo quedaría finalizado en 1977, casi cuarenta años después de su partida. 

La narración de los recuerdos de María Teresa León destaca por su discordancia cronológica, característica de las escrituras del yo de muchos exiliados, y presenta vivencias de juventud de una niña de cabello rubio que creció para defender sus ideas de manera determinante. Pero no solo eso. También exhibe, a través de un lenguaje pulido y pletórico de delicadeza, numerosas evocaciones personales que albergan una significación excepcional para comprender la melancolía de una mujer que tiene miedo de no saber dónde morirse. Las palabras proporcionan el espacio para la reflexión, la introspección de la situación que ha rodeado, desgraciadamente, su condición de desarraigo durante largos años de ensoñación distante y añoranza. María Teresa León, desde Roma, donde redacta este libro, lee los periódicos del país perdido, observa la realidad del destiempo, del presente que se da sin contar con una española que ha luchado toda su vida por defender la libertad de un pueblo mancillado por fascistas y fuerzas extranjeras. No obstante, se mantiene firme en sus convicciones. El compromiso político y la adhesión republicana con los que se la identificó siempre siguen vivos tras tantos años de extrañamiento: la defensa y la pervivencia de los valores que representan la auténtica y legítima lucha por el pueblo español deben continuar.

La relevancia de Memoria de la melancolía no solo radica en ofrecer una narración de gran interés para valorar algunos rasgos consustanciales a cierta parte de la literatura exílica, sino que también reside en el trazado de un valioso recorrido por tres momentos históricos de la España cultural: el precedente a la guerra, el que se dio durante el conflicto y el posbélico del destierro, vividos y rememorados desde su más íntima subjetividad. De manera constante, percibimos líneas muy evocadoras sobre autores del momento, amigos como José Herrera Petere, León Felipe, Luis Cernuda o Pablo Neruda, entre muchos, así como se rinde homenaje, a través de afectuosas rememoraciones, a símbolos republicanos de grandísima significación y envergadura, como Federico García Lorca, Antonio Machado o Pablo Picasso. Por otra parte, León dedica sus palabras de admiración a ciertos escritores extranjeros, algunos solamente conocidos, y agradece la generosa amistad que muchos le profesaron durante su resignado distanciamiento. La presencia de John Dos Passos, Louis Aragon, Albert Camus, Bertolt Brecht, Réne Crevel, Paul Éluard o Giacomo Debenedetti, junto con la de sus homólogos españoles, contribuye a formular una clasificación entrañable de una gran nómina de autores nacionales y extranjeros que supone, directa o indirectamente, la propagación de su obra y su literatura.

Pero el objetivo primordial de la recopilación de recuerdos de María Teresa León es ahondar en los recovecos más profundos de la conciencia de una mujer que lo único que puede hacer desde el exilio es intentar garantizar la pervivencia de unos valores que no puede permitirse ver morir. Todo lo que sus compatriotas republicanos sufrieron desde 1936 no debe ser olvidado, no se puede volver a provocar el desamparo de aquellos que dieron su vida por su tierra, explicitándose así la labor incondicional del intelectual condenado al ostracismo: escribir a modo de resistencia contra Franco, contra el tiempo, contra el olvido. El afán de testimoniar de la autora se dio, en cierta medida, porque el abandono de la memoria era una realidad que estaba viviendo en sus carnes durante la escritura de este libro. El alzheimer, manifestado de manera completa en 1972, daría por infructuoso su ansiado retorno al paraíso perdido cinco años después. María Teresa León no pudo cumplir su tan proyectada vuelta, cuya posible certidumbre había inundado sus días de un leve optimismo, habiendo sido la expectativa de regreso la única capaz de resolver aquel terrible miedo a morir lejos. Pero murió lejos.

Por tanto, leer Memoria de la melancolía es nuestra contribución para garantizar, desde la actualidad, que la lucha del exilio, tan importante para ella, no se pierda en vano. Eso es lo justo: la pervivencia, la memoria histórica, el recuerdo.