El terror de lo que nos rodea. “Asuntos de Muertos”, de Nieves Mories

por | May 14, 2020

El terror de lo que nos rodea. “Asuntos de Muertos”, de Nieves Mories

por

Nieves Mories, Asuntos de muertos

San Fernando, Cerbero

288 páginas, 15 euros

Con Asuntos de muertos, Nieves Mories (Ávila, 1978) presenta una historia muy personal, como se dice en el prólogo, hay quien considera que es imposible no volcar algo de uno mismo en las historias que escribimos, y tal vez eso sea aún más cierto en historias tan íntimas como esta. Mories nos introduce en una narración sobre la vida de Victoria Ava, en la que nos adentramos en su pensamiento, sus vivencias y conocemos sus traumas y sus deseos. Es una historia de amor, pero no es, para nada, lo que uno se podría imaginar.

Se podría decir que esta es una historia cruda, pero no por el uso de escenas gore o violentas, ni por lo cruel que pueda resultar la vida de Victoria. Es un relato crudo porque parece que la autora quiso transmitir unos sentimientos y plantear unas incógnitas que, pese a formar parte constante de la vida de todos y cada uno de nosotros, no solemos tener en cuenta. No son temas fáciles de tratar pues lo sencillo es recurrir al autoengaño para pensar, por ejemplo, que el amor es puro y que es imposible que sea algo malo y que nos pueda atormentar. Nos autoengañamos pensando que la familia nos quiere incondicionalmente, y que ese “querer” se traduce en actos como cuidarnos, darnos cariño, acompañarnos, entendernos, incluso dar su vida por la nuestra… Pero ¿qué pasa cuando la persona que te quiere es capaz de matarte, de manipularte, de hacerte daño físico y mental? ¿Podemos llamar a eso “amor”, o es que tal vez el amor no es algo simple, sino que es un sentimiento mucho más complejo?

La manera de narrar de la autora es coherente; las ideas que refleja se ven claras, transmitidas de una manera franca, libre de adornos y florituras innecesarias. La narración en primera persona permite que el lector conecte con Victoria de una manera mucho más intensa que con cualquier otra técnica. Además, Mories juega constantemente con el lector dando la información de manera fragmentada, es decir, cuenta lo que le conviene cuando le conviene, avivando la sensación de misterio y haciendo que descubramos la historia y a los personajes a distintos niveles según vamos avanzando. La autora lanza todas las cuestiones que se han indicado anteriormente con un lenguaje claro, limpio, sarcástico, tenaz… tajante. A fin de cuentas, es también cruda su manera de transmitir todo esto.

El ambiente que se genera al leer la vida de Victoria es, sin duda alguna, angustioso. El contexto de la protagonista y las situaciones por las que pasa son increíblemente duras y escarnecidas, siempre girando en torno un mismo pueblo, “gris” y monótono, a una misma casa abarrotada con su pasado y su dolor, con gente que dice quererla, pero que también la desea ver muerta, todo lo que es, irónicamente, su lugar seguro. Victoria está constantemente rodeada de las mismas personas, sus problemas parecen recaer en un bucle, cuyo origen se encuentra siempre en su pasado, un pasado del que no puede escapar, como no puede escapar de su familia, porque los quiere y los necesita… está atada a ellos por genética, por costumbre, por fuerza. Todo esto genera un ambiente claustrofóbico y agobiante que intensifica la sensación de terror, pero sobre todo de opresión por no poder escapar. Sin embargo, su atípica situación no la incapacita para desarrollarse plenamente como personaje. A lo largo de la novela la protagonista va a evolucionar, aceptar cada vez más su naturaleza y su verdadera personalidad hasta apoyarse en ella para hacer que madure por completo.

Aunque podamos experimentar en nuestras propias carnes esa sensación de ahogo o de sofoco, la curiosidad es demasiada como para dejar de leer. La tormentosa vida de esta familia tan peculiar hace que el lector se quede pegado a las páginas. Si bien la situación de Victoria es sin duda excepcional, no podemos decir que uno no se siente identificado con muchos de los problemas que plantea la autora. Sentimos especial interés por ver si esa “niña salvaje” será capaz de llevar una vida “normal”, si saldrá adelante, cómo lo hará. Pero también sentimos curiosidad por lo mórbido, lo extraño y lo espeluznante, queremos adentrarnos en los secretos más oscuros y perturbadores de la familia, queremos saber qué les pasará a Andre y a Mara, por qué son como son, queremos saber por cuántas más situaciones inhumanas tendrá que pasar Victoria.

Definitivamente leer esta novela no es un camino de rosas, ni lo pretende ser. Mejor, dicho, es un camino de rosas, pero también de espinas, espinas ponzoñosas. Leer Asuntos de muertos es una experiencia enriquecedora. Mories proporciona una perspectiva refrescante dentro del género de terror, pero pasar por esa experiencia es también doloroso e incómodo porque te hará cuestionarte cómo vives tus relaciones, qué eres, cómo eres y sin duda, te hará prestar especial atención a tu alrededor. Guste o no, lo cierto es que es una novela que deja huella. Además, la edición de Cerbero ayuda a crear ese ambiente inquietante y tremendamente inmersivo. El cambio de tipografía cuando Victoria entra en un episodio de crisis mental, los capítulos “interludios”, las propias fotografías de la autora, las referencias constantes a Frank Sinatra… cada elemento está medido al milímetro y pensado especialmente para que funcione como un todo que hará que el lector en el mundo de Victoria y en sus Asuntos de Muertos.

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