En el campo (también) pasan cosas raras. Sobre “Agrohorror. Cuentos de lo insólito rural”
Agrohorror. Cuentos de lo insólito rural, editado por Ana Martínez Castillo y David Roas
Eolas, 2025
174 páginas, 17 euros
Lo primero que llama la atención del volumen de cuentos que recientemente han editado Ana Martínez Castillo y David Roas para la editorial Eolas es, yo creo, el sustantivo de su título, “agrohorror”. ¿Eing? ¿Qué es eso? Bueno, si bien es cierto que la segunda parte, “cuentos de lo insólito rural”, puede darnos algunas pistas, el neologismo amerita una breve explicación, por lo menos para que lxs lectorxs del libro, pero también de esta reseña, se adentren en los relatos –o en su comentario– con un mínimo de información.
De acuerdo con el prólogo que da paso a los diez cuentos que componen el volumen, con agrohorror se refieren sus editores a un subgénero caracterizado, grosso modo, por tres elementos (y perdonadme la simplificación). El primero de ellos es el medio rural como espacio de las tramas (de ahí la primera parte del compuesto, agro); un medio rural –cabe subrayar– que a) no funciona como mero telón de fondo, sino que está justificado en tanto en cuanto es significativo en el desarrollo de las acciones y/o en la singularización de los personajes; b) no se retrata desde la superioridad urbanocéntrica (no hay caricaturización burda, simplificación o topicazos), “sino desde el conocimiento y el respeto por ese mundo”; y c) se aleja de la romantización/idealización del campo para poner sobre la mesa una vida y unos lugares reales, normales, cotidianos donde –como en cualquier otra parte– a veces pasan cosas. El segundo elemento: el uso de las técnicas del esperpento valleinclanesco para el retrato del medio y de sus gentes (el agrohorror, sostienen Martínez Castillo y Roas en este sentido, es el resultado de poner el mundo rural frente a los espejos cóncavos). El tercero, y como no podía ser de otra manera (recordemos el segundo elemento del neologismo, horror), la irrupción en lo rural de un elemento perturbador imposible. Resumen rápido: medio rural, esperpento y la incomodidad propia del género fantástico.
Bien, Agrohorror. Cuentos de lo insólito rural lo componen, como ya he dicho, diez relatos, ocho de ellos inéditos, firmados por Ana Martínez Castillo, Fernando Navarro, Pilar Adón, Carolina Sarmiento, María Zaragoza, José Ovejero, Miguel Garrido de Vega, Gemma Solsona Asensio, Eduardo Moreno Alarcón y David Roas. ¿Qué comparten? Está claro: que son agrohorroreños, pero cada uno a su manera, y esto último es importante. En Agrohorror, nunca sabes muy bien qué es lo que te vas a encontrar, porque no hay un cuento igual a otro, ni remotamente parecido, me atrevería a decir, lo que no demostraría, a priori, sino la amplitud del abanico de posibilidades del subgénero. Tenemos, entonces, por un lado, textos que casan perfectamente (o casi) con la definición aportada, como es el caso de “Ofrendas”, de Ana Martínez Castillo, del que sobresale sin duda un manejo exquisito de la oralidad; “El pueblo más bonito del mundo”, la reescritura/homenaje de “La lotería”, de Shirley Jackson, que escribe Fernando Navarro; “Libreta hallada en un bancal”, de Eduardo Moreno Alarcón y la estampa imborrable de su don Aniceto haciendo de vientre (sí: cagando) entre las matas antes de la aparición de un tractor conducido por el fantasma de un ilustre de las letras españolas; “A matanza do porco”, de David Roas, y el “espectáculo-de-ninjas-catetos” que sobre un dolmen en medio del bosque gallego observa, al final atónito, su narrador, o, finalmente, “¡Oh! Ramoneta”, de Gemma Solsona Asensio, un relato que, a pesar de ciertos descosidos en la forma, encaja sin grandes problemas temáticos en la colección. Textos todos ellos bien diferentes entre sí, repito, pero donde sobresalen cierto humor, una atmósfera muy concreta (rural) y la inquietud, mayor o menor, de lo extraño.
Por el otro lado, tenemos cuentos que emplean una noción de agrohorror –podríamos decir– más laxa, en tanto en cuanto no terminan de corresponderse con uno o dos de los tres elementos teóricamente particulares del subgénero. Es el caso de “Evanescente”, de Pilar Adón, donde la materialidad de lo rural (pueblo) está ausente, o de “Punto limpio”, de Miguel Garrido de Vega, este último un cuento magnífico en su dosificación de la información y en el crescendo de su tensión narrativa, pero que carece –como también el de Adón– de la pincelada esperpéntica. En “Farinelli”, de Carolina Sarmiento, por su parte, la ubicación rural es más bien accesoria y el humor inexistente. En lo que respecta, finalmente, a “Mejor un nombre de calle que un busto”, de María Zaragoza, aunque también le ocurre al anterior, las técnicas valleinclanescas (humor, contraste, degradación, hipérbole, etc.) están, de nuevo, ausentes, igual que en “Fantasma”, de José Ovejero, en verdad fragmento de su novela de 2024, Vibración.
El resultado de la lectura de Agrohorror. Cuentos de lo insólito rural es, entonces, un tanto agridulce. ¿Por qué? Porque si de un lado revela la existencia del subgénero y sus posibilidades creativas, aportando una selección de cuentos representativos de lo planteado, del otro, la irregularidad de los mismos, así como el alejamiento de algunos de ellos de las líneas teóricas trazadas debilitan la propuesta. Sin embargo, hay que tomarlo todo en su justa medida, y esto –Agrohorror. Cuentos de lo insólito rural– es un primer peldaño, el paso inicial, la tentativa nº 1, tan solo la sospecha de que, en efecto, un lobo se esconde detrás de la puerta, porque le hemos visto la patita, así que es solo cuestión de tiempo que termine adoptando una forma más definida. De momento, disfrutemos de esta primera muestra.
Doctora internacional en Literatura Española por la Universidad de Salamanca, con máster en Estudios Literarios por la Universidad Complutense de Madrid y Master of Arts in Spanish en la University of Wisconsin-Milwaukee, actualmente es investigadora posdoctoral Juan de la Cierva en la Universidad de Alcalá. En el pasado, ha sido profesora en la Universidad de Salamanca, en la UNIR, en la Universidad de Burgos, en la Universitat Jaume I y en la University of Wisconsin-Milwaukee, así como contratada posdoctoral en la Université catholique de Louvain. Es autora del ensayo "Ideología, poder y cuerpo. La novela política contemporánea" (Bellaterra, 2023) y escribe reseñas mensuales en el periódico Mundo Obrero.
