El incesto como ejercicio de dominación en los personajes femeninos de “Cien años de soledad”
Introducción
Para empezar con mi propuesta de análisis, quiero utilizar las siguientes palabras de Mariana Fernando Ampuero, una escritora ecuatoriana, que explica la intención de esta investigación: “Asumo que hay que hacer lecturas y relecturas desde el punto de vista del feminismo, revisar Macondo con otra mochila, la feminista” (entrevista publicada en BEZ, el 11 de julio de 2017). El tema de este trabajo es el incesto como ejercicio de dominación en los personajes femeninos de Cien años de soledad. Se pretende realizar una lectura de la novela desde un punto de vista crítico literario feminista, que exponga la siguiente hipótesis a través de una línea de investigación centrada en el tema del incesto: ¿El incesto en Cien años de soledad constituye un ejercicio de poder machista sobre los personajes femeninos?
Para responder a esta pregunta, se expondrán las características que distinguen a los personajes femeninos principales e iniciadores de la dinastía de los Buendía, para conocer el origen y la visión que se ofrece de lo femenino en Cien años de soledad. Se estudiará la dicotomía entre Úrsula y Pilar Ternera, en apariencia profundamente diferentes, pero que comparten en Macondo unas vivencias y una forma de ver el mundo. También se analizarán otros personajes femeninos, como Amaranta y Remedios, la bella, pero menos exhaustivamente, para demostrar que hay una generalización dentro de los personajes femeninos, en cuanto a la estructura familiar, cimentada en relaciones incestuosas que se dan en la familia Buendía.
Por tanto, uno de los objetivos de este trabajo es descubrir la motivación para la práctica del incesto, y otro objetivo es discernir las consecuencias perniciosas en los personajes femeninos. Mediante el análisis, además, se consigue mostrar los papeles que tienen en una sociedad patriarcal y primitiva las mujeres, que se sienten horrorizadas y fascinadas por la práctica del incesto. La perspectiva que se seguirá para lograr investigar los objetivos es antropológica, sociológica y feminista para lograr ahondar en el sistema patriarcal primitivo de Macondo y su incidencia en un grupo de personas concreto, las mujeres.
Metodología, marco teórico
Utilizaremos como metodología de análisis la tematología, que, como indica Cristina Naupert (2003), es “un procedimiento (…) complejo, y por eso a la vez (…) interesante e instructivo, (…) cuando elementos temáticos constituyen o participan de puentes entre diferentes culturas y lenguajes” (p. 11). El incesto ha sido un tabú de la sociedad occidental, pese a que sea practicado por familias reales de Europa, además de en sociedades primitivas. El análisis tematológico sirve, según Cristina Naupert (2003), “para analizar cómo ha sido la acogida de estos elementos en otras circunstancias históricas y sociales”. Como en este momento, en el que se puede realizar una lectura crítica del incesto y se puede analizar desde una perspectiva feminista.
La identidad femenina, dentro de la crítica feminista, se analiza desde la perspectiva del problema de la identidad diferente (Naupert, 2003, p. 16). La identidad de las mujeres Buendía es distinta a la de los demás personajes y este trabajo quiere mostrar los roles y estereotipos que aparecen en las mujeres de la novela, así como ahondar también en la relación entre ellas, sabiendo que, “además, tiene un papel destacado la tematización de las relaciones de los sujetos femeninos entre sí” (Naupert, 2003, p. 17).
El enfoque de crítica literaria feminista que seguiremos se basa en los preceptos que expone Castanyer (2008):
Primero: revisar la historia literaria notando sus asunciones patriarcales y, mostrando la manera en que las mujeres son representadas en los textos de acuerdo con las normas sociales, culturales e ideológicas […] Tercero: ofrecer pautas de lectura para una lectora que está acostumbrada a consumir productos producidos por hombres y, cuarto, despertar una actuación de lectura femenina creando un nuevo colectivo de lectura y escritura.
El primer precepto permite explicar la sociedad primitiva y patriarcal de Macondo a partir del mecanismo que la origina, el incesto, estableciendo la normas cultural y social que encierra, la sumisión y permisión del incesto por parte de las mujeres a una dominación violenta masculina. El tercero conduce a una explicación que exponga la visión que la novela da de la prostitución y/o de la violación. El cuarto, por último, anima a realizar una interpretación desde la perspectiva de una mujer que aporte al panorama literario una visión feminista de Cien años de soledad.
Motivación del incesto
Antes de analizar el texto en profundidad, quiero establecer los rasgos que aparecen en la familia Buendía, que repercuten en las mujeres y en su forma de relacionarse con el mundo. Es importante encontrar el origen del incesto, que configura el destino de las mujeres de la dinastía.
Los personajes, tanto masculinos como femeninos, tienen un origen común: la emigración por parte de Úrsula y José Arcadio Buendía hacia Macondo. Este es un lugar que crearon para vivir lejos de la condena social que trajo el incesto. Por tanto, el incesto empieza con los fundadores de los Buendía, se mantiene a lo largo de la novela, y desencadena la destrucción de su estirpe.
Para teorizar sobre la motivación del incesto, Chinchilla Sánchez (1995) explica que, en la literatura, el tabú del incesto se soluciona con la condenación social y la exclusión o aislamiento de los participantes. Además, produce en los amantes, que conocen desde un principio su relación familiar, una gran culpa. Este rasgo sí aparece en Úrsula, que intenta advertir durante su longeva existencia de los males que atrae la práctica del incesto, aunque sea en vano, dado que su descendencia no escucha sus advertencias.
El tabú se muestra con la descendencia de los Buendía, que puede dar lugar a animales. Iguanas, cerdos o armadillos funcionan como un recurso literario que muestran el carácter cíclico de la novela, cerrándola de forma perfecta. Se muestra con una dualidad entre Úrsula y José Arcadio: “Si has de parir iguanas, criaremos iguanas” (García Márquez, 2019, p. 109); y Amaranta y Aureliano José: “Aunque nazcan armadillos” (García Márquez, 2019, p. 254). En el caso de Amaranta Úrsula y Aureliano, esa predicción se hará realidad (“Solo cuando lo voltearon boca abajo se dieron cuenta de que tenía algo más que el resto de los hombres (…). Era una cola de cerdo.” García Márquez, 2019, p. 543)
Por tanto, sabemos que el incesto tiene su origen en los fundadores, pero la motivación es tanto sexual, como social. Tiene una motivación sexual, puesto que los objetos de deseo, las mujeres Buendía, se oponen a tener relaciones sexuales con ellos, y la prohibición aumenta el deseo: “Cuanto más violento el deseo, mayor el terror de la violación del tabú” (Chinchilla Sánchez, 1995, p. 21).
Las mujeres no se encuentran en una situación de igualdad y el incesto se revela como un ejercicio de poder machista, ya que ellas no deciden con quién estar, sino sus nietos, primos… Por tanto, los participantes de esta práctica tienen un papel distinto, pues las mujeres son un objeto sexual, frente a los hombres, que tienen capacidad de elección. En las relaciones se repite el esquema adulto-niño, ya no sólo por la edad, sino también por la relación de crianza entre los mismos. Se explica, de esta forma, la motivación social, creada a partir del concepto de alteridad. La personalidad de las mujeres se configura según la visión de los hombres, en función de que las vean como posibles madres, amantes, vírgenes o prostitutas.
No conduce al amor, son relaciones sexuales primitivas, fundamentadas en el deseo y pasión sexual, por lo que el amor se convierte en un ideal imposible en los Buendía, condenados a la soledad y a la confusión que provoca el deseo intrafamiliar que impide que exista una conexión profunda. El incesto, por tanto, responde a un intento de dominación en las mujeres de su estirpe y desemboca en unas relaciones sexuales violentas.
Consecuencias del incesto en los personajes femeninos
La repercusión del incesto es la alienación de las mujeres en el sistema patriarcal, ya que sucumben al incesto por la adoración y fascinación primitiva a cuerpos fuertes y vigorosos, deseando un cuerpo que causa dolor durante el coito, pero que conforma el imaginario de virilidad masculina. Son relaciones, de nuevo, intensas y primitivas.
A pesar de esto, también hay personajes femeninos que se niegan al incesto, como Úrsula al principio de su matrimonio con José Arcadio Buendía, pero también lo harán Pilar Ternera y Amaranta, aunque la solución sea la prostitución, que se efectuará con Pilar Ternera primero y Santa Sofía de la Piedad después. La negación de las mujeres Buendía provoca en los hombres de la novela una sensación de virilidad fallida que finaliza en la compra, directa o indirecta, de mujeres para que lleven a cabo sus deseos carnales y de amor.
Las consecuencias son diferentes en un hombre que en una mujer. La condena que sufren los hombres de la familia es señalada por Úrsula, y explica los detonantes de la autodestrucción en los hombres, y cómo sería un buen hombre: “un hombre que nunca hubiera oído hablar de la guerra, los gallos de pelea, las mujeres de mala vida y las empresas delirantes” (García Márquez, 2019, p. 298).
Úrsula rechaza en este diálogo la prostitución, pero no desde una perspectiva feminista. Es importante señalar que los personajes masculinos tienden a la dominación sexual de las mujeres, por lo que quedan expuestas a constantes violaciones, como en el caso de Pilar Ternera, o también relegadas a jugar un papel sexual en la vida de los hombres de la novela.
Por tanto, la condena que sufren las mujeres es distinta, pues se relaciona con las relaciones sexuales que se producen y que siguen mitos y prejuicios sexuales existentes en relaciones heterosexuales, recordando al primitivismo. Las mujeres deben sufrir sin quejarse y resistir en el coito. García Márquez utiliza metáforas sobre la naturaleza para suavizar la situación, pero sigue siendo la siguiente:
El coito ejemplar es aquel en el que el varón domina, esclaviza y destruye y en el que la mujer es dominada, esclavizada y destruida, es decir, el coito que reproduce la situación de servidumbre y dependencia en que se halla la mujer respecto del hombre en la sociedad (Vargas Llosa, 1971, p. 587).
El incesto es, en conclusión, un ejercicio de poder machista que organiza la función de las mujeres en la novela y que se analizará a continuación.
Análisis de los personajes femeninos
Los personajes femeninos pueden clasificarse, como señala A. Rama (s.f.), citado por Jacques Joset (2019):
Todas las mujeres podrían organizarse en dos tipos (…): las que son mujeres que conservan la vida familiar, las tradiciones y regulan el funcionamiento familiar (…) Úrsula Iguarán (…) El otro tipo lo da la mujer que en cambio está (…) representada por su belleza y su fascinación, y es enteramente ajena a la realidad, vive en el mundo de las más puras expresiones estéticas: Remedios, la bella, y Meme Buendía y Amaranta Úrsula.
La sociedad patriarcal establece una distinción entre los personajes de la obra; con un rol reproductor, las mujeres, frente a los hombres brutos, fantasiosos y que matan, mientras que las mujeres son vírgenes, madres, amantes o prostitutas. El incesto establece una caracterización de las mujeres estereotipadas, como defiende Navas Ocaña: “Me refiero al carácter activo de lo masculino como una batalla en la que el hombre victorioso somete a la mujer-víctima” (1999, p. 260).
Es interesante la construcción de Úrsula y Pilar Ternera, porque estos personajes femeninos establecen la caracterización primaria de las mujeres como figura maternal o como objeto sexual, pese a que ambas tienen hijos e intentan cuidarlos.
Úrsula se mantiene con vida hasta más de cien años, vertebra la familia y siempre está en la casa de los Buendía y este lugar, escenario constante de la novela, sí siente el paso del tiempo, como también otros personajes que sucumben al paso del tiempo o en los que su cuerpo sí sufre la edad con el envejecimiento de la piel, del cuerpo, como sí se ve en Pilar Ternera. Incluso cuando muere, siente la necesidad de proclamar su negativa ante la práctica del incesto: “y para que cuidaran de que ningún Buendía fuera a casarse con alguien de su misma sangre” (García Márquez, 2019, p. 464), aunque resulte inútil porque no se recordarán sus palabras.
Es un personaje fundamental en Cien años de soledad, que tiene una personalidad fuerte y llega a tener una función de matriarca, pese a la imposibilidad de serlo en el sistema al que pertenece. El incesto no impide que intente tener poder, pero es inútil en un mundo regido por guerras y fuerza masculina. Aun así, consigue tener más protagonismo por la desaparición de la figura del padre, interesado en cualquier tema menos en sus hijos.
Tanto Pilar Ternera como Úrsula son madres, pero la primera es desterrada por decisión de la segunda. Pese a todo, Úrsula sigue siendo la representante de los valores tradicionales “―Al fin ―dijo Úrsula― tendremos otra vez un hombre en casa” (García Márquez, 2019, p. 277).
Úrsula toma decisiones en la familia, como en el episodio en el que reúne a las mujeres fundadoras para intervenir en las decisiones de un hombre, su hijo, acerca del general José Raquel Moncada, reafirmando su autoridad. De nuevo, intentará intervenir en la decisión de matar a Gerialdo Márquez. Habla con su hijo y le amenaza con matarle, y alude también a que es resultado del incesto: “Es lo mismo que habría hecho si hubieras nacido con cola de puerco.” (García Márquez, 2019, p. 275). Nada de esto ocurre con Pilar Ternera, quien no puede ni escoger con qué hombres se acuesta, pero tanto Pilar Ternera como Úrsula se oponen al incesto. Úrsula, como iniciadora de su dinastía, tiene en la novela la primera relación sexual violenta con un primo cercano, José Arcadio Buendía, que remarca el carácter salvaje y bruto de la consumación.
El árbol genealógico que Úrsula pretende tener es puro (sin mezclarse con pueblos indios y gitanos vecinos), y se ve drásticamente afectado con las intervenciones de Pilar. Este personaje entra en escena porque, por no poder realizar el incesto, acuden a la prostitución, Pilar Ternera primero, y Santa Sofía de la Piedad después.
Pilar Ternera cree en las cartas, y en una de las profecías se descubre que un hombre la violó con catorce años, pero no parece que tenga mucha importancia en la novela. Este dato muestra que la situación que sufrió de niña se repetirá hasta que fallezca. Pilar Ternera es expulsada de una familia en la que los hombres han abusado de ella, es una víctima tanto de los hombres como de Úrsula, que podría haber ofrecido compasión o ayuda a una mujer abusada por sus hijos; es una víctima del incesto.
La visión que se da de la prostitución es falsa y aparece suavizada, pues dista mucho de la realidad que una mujer desee ser un objeto sexual de todos los hombres de Macondo. Su habitación es visitada por todos ellos, así como su cuerpo, y no cobra nada por ello porque dice encontrar placer en esas visitas. Se puede percibir que está de acuerdo con esta situación y participa con agrado y decisión en actos que la destrozan física y mentalmente: “Soy feliz sabiendo que la gente es feliz en la cama.” (García Márquez, 2019, p. 257).
Pilar Ternera se opone al incesto con su hijo Arcadio, aunque él quiera: “`No puedo, no puedo´, dijo Pilar Ternera horrizada.” (García Márquez, 2019, p. 212), y recurre a Santa Sofía de la Piedad, la cual tendrá varios hijos con Arcadio: Remedios, la bella, y a los gemelos que cambiarán la ley de la herencia, puesto que se llegan a unir en uno sólo. No presentan las diferencias recurrentes en la novela de los Arcadios tímidos, retraídos, sin hijos frente a José Arcadio que tienen siempre descendencia. Santa Sofía no es una Buendía y cambia el orden establecido, rompiendo con la tradición, que conlleva tener el nombre de un antepasado.
El rechazo a unas mujeres que consideran inferiores porque, aunque ayudan a perpetuar la familia Buendía, no comparten sangre entre los progenitores provoca una situación de alteridad en Pilar Ternera y Santa Sofía de la Piedad, ya que, a diferencia de la primera, esta última lo acepta: “Santa Sofía de la piedad no pareció molestarse por aquella condición de alteridad” (García Márquez, 2019, p. 483). Así, la práctica del incesto condena a las mujeres de distinta forma, siendo víctimas de hombres y también de mujeres, lo que fomenta la competición entre ellas y la situación de inferioridad que ya tienen respecto a los hombres.
En este apartado aparecen dos mujeres que escapan del esquema hereditario e intentan no mantener relaciones sexuales, como Amaranta, o que no tienen ninguna intención de mantener relaciones sexuales, como Remedios la bella. Ambas representan la virginidad, si bien en el caso de Amaranta, no podrá conservarla.
Para entender la construcción del personaje de Remedios, nos ayuda la siguiente descripción: “En realidad, Remedios, la bella, no es de este mundo” (García Márquez, 2019, p. 307). Remedios representa el modelo de mujer virgen y aunque su belleza causa estragos y sus pretendientes perecen a causa de la falta de sueño que conlleva ver su rostro, no llega a consumar el acto sexual con ninguno de ellos. Este personaje es fantástico, pura de pensamiento, simple en contraposición con la prostitución y el componente sexual que aparece en las otras.
Amaranta representa la voluntad de ser virgen mediante su autolesión con la quemadura que le obligará a llevar una venda negra para siempre. Sin embargo, mantendrá una relación incestuosa con su hijo adoptivo, Aureliano José, del que manifiesta su desencanto: “Soy tu tía”, murmuraba Amaranta, agotada. “Es casi como si fuera tu madre, no sólo por la edad, sino porque lo único que me faltó fue darte de mamar” (García Márquez, 2019, p. 253). Las mujeres intentan luchar contra este sistema familiar, pero sus súplicas no son respondidas.
Aureliano José busca una justificación para que su tía Amaranta acceda a mantener relaciones sexuales con él: “así padeció el exilio, (…), hasta que le oyó contar a alguien el viejo cuento del hombre que se casó con una tía que además era su prima, y cuyo hijo terminó siendo abuelo de sí mismo”. (García Márquez, 2019, p. 253). El tema de incesto aparece en el mito de Edipo, pero aquí se cuenta de una forma exagerada y cómica. Sin embargo, nada de eso sirve. Amaranta se mantiene en su posición, pues “ella lo rechazó con una determinación inflexible (…)” (García Márquez, 2019, p.254).
Por otro lado, en el caso de Amaranta Úrsula, su sobrino Aureliano se siente atraído por ella y utiliza su dinero para poder tener relaciones sexuales con Nigromanta y sentir que hacerlo sería como tener relaciones sexuales con Amaranta Úrsula: “y apretando con el puño el peso con cincuenta centavos (…), no tanto porque los necesitara, como para complicarla, envilecerla y prostituirla de algún modo en su aventura” (García Márquez, 2019, p. 513).
Hasta ahora, se han analizado los personajes femeninos como madre y matriarca (Úrsula), madre y prostituta (Pilar Ternera, Santa Sofía de la Piedad), virgen (Remedios, la bella). La mujer aparece como amante en el caso de Petra Costa. El incesto dificulta a los Buendía la posibilidad de establecer lazos profundos en relaciones con personas ajenas a la familia, y, en este caso es Petra Costa la que obtiene en el esquema familiar la posición de amante.
En la última parte de la dinastía Buendía, Arcadio Segundo mantiene una relación con Petra Costa, que parece tener, como Remedios, la bella, magia en su interior, puesto que las relaciones sexuales entre ambos producen en sus animales un efecto beneficioso, ya que se duplican o triplican las criaturas en sus nacimientos, enriqueciendo enormemente a Arcadio Segundo. Es una relación fructífera, pero insuficiente para él, pese a que Petra Cotes cambia la personalidad de Arcadio, a quien como Buendía “la naturaleza lo había hecho reservado y esquivo, con tendencias a la meditación solitaria, y ella le había moldeado el carácter opuesto, vital, expansivo, (…), y le había infundido el júbilo de vivir” (García Márquez, 2019, p. 313).
El incesto es nocivo para la familia, no encuentran la felicidad ni el acompañamiento en la pareja, dañando a las parejas de los Buendía, excepto en la última pareja, en la que se defiende que existe el amor, pero ya es demasiado tarde para que no se cumpla la maldición familiar, con el hijo con la cola de cerdo.
Conclusión
El análisis crítico de la novela permite ver la participación y el enclave sociológico y cultural que representan los personajes femeninos en una sociedad patriarcal y machista, y en una familia regida por una práctica hereditaria, el incesto.
La motivación del incesto es tanto sexual como social, dado que la alteridad establece la construcción de los personajes femeninos según la visión de los hombres, y su identidad se construye a partir de una motivación sexual de los hombres hacia ellas, recurriendo a la dominación física mediante la violencia. El incesto es una forma de abuso sexual que aliena a las mujeres, que acaban participando en una sociedad primitiva que enaltece el dolor y la sumisión durante el acto sexual.
La clave del análisis, que se aleja de la concepción cristiana del pecado original y parece condenar irremediablemente a las familias, se centra en las consecuencias de las prácticas relacionadas con el incesto, siendo estas un ejercicio de poder machista que conduce a la concepción de las mujeres como objetos sexuales que un hombre puede conseguir mediante dos caminos que se bifurcan, directamente en la familia, o mediante la compra de mujeres ajenas a la familia, recurriendo a la prostitución.
Cada uno de los personajes femeninos representa un papel de mujer en la historia y la cosmovisión de Macondo, que relega a unos determinados papeles a las mujeres de dentro de una familia que practica el incesto: madre, amante, virgen o prostituta.
Este trabajo intenta responder a la siguiente cuestión: ¿El incesto en Cien años de soledad constituye un ejercicio de poder machista en los personajes femeninos? El análisis muestra una sociedad patriarcal primitiva que somete y aliena a las mujeres para formar parte de un sistema que las domina mediante la fuerza bruta en el ámbito sexual, escudándose en un deseo sexual incapaz de ser reprimido.
Bibliografía
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García Márquez, G. (2019), Cien años de soledad. Madrid, Cátedra.
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Vargas Llosa, M. (1971), Historia de un deicidio. Barcelona, Barral Editores.

Inés Tamargo López
Alumna de Estudios Hispánicos en la Universidad de Alcalá de Henares. Le interesa la literatura, especialmente la literatura no mimética y las novelas gráficas. No se olvida del teatro y rescata estas palabras de Mayorga que expuso la importancia de nuestra carrera: “El silencio nos es necesario, desde luego, para un acto fundamental de humanidad: escuchar las palabras de otros. También para decir las propias”.
