La poesía como documento histórico durante el franquismo: autoras, autores y lo exocanónico
Cuando en 2018 terminaba mi máster de literatura comparada y estudios literarios estaba muy en boga el estudio del canon. Y, en particular, en la facultad de Letras de la Universidad del País Vasco algunos investigadores estaban interesados en rescatar la obra de algunos poetas de la larga posguerra española que, aun habiendo participado plenamente de la vida literaria del país (y del exilio) no habían quedado recogidos en los florilegios más habituales del mal llamado “Grupo del 50”. En la facultad estaba muy presente la importancia de rastrear la disidencia ya que los autores vascos han cantado siempre a y sobre la tierra para manifestar la sobrepresión que cualquier régimen impuesto “desde arriba” supone para el “hecho diferencial”.
A los investigadores “mayores” les interesaba contrastar algunos trabajos como la Escuela de Barcelona de Carme Riera con otros como los estudios sobre “La otra generación poética de los 50” de Luis García Jambrina (2009) para establecer una meta-investigación sobre las razones de la marginación cultural ya que prometía dar frutos metodológicos de lo más interesante. Sabían que en la estela de aquellos barceloneses: Barral, Gil de Biedma y Castellet como antologo principalmente, una ingente cantidad de nombres había participado de esa estética “social” para denunciar las barbaridades del régimen dictatorial peninsular y no se había hecho justicia aún sobre muchas de sus poéticas. Además, entendían que la poesía podía y debía entenderse como documento histórico en sí mismo en tanto que muestra artística del estar en el mundo de todos aquellos hombres y mujeres cuyas vidas y trabajos habían transcurrido precisamente al margen de las estéticas de la oficialidad y se habían hecho un tímido hueco en los canales literarios. Desentrañar cómo lo habían conseguido resultaba prometedor en materia investigadora.
Pudo parecer evidente que a una investigadora joven que planeaba su tesis doctoral por aquel entonces la orientasen en la línea de la poesía femenina para dedicar sus esfuerzos, por propia intuición más atinados, a desentrañar el “hecho diferencial” que por desgracia también había supuesto la poesía escrita por mujeres en unos años convulsos donde el oficio público en femenino fue decididamente marginal.
Así empezó, a raíz de la figura de Ángela Figuera, vasca y mujer, mi interés por los archivos, por las correspondencias y por los vaciados de revistas y de índices de colecciones de poesía para descubrir por qué efectivamente todas las compañeras de aquel hegemónico “Grupo del 50” estaban aún menos presentes en las nóminas que sus compañeros de la periferia.
Desde que emprendí aquellas sendas, durante los años subsiguientes no he dejado de sorprenderme cuando, a raíz de la bio-bibliografía extensa que finalmente preparé como tesis doctoral en torno a la figura de Angelina Gatell, descubrí que las autoras, como cabía esperar por otro lado, habían estado más que presentes en el panorama literario de los años cincuenta y sesenta en la España de Franco. De hecho, durante los años sesenta, en ocasiones su inclusión en los actos culturales del país fue un reclamo de modernidad y un caramelo envenenado para ellas teniendo en cuenta que pocas veces supuso la consolidación real de su trayectoria como poetas de cara al público. Pero, sin duda, la cantidad de ejemplos era mucho más apabullante de lo que podía esperar.
La figura de Carmen Conde como antóloga y como pionera de la compilación de nombres de mujer en las antologías de aquellas décadas fue clave para comprender las redes que se habían creado “en femenino” desde la famosa tertulia de Versos con Faldas que impulsaba Gloria Fuertes, junto con Adelaida Las Santas y María Dolores de Pablos desde 1951 a 1953. Tuve la suerte de que fue precisamente Angelina Gatell una de las autoras que ayudó a Conde a compilar su segunda antología de poetisas que se publicó en 1971. El conocimiento de aquel proceso redactor del libro fue muy revelador. Constaté que las mujeres estaban muy conectadas en su labor autorial en sus casas, en las tertulias de café y en sus correspondencias y solo había que dedicar algunos minutos más para encontrar los documentos que lo corroboraban, porque siempre se encontraban en la última carpeta del archivo.
Apasionantes vivencias desde lo externo al canon han ido confirmando durante mi investigación en los últimos años que era necesario ampliar el foco cuando se acometían los estudios de género durante aquellos años de la posguerra en España. Porque las autoras no pretendieron diferenciarse como grupo exento, lo que habría supuesto una marginación aún mayor, sino que pretendieron escribir al lado de sus compañeros y reivindicando las mismas injusticias vitales y sociales que ellos, aunque incluyesen una dimensión añadida de minoría.
En mis últimos trabajos siempre he tratado de aunar las trayectorias vitales de todos los actores en juego porque me ha resultado la manera más productiva de acercarme a la intrahistoria poética y al “detalle literario”. Con todo, mi esfuerzo ha incorporado también la escritura autobiográfica, porque me ha demostrado que el espacio de la escritura íntima fue de gran importancia para aquellas mujeres cuando trataron de contar la dura realidad sobre su situación como agentes culturales. Se encontraron más cómodas en las habitaciones no tan expuestas de la escritura y la fecha de publicación tardía de muchos de aquellos textos autobiográficos lo corrobora…
Alternando el foco entre lo privado y lo público he conseguido acercarme un poco más a la obra de grandes faros del siglo pasado en materia de poesía femenina como fueron Concha Lagos o la propia Carmen Conde y, partiendo de aquellas grandes próceres, he accedido a obras más recónditas como la de Acacia Uceta o Chona Madera…
La investigación se ramifica vivamente en cualquier circunstancia de trabajo arduo y, por el camino, he descubierto algunos textos interesantes escritos incluso en formato de guion televisivo que me ha permitido comprobar que aquellas mujeres trabajaron todos los géneros literarios porque decidieron hacer de la cultura su forma de vida en todos los sentidos. Su tenacidad me ha permitido incluso seguir adelante en los momentos de mi carrera más complicados y espero que así siga siendo en los que vengan…
Incluir sus nombres acompañados de datos fehacientes sobre su participación activa en acontecimientos literarios en los que los protagonistas habían sido otros ha sido extremadamente satisfactorio para mi investigación y creo firmemente que es una de las maneras más adecuadas de hacer justifica a la historiografía literaria de los tiempos (no tan) pasados.

María Eugenia Álava
Estudié el grado de Lenguas Modernas en la Universidad de Deusto (2016), especializándome en Literatura Española Contemporánea, y realicé después el Máster de Literatura Comparada y Estudios Literarios en la UPV/EHU (2018). Defendí mi tesis sobre poesía femenina de la posguerra en 2020, acompañada por la magistral dirección del Dr. Juan José Lanz. Previamente había obtenido el certificado de Cambridge C2 de inglés (2011) y había cursado también el Máster de Formación del Profesorado (2017), lo que me permitió enseñar en la Universidad Isabel I de Castilla asignaturas sobre Comunicación profesional y científica en inglés, así como dirigir varios trabajos de fin de titulación asociados a diferentes disciplinas didácticas. Actualmente, combino mi investigación en poesía española contemporánea en la UPV/EHU, dentro del grupo de investigación financiado por el MICINN de ya muy larga trayectoria: "Historia, ideología y texto en la poesía española de los siglos XX y XXI (continuación)"[https://poesiacomodocumentohistorico.wordpress.com/]; con estudios sobre Adquisición de Segundas Lenguas. Mi docencia universitaria está dividida entre diferentes instituciones. Poseo las acreditaciones de ANECA PUP (2023-10823) y PCD (2023-13000).
