“La mayor forma de respeto es esperar algo del otro”. “El chico de la última fila” (2006), de Juan Mayorga

por Ene 28, 2024

“La mayor forma de respeto es esperar algo del otro”. “El chico de la última fila” (2006), de Juan Mayorga

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El recientemente estrenado filme Teresa, dirigido por Paula Ortiz y basado en la obra teatral La legua en pedazos (2010) de Juan Mayorga, Premio Nacional de Literatura Dramática en el año 2013, muestra el creciente interés que en los últimos años está teniendo la crítica en la obra del autor madrileño. Sin embargo, no es la primera vez que una obra de Mayorga es llevada a la pantalla: El chico de la última fila (2006), premiada con un Max en el año 2018 por la mejor autoría teatral, así como con el Premio Telón Chivas en el año 2007, fue adaptada en el film de François Ozon: Dans la maison (2012). No en vano, Mayorga es uno de los autores contemporáneos más representados: su obra ha sido traducida a más de diecisiete idiomas y sus piezas son representadas en los principales teatros europeos y en los espacios más alternativos. Rara vez ocurre que un autor, en especial un dramaturgo coexistente, sea incluido en el plan de estudios de la Educación Secundaria. Así ocurre en las comunidades autónomas de País Vasco, Asturias y Andalucía entre otras, donde, en la sección de comprensión lectora del examen de Lengua y Literatura de la Prueba de Acceso a la Universidad, podemos encontrar preguntas acerca del sentido filosófico y educativo de la pieza El chico de la última fila, eje central de esta vibrante y compleja obra dramática. También su ensayo Silencio (2019), que fue su discurso de aceptación de la Real Academia Española, formó parte de los exámenes de oposición para la Educación Secundaria Española, y no es de extrañar, pues el texto aborda de una forma exquisita la importancia de la palabra, la imaginación, la educación, el teatro y la filosofía como proyecto de vida.

El chico de la última fila es una obra sobre maestros y discípulos, en palabras del autor: “sobre personas que ya han visto demasiado y sobre personas que están aprendiendo a mirar. Una obra sobre el placer de asomarse a las vidas ajenas y sobre los riesgos de confundir la vida con la literatura. Una obra sobre los que eligen la última fila, aquella desde la que se ven todas las demás”.

Germán, un hastiado profesor de Literatura que ha perdido la fe en su trabajo, encontrará por medio de Claudio, un alumno con un especial interés en la escritura, un salvavidas en su carrera profesional. La obra comienza con Germán corrigiendo unos terribles trabajos que, en sus propias palabras, no libres de comicidad, le hacen perder la fe en la humanidad: “Germán- … Esos chicos son el futuro. ¿Quién puede conocerlos y no hundirse en la desesperación? Los catastrofistas pronostican la invasión de los bárbaros y yo digo: ya están aquí; los bárbaros ya están aquí, en nuestras aulas”. Sin embargo, mediante un ejercicio de clase, Claudio, un brillante alumno que atrapará la atención de Germán por medio de la sorpresa como si de un shock estético se tratara, le hará cómplice de una peligrosa novela por entregas. Al finalizar cada ejercicio Claudio firmará con la palabra “Continuará”, lo que activará el deseo de conocer del profesor, así como del espectador. Claudio decide escribir sobre la familia de su amigo Rafa, pero para ello no le basta con la imaginación, necesita escribir sobre lo que ve. Por ello, a lo largo de la pieza, Claudio se irá adentrando en la intimidad de la familia de Rafa, a la vez que Germán le irá dando las claves para escribir una buena novela: esto propiciará que el peligro a ser descubierto aporte una urgencia a la pieza propia de la novela detectivesca. Mayorga se sirve principalmente de dos recursos distanciadores para romper la ilusión de realidad: superposición de lugares y espacios y estructura fragmentaria, que procede de la novela de Claudio por entregas.

Profesor y alumno protagonizan una pieza que dictaminará las claves para seducir al lector/espectador. Estas claves también se encuentran presentes en otras piezas del dramaturgo, pues ellas mismas son un reflejo del modo de entender el oficio para Mayorga. El juego metateatral de El chico de la última fila es sutil: se pone de relieve mediante la utilización en el propio texto de los mismos recursos que Germán compartirá con Claudio. La pieza se estructura en un doble plano que permite la interrupción de las escenas protagonizadas por la familia de Rafa por las lecciones de Germán dirigidas a Claudio. Las lecciones tendrán como tema central la construcción de los personajes, la función de la literatura, el papel del lector, la estructura de la novela y la importancia de un buen final. La obra también tratará otros temas como la formación de la identidad del joven Claudio a través de la escritura, el debate acerca del arte verdadero, o la incomunicación entre padres e hijos. Así como señala el investigador Peral Vega, podemos extraer de esta pieza una especie de poética de la dramaturgia de Mayorga. Sin embargo, quizá la lección más importante que recibirá el joven discípulo es la importancia de la lucha contra el estereotipo, pues el uso de estas figuras deviene en un daño tanto para el colectivo representado en escena tanto como para el espectador: lejos de ofrecerle la oportunidad de cuestionarse lo que está ocurriendo en escena, de completar con la imaginación lo que no se dice, sólo tiene la ocasión de reírse sintiéndose superior ante la ridiculez de unos personajes simplificados. El objetivo último, dice Germán siguiendo a Benjamin y Brecht, no debe ser provocar la emoción, sino la reflexión, pues la compasión no deja lugar a la reflexión crítica.

La cuestión educativa, el respeto hacia la otredad, así como la trepidante acción de la pieza dramática convierten a El chico de la última fila en un clásico que, estoy segura, nunca pasará de moda.