Podemos sobrevivir a nuestras vidas, pero no a nuestra piel. “En la tierra somos fugazmente grandiosos”, de Ocean Vuong

por | Mar 27, 2020

Podemos sobrevivir a nuestras vidas, pero no a nuestra piel. “En la tierra somos fugazmente grandiosos”, de Ocean Vuong

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En la Tierra somos fugazmente grandiosos, Ocean Vuong

Traducción de Jesús Zulaika

Barcelona, Anagrama

232 páginas, 18,90 euros

Carta a una madre que no sabe leer. Así decide Ocean Vuong (Ho Chi Minh City , 1988) contar, exorcizar y contextualizar entre otras muchas cosas la historia de su familia desde antes de haber tenido que huir de Vietnam tras la caída de Saigón en 1975. En realidad, no es solo una carta. Esta primera novela del joven americano–vietnamita –que hasta ahora solo había publicado poesía (Cielo nocturno con heridas de fuego, No y Burnings)– es una “no cohesión” de episodios en el que cada precioso pasaje es un intento de recalibrar el lenguaje. Vuong aprovecha al máximo su naturaleza de poeta para plasmar en cada imagen toda la fuerza que el propio lenguaje permite, llevándolo hasta el límite. Desde el slang de la calle de Hartford, Connecticut —ciudad donde crece desde los dos años después de vivir en un campo de refugiados en Filipinas­­— pasando por la aproximación a un ensayo científico sobre la migración de las mariposas monarcas hasta la poesía cruda adaptada a la prosa para tratar la sexualidad, la muerte, las drogas, o la guerra.  La búsqueda de la belleza está presente en todo momento y en todas las cosas, pero también lo está la violencia, como un mano maldita que todo lo aplasta.

El lenguaje es la herramienta y el límite; el principio y el fin; el puente y la barrera de esta novela autobiográfica donde el protagonista Perro Pequeño comparte escena con su madre Hong (Rosa), su abuela Lan (Orquídea), y su primer amor de juventud, Trevor. El mismo Vuong ha tenido que traspasar barreras lingüísticas durante toda su vida, ya que ha hecho de traductor e intérprete  de su madre y su abuela desde el momento en el que pudo manejarse en inglés. Por eso, el autor se plantea si el lenguaje es suficiente en sí mismo, si aun cuando se posee la capacidad de su dominio está garantizada una conexión con las cosas que nos rodean. A pesar de este fracaso, el lenguaje y su ausencia en forma de elipsis y silencios también es portador de una belleza (a veces sutil, a veces viva, y a veces brillante) que personajes como la abuela imprimen en sus precarios diálogos, en las narraciones de su pasado o en sus deshilachados recuerdos. Se cuestiona así la imagen de pobreza absoluta del  inmigrante que llega a un nuevo país sin nada más que las pocas pertenencias que pueda juntar y llevar consigo para ensalzar la riqueza cultural que portan y aportan en su nuevo contexto, con todo el aprendizaje que han desarrollado a partir de su éxodo, doloroso y cruel en todos los personajes de esta novela. De hecho, la abuela enseña a su nieto Perro Pequeño en varias ocasiones lo bello de las cosas sin saber hablar inglés y a pesar de las dificultades de comunicación entre ambos.

El retrato de la sociedad americana a través de los ojos del protagonista —que ha sufrido acoso escolar por su doble marginalización de inmigrante y homosexual— deja ver también la omnipresencia del sentimiento de inferioridad y la invisibilidad en los cuerpos no normativos (todos los no blancos y americanos, en este caso). La guerra de la droga que combate Estados Unidos se cobra cientos de miles de vidas de jóvenes cada año —en la novela, la vida de su amante y amigo— y, como en cualquier otra guerra (acotando aquí a la guerra de Vietnam), los cuerpos de los caídos pasan a ser invisibles e inservibles, pronto olvidados sin importar su color o procedencia.

Es el sentimiento de inferioridad e invisibilidad el que dirige al protagonista de una faceta a otra de su vida y marca el pulso en sus relaciones. La sexualidad y el acto sexual no son una excepción, y la manera de descubrir y experimentar se ve marcada por la imagen que tiene de sí mismo Perro Pequeño: se considera alguien por quien sentir poder, ternura o clemencia. Se retrata por supuesto la inaceptación de la homosexualidad, la ignorancia silenciada y nunca resuelta entre dos chicos que no tienen apoyo familiar y su propio proceso de negación, y rechazo mezclados con un profundo e incontrolable deseo.

Con todo esto, el autor consigue a través de una narrativa extremadamente poética y llena de imágenes partir de pequeños retales específicos de su historia vital para hablar de las cosas más universales que unen y, desgraciadamente, separan al género humano.

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