“Can you ever forgive me?”. Una voz auténtica

por | Abr 25, 2019

“Can you ever forgive me?”. Una voz auténtica

por

Can you ever forgive me?

Dirección: Marielle Heller

Reparto: Melissa McCarthy, Richard E. Grand, Dolly Wells, Jane Curtin

Duración: 106 minutos

La cuestión de la identidad es una de las más trabajadas hoy en día, tanto en arte como en filosofía. Se ha perdido la certeza. Preguntar quién somos, o qué nos hace ser lo que somos, parece uno de los mayores desafíos para el pensamiento contemporáneo. Cuando atendemos a la literatura, este problema adquiere unos matices particulares. Durante mucho tiempo, se pensó que el estilo de un escritor era una seña irrefutable de identidad. Especialmente al hablar de autores consagrados por su genio, parecía evidente que su escritura era un fenómeno único e irrepetible. Con la aparición de la reproductibilidad de la cultura y su consecuente producción en masa, este hecho fue refutado y una grieta, para bien o para mal, se abrió en nuestra concepción del arte y del artista. Esto no anuló, sin embargo, la fetichización de la autoría: los coleccionistas de objetos personales —cartas, ediciones dedicadas, y cualquier objeto que refleje el genio del escritor desaparecido— son, incluso hoy, un grupo activo que se encarga de mercantilizar los rastros de quienes se dedicaron a la labor literaria. Este es el mundo explorado en Can you ever forgive me?, en la cual se narra la historia de Lee Israel (Melissa McCarthy), una escritora de biografías que, a consecuencia de una crisis económica, decide falsificar y vender cartas de autores famosos.

La película plantea una compleja pregunta en torno a la escritura y lo hace al conjugar las contradicciones que subyacen a las nociones asociadas a lo literario, en general. El hecho de que la protagonista se haya dedicado a reconstruir las biografías de los literatos consagrados resulta relevante. No solo porque ella conoce, mejor que muchos de los coleccionistas estafados, a los escritores que suplanta. También en tanto que su carrera, y buena parte de su vida, se ha fundado en la carrera y vida de otros. La autenticidad, comúnmente asociada al arte en todas sus formas, es algo que a Lee se le escapa. Por lo menos, eso se da a entender al inicio de la película. Los reclamos de su agente y los comentarios de algunos conocidos apuntan cómo ella necesita encontrar su propia voz. No logra captar nuevos lectores. Esta cualidad traspasa a su vida personal: es una persona cerrada, antipática, incapaz de vender su literatura. Centra su afecto en un gato y está segura de que su talento debería ser suficiente para que los agentes, los editores y el público se interesen por sus libros.

Por supuesto, la mayor contradicción la encarnan los coleccionistas. Convencidos de ser conocedores del arte y de los artistas, son engañados por una autora que es incapaz de publicar su último libro. La protagonista demuestra cómo el mundo que la rechaza, el campo literario que le exige una voz “autentica”, es una farsa. Al falsificar a la perfección la identidad de otros escritores, demuestra que esa supuesta  autenticidad es, a fin de cuentas, una falacia.

La última contradicción que es necesario señalar es la película en sí misma. Está basada en la autobiografía de Lee Israel, en la cual la autora narra sus días de estafadora y los problemas legales que le trajo. Al ser una adaptación de un relato identitario, no deja ser una producción más para sumar a la larga lista de reconstrucciones de la realidad, que, irónicamente, hacen cuestionar la veracidad de una narración. ¿Qué tan auténtica es la autobiografía de Israel? ¿Qué tan fiel es la película? ¿Existe una idea central que pueda definir y dar sentido a la historia de la falsificadora? Si la mayor virtud del filme es, probablemente, la actuación de sus protagonistas, Richard E. Grand y, sobre todo, Melissa McCarthy; quizá su punto menos logrado sea la clara intención moralizante que subyace. Al mejor estilo Hollywood, este personaje deviene en heroína y en encarnación de un principio. Como consecuencia, parte de la crítica al mundo de la cultura, se pierde. No se pierde, sin embargo, la efectividad del guion ni la dirección resuelta. Can you ever forgive me? es un cuestionamiento a la industria y mercantilización de lo que Eco denominó la “alta cultura” y demuestra, en el proceso, cómo las convicciones sobre el arte y los artistas son, en última instancia, ficciones construidas sobre un aparato de producción.

¿Te ha gustado el artículo? Puedes ayudarnos a hacer crecer la revista compartiéndolo en redes sociales.

También puedes suscribirte para que te avisemos de los nuevos artículos publicados.