Una novela libertaria. “Lectura fácil”, de Cristina Morales

por | Feb 25, 2019

Una novela libertaria. “Lectura fácil”, de Cristina Morales

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Cristina Morales, Lectura fácil

Barcelona, Anagrama

420 páginas, 18,90 euros

En Lectura fácil, Cristina Morales (Granada, 1985) ha tratado de unir la denuncia de comportamientos y políticas sociales con una clara intención de experimentar las posibilidades del lenguaje narrativo y un agudo y desmitificador sentido del humor. Así, en abstracto, no está mal como proyecto literario para una autora joven a la que avala disponer de un discurso concreto y bien articulado sobre lo que quiere decir y que tiene claro que quiere implicarse en lo público a través de la escritura literaria; de hecho, lo más definitorio de Lectura fáciles que es una novela intensamente política.

Lo público es en esta novela la realidad que rodea la vida de cuatro mujeres jóvenes que comparten una vivienda en la Barcelona actual. Están especialmente sujetas a lo público porque las cuatro padecen discapacidad intelectual de distintos tipos y en distintos grados y porque la vivienda que habitan es un piso tutelado por la Generalitat de Catalunya, que vigila y fiscaliza, a través de funcionarios, su comportamiento. Las historias de estas cuatro mujeres abre perspectivas inéditas, y muchas veces irónicas, sobre colectivos y conflictos variados: la vivienda (de la mano de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y colectivos okupas), la ayuda a las personas con discapacidad, el control de los cuerpos y la sexualidad, la expresión artística y su patrocinio público, el sexismo y muchas otras cuestiones pasan por la mirada afilada de la autora, o mejor, de estos cuatro personajes cuya minusvalía intelectual es constantemente puesta en entredicho al contrastarla con los comportamientos verdaderamente anómalos e inexplicables de la sociedad en la que viven.

Se ha dicho antes que el texto rezuma ironía; añadimos ahora que esta es casi universal. Se transcribe, por ejemplo, en el acta de una asamblea anarquista, que la incapacidad para la acción práctica de los participantes y el exceso de debate que paraliza la acción son llevadas casi hasta la astracanada. Pero esta crítica jocosa no impide tener claro cuál es el verdadero objeto de la crítica de esta novela; es decir, dónde está la infamia. La novela resulta, en consecuencia, incómoda y no parece que haya sido otra la intención de su autora. Quien incomoda realmente son esas cuatro mujeres y su anómala lucidez, que les permite decir aquello que los “normativizados” de derechas e izquierdas no estamos capacitados para decir, ni siquiera para pensar.

Morales retuerce una y otra vez el lenguaje para filtrar toda contaminación retórica que haya sufrido. Le sale una novela renovadora, violenta a menudo (y no por lo que relata sino por cómo lo hace), en la que trata de quebrar todo convencionalismo, atacar prejuicios y doble moral, cuestionar las bases de lo políticamente correcto, del eufemismo que impide a menudo ver las cosas en su desnudez. Las páginas centrales del libro las ocupa el feroz fanzine que Nati, una de las protagonistas, la más mordaz e inteligente y, a la vez, a la que se ha diagnosticado un grado más alto de discapacidad, lee recurrentemente y que se titula “Yo también quiero ser un macho”. La novela o memorias que escribe Maria Angels por Whatsapp, con un método desconcertante e innovador, de género “lectura fácil”, van alternándose con la declaración de Marga, en una vista sobre su posible esterilización en la que defiende su derecho a disponer de su cuerpo y de su sexualidad.

Cada una de estas cuatro mujeres, desde su propia manera de ejercer su identidad, representa un modelo de insumisión ante los intentos sistémicos de doblegar su individualidad. Eso es lo que critica Morales: la hipocresía que hay detrás de la institucionalización de los discursos políticos sobre la libertad, la protección, la justicia y la solidaridad. Con ello, las hace heroínas estériles de un mundo construido sobre simulacros y falsedades. Resuenan, no puede ser de otro modo, las enseñanzas rabiosas de Michel Foucault: desenmascarar las muchas formas que el poder totalitario encuentra de camuflarse en el lenguaje, en lo institucional, en lo político; singularmente, en la definición de la locura.

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