Crecer en los márgenes. “La travesía de las anguilas”, de Albert Lladó

por | Abr 14, 2020

Crecer en los márgenes. “La travesía de las anguilas”, de Albert Lladó

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Albert Lladó, La travesía de las anguilas

Barcelona, Galaxia Gutenberg

128 páginas, 15,50 euros

El concepto de “no-lugar” fue acuñado por Marc Augé, antropólogo francés, a finales de los años noventa para describir aquellos espacios fugaces para los individuos, que no están configurados para aportar especial transcendencia a las personas que pasan por ellos. Conceptos como este han sido muy estudiados y comentados por académicos y artistas para diseccionar la realidad y crear una serie de imágenes que reflejasen estos procesos por los que pasa nuestra sociedad. Generalmente, estos espacios están marcados por el uso transitorio que le dan los individuos, pero ¿qué ocurre cuando los barrios, caracterizados por ser el asentamiento de un grupo de personas, comienzan a convertirse en no-lugares?

Albert Lladó (Barcelona, 1980) habla en La travesía de las anguilas sobre uno de estos barrios creados como no-lugares, construidos bajo la especulación y abandonados a su suerte. Ciutat Meridiana, o “La Meri”, como la llaman los protagonistas, es el escenario de esta historia. Mandado construir por Joan Antoni Samaranch durante la dictadura franquista, el barrio, desde un principio, no fue concebido como un espacio verdaderamente habitable, sino como un objeto de especulación inmobiliaria. Jordi el Catalán, Juanito el Rubio y Jaime el Cabrero son tres amigos que comienzan a compartir la sabiduría que La Biblioteca de los Jóvenes Castores, una enciclopedia de supervivencia, les proporciona. Todas las semanas se reúnen, junto con Fabio el Gitano, para leer y poner en práctica los consejos que les ofrece su propia Biblia personal. Juntos crean una agencia clandestina de detectives que bautizan como “Scooby Doo”. Poco a poco, el género policíaco empieza a aparecer en la historia y la pequeña investigación que inician desde su agencia se va convirtiendo en el hilo conductor que nos guiará a través de las vidas de estos jóvenes y de la marginalidad y miseria del barrio de Ciutat Meridiana.

La relación entre el significado y significante de un lugar está marcada por las relaciones que se establecen con él. Por ese motivo, el espacio narrativo juega un papel muy importante en el desarrollo de los personajes. Los protagonistas de esta novela crearán su propio “sí-lugar” a través de la relación que creen con la ayuda de un lenguaje común, que ellos construyen y comparten, basado en las lecciones de supervivencia que les proporcionaba la colección de los Jóvenes Castores. El lenguaje y la onomástica de esta novela intervienen de una forma muy especial para crear una narración llena de imágenes y símbolos muy influenciados por la tradición bíblica: desde un arcángel Gabriel que mentoriza a los muchachos hasta una Eva expulsada del paraíso o, al menos, del lugar al que pertenecía. A pesar de ser una historia con una gran carga de crítica social, Lladó consigue combinar la crudeza de la realidad narrada con un lenguaje metafórico y fantasioso que describe muchas de las escenas con gran exquisitez, como los tímidos primeros encuentros amorosos de los jóvenes. A través de analepsis y prolepsis se va construyendo la imagen global del barrio que tanto empeño tienen las instituciones en convertir en no-lugar: primero, mejorándolo (cuestionablemente) de cara a los asistentes de las olimpiadas y no para sus propios vecinos y, segundo, dejándolo completamente abandonado una vez ya no interese. En definitiva, construir un lugar para los de fuera y no para los de dentro, una epidemia que asola muchos barrios actuales a lo largo de todo nuestro territorio. Lladó, licenciado en Filosofía, también llena su novela con referencias filosóficas y teorías sociológicas de las últimas décadas para intentar plasmar desde una perspectiva crítica una realidad que no para de extenderse por todas las sociedades. Al comienzo de la novela, el autor toma como referencia el simulacro, de Baudrillard, para presentar la imagen falseada que ha sido creada del espacio por los elementos que la componen: carreteras con nombres bucólicos, carteles que reciben a los visitantes al estilo de Hollywood…

Sin embargo, a pesar de la miseria que pueda reflejar un barrio de extrarradio como el descrito en esta novela, La travesía de las anguilas no es una historia pesimista, pues narra el comienzo esperanzado de un grupo de chavales en su camino a explorar su realidad y el mundo.

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