El Cavernal o purgatorio de almas. “Los ancianos siderales”, de Luis Mateo Díez

por Ene 5, 2021

El Cavernal o purgatorio de almas. “Los ancianos siderales”, de Luis Mateo Díez

por

Luis Mateo Díez, Los ancianos siderales

Barcelona, Galaxia Gutenberg

256 páginas, 19,90 euros

Luis Mateo Díez (Villablino, León, 1942) vuelve a impresionar al lector con una novela como Los ancianos siderales, publicada en octubre de este año, que pareciera a modo de consuelo para hacer ver que existe un universo ficcional en su obra todavía más decadente y desesperanzador que el último tiempo acontecido en el planeta. Desatinos aparte, Mateo Díez cierra el año con el galardón del Premio Nacional de las Letras Españolas, acontecimiento más que fundamentado tras observar su vasta y genuina trayectoria. De hecho, el jurado que otorgó este veredicto destacó, precisamente, su singularidad como escritor y narrador en diversos géneros, así como su técnica, su lenguaje poético de extraordinaria riqueza y su preocupación perseverante por la vertiente moral del ser humano, entre otras cosas.

En Breza hay un lugar llamado el Cavernal, que sirve para albergar a los ancianos que ya tienen demasiadas dolencias y el alma tan compungida como para desempeñarse por sí mismos. Este edificio tiene toda una trayectoria y rehabilitación después de un incendio, sucedido con anterioridad a que las hermanas Clementinas regentaran el asilo. Mateo Díez vuelve a crear un espacio ficcional hermético y decadente, que presenta multiplicidad de analogías con la Armenta de su anterior obra Juventud de Cristal. No solo el espacio puede interpretarse de una sola forma, sino que podría tratarse también de un aerolito ajeno a la edad y el tiempo o una nave espacial que se lleva consigo a los ancianos con mayor agudeza e imaginario, lo cual desconcierta aún más y acrecienta la falta de confianza ante lo presentado. Y es que se evidencia la habilidad y el ingenio del autor para erigir lugares únicos, en los que solo pueden vivir los personajes que se ponen en juego. Todos ellos son piezas que encajan de forma prolija en cada punto narrativo y que acaban de dotar de entidad sideral del espacio en el que habitan.

Ya se avisa antes de comenzar la novela que, como lector, hay que asumir el riesgo de quedar confinado de forma irremisible en el Cavernal. Asimismo, se pone de manifiesto el tinte expresionista y surrealista con el que está escrita la novela, que puede resultar misteriosa y desconcertante. En efecto, nada se tiene por seguro en la trama de esta obra pues es inesperado e incomprendido lo que ocurre desde la primera página. Únicamente se va comprendiendo con más profundidad a medida que se entra hasta las profundidades del Cavernal, con su despensa, su corredor de Ausencia, su patio de Convalecencia, su pozo artesiano, su torre Oblicua y su Refectorio, cada cual con sus particularidades y misterios que hacen dudar de la verdad del paraje y de sus personajes.

La obra consta de tres partes principales: las edades congénitas, las anotaciones prontuarias y los asuntos siderales. Cada uno de estos títulos alberga breves capítulos que explican diferentes cuestiones. En concreto, en las edades congénitas se presentan los espacios del Cavernal y los personajes tan variopintos con los que se irá lidiando a lo largo de la novela, como Omero, Cardo, Cardín, Marlo, Melinda o la hermandad de los cofrades. Las anotaciones prontuarias se centran en la figura del doctor Belarmo, una de las figuras principales de la obra, que nada tiene de médico y está exento de moral con el trato de pacientes. En estas anotaciones se presentan tres subpartes: el cuaderno personal en el que escribe diferentes confesiones y disquisiciones sobre su vida y su labor “profesional”, los clínicos, en los que se pasa revista a diferentes diagnósticos con poca validez sobre los pacientes, y la correspondencia, que contiene diferentes cartas recibidas y enviadas a distintos amigos y familiares. Por último, en los asuntos siderales se resuelve la trama con los distintos problemas de desapariciones y abducciones, con lo que entran en juego otros personajes como el comisario Lamerto y el inspector Tineo.

En conclusión, el Cavernal pareciera un purgatorio de aquellas almas que deben pasar a mejor vida, pues, en esta novela, todas las vidas acaban pasando a otro espacio, otra dimensión que es inevitable. Es una ficción rápida y acelerada, debido este efecto a la brevedad de los capítulos que la componen, aunque llena de misticismo, simbolismo y un imaginario que va más allá de la pura letra, con disquisiciones implícitas morales y alegóricas. Todo ello bajo el soporte de un léxico preciso y amplio, inconfundible en la distinción del autor.

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