El Yo entre la ficción y la realidad. «La vida secreta», de Andrew O’Hagan

por | Abr 16, 2020

El Yo entre la ficción y la realidad. «La vida secreta», de Andrew O’Hagan

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Andrew O’Hagan, La vida secreta. Tres historias verdaderas

Traducción de Antonio-Prometeo Moya

Barcelona, Anagrama

264 páginas, 18,90 euros

Una vida secreta no significa necesariamente una vida privada, sino lo que uno no conoce sobre sí mismo. El novelista y ensayista escocés Andrew O’Hagan (Glasgow, 1968) en La vida secreta nos ofrece tres historias basadas en hechos reales donde realidad y ficción son apenas distinguibles. Conoceremos el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, el supuesto inventor del bitcoin, Craig Wright, y al desconocido Ronald Pinn, cuya historia e identidad se reinventarán.

Este ensayo se estructura en tres relatos. El primero de ellos gira en torno a la historia del conocido Julian Assange, el fundador de WikiLeaks. Todo empieza cuando a él se le ofrece la oportunidad —que a la larga se convierte en una pesadilla— de escribir su autobiografía, con lo cual pedirá la ayuda del escritor escocés O’Hagan. Con esto se acabará desvelando el verdadero circo y caos que reina en la vida de Assange, donde WikiLeaks no tiene un sentido del orden ni una responsabilidad ejecutiva, ya que todo depende del estado de ánimo del fundador. Andrew se acaba desilusionando bastante por la actitud hipócrita e irresponsable de Assange, y se descubre la verdadera personalidad del hombre que dirige WikiLeaks; una personalidad fuertemente marcada por un ego que triunfa sobre su propia conciencia. La consecuencia inmediata de esta actitud es el desmoronamiento de la relación entre ambos, y por lo tanto O’Hagan no verá cumplido su objetivo de escribir la biografía de la manera correcta, sino que el libro llegó a ver la luz con dificultad para acabar siendo una autobiografía no autorizada. 

Después de este espectáculo que domina la vida de Julian, O’Hagan nos introduce el segundo relato en el cual nos muestra cómo es vivir una segunda vida utilizando la identidad de una persona, donde los límites que separan lo real de lo ficticio no son claros. Durante los años sesenta, la Policía Metropolitana se dedicaba a hacerse pasar por personas fallecidas a edades tempranas por diferentes motivos, con lo cual, el propio autor seguirá este ejemplo y nos muestra cómo llevó a cabo el proceso de hacerse pasar por un niño fallecido a los ocho años. La invención y creación de la nueva personalidad de Ronald Pinn narra un viaje por los rincones de Internet, desde crearse perfiles falsos en Facebook y Twitter, hasta llegar al corazón de la web oscura donde encontrará y pedirá a domicilio drogas y armas.

Para terminar, el escritor nos da a conocer una complicada historia que relata la creación de la primera moneda virtual, la que conocemos como el bitcoin. Nos retrata a su creador, un informático australiano que lleva por nombre Craig Wright, aunque se escondía tras el seudónimo de Satoshi Nakamoto. Todo esto se hace saber porque a finales del año 2015 un intermediario contactó con Andrew O’Hagan para escribir la historia de la vida de Satoshi. Para ello, el escritor intentará pasar el mayor tiempo posible con Wright y así poder llegar a la verdad que oculta sobre su identidad, ¿es la misma persona o no? Desafortunadamente se va a topar con un Wright muy complejo que tiende a ocultar todo lo que revela, algo que a priori parece impensable, pero se trata simplemente de un laberinto que él mismo se ha creado y en el cual se ha perdido. Veremos que hay una gran cantidad de evidencia documental sobre que él es verdaderamente Satoshi, pero nunca será capaz de admitirlo.

Las historias aquí reflejadas muestran el riesgo en el cual las personas ponen su propia identidad para darse a conocer en el mundo de la Era Digital, lugar donde somos nosotros, y  ellos, los creadores y fundadores de diferentes plataformas, los que creamos laberintos en los cuales nos perdemos, donde realidad y ficción están separados por lo que Cortázar nos enseñó en su relato «Las babas del diablo», donde perdemos la noción del Yo real para crear un Yo ficticio. ¿Qué somos? ¿Qué creemos que somos? ¿Qué decimos ser? ¿Qué ven los demás cuando nos miran? Estas son unas de las pocas preguntas que nos podemos hacer cuando tratamos temas como la apariencia y la realidad del Yo. Internet es para nosotros un estimulo para el control de crear vidas inventadas que lindan entre lo ficticio y lo real, donde perdemos por completo la noción de privacidad y exponemos nuestras vidas personales ante las tecnologías.

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