Entre helechos y grajos. “Diarios del bosque”, de Roger Deakin

por Ene 3, 2024

Entre helechos y grajos. “Diarios del bosque”, de Roger Deakin

por

Roger Deakin: Diarios del bosque.

Madrid, Impedimenta.

488 páginas, 25,95 euros

Roger Deakin (Watford, 1943 – Mellis, 2006) fue un documentalista y escritor británico, que documentó sus viajes por los ríos, mares y demás aguas británicas en Los Diarios del Agua (1999). En 2007, de forma póstuma, fue publicado Wildwood traducido al castellano como Diarios del Bosque (2023). En esta obra Deakin narra sus vivencias en los bosques británicos, europeos y diversos parajes asiáticos, acompañadas de curiosas anécdotas sobre sus compañeros botánicos y recuerdos familiares.

La premisa de la novela es la visión de los bosques, específicamente de la madera, como “el quinto elemento”. Este “elemento madera” se encuentra en su más puro estado en la naturaleza y en nuestra cultura, es creador y sustento para todas las formas de vida y una inspiración para cuentos de hadas y maravillosos sueños. En la cultura china, el elemento madera se relaciona con la longevidad, la sabiduría y la creatividad pudiendo asociarse, no solo con los árboles, sino con plantas, muebles o papel. A pesar de que esta idea no se desarrolle en el libro, Deakin demuestra una gran afinidad por los objetos construidos con madera, siendo motivo de orgullo su cabaña de roble y castaño, restaurada con sus propias manos. El narrador muestra gran interés en la madera antigua y las historias que podría contar y su modus vivendi refleja el deseo de cuidar de la naturaleza y convivir junto a ella, siendo consciente de que los árboles que ayude seguirán allí tras su paso.

Existe una similitud entre las etapas de la vida de Deakin y el nombre las cuatro partes del libro: la primera parte es titulada “Raíces”, en la que el narrador comienza su historia en un viejo casería en Suffolk, el cual restaura para convertirlo en su hogar. Alternando entre cabañas y cobertizos que Deakin encuentra para sentirse más en contacto con la naturaleza. La segunda parte, “Albura”, narra las excursiones con sus amigos para apreciar la naturaleza. “Madera a la deriva”, siendo la tercera parte del libro, trata sobre los viajes de Deakin por Europa y Asia y su conexión con estos nuevos parajes. Por último, en “Duramen” (Parte central, más seca y compacta, del tronco y de las ramas gruesas de un árbol) se trata el regreso a Suffolk y las diversas reformas y cuidados que Deakin proporcionó a la naturaleza que le rodeaba. Es posible apreciar que cada parte del libro hace referencia a una etapa del crecimiento de un árbol, usándose como una metáfora para reflejar las diversas fases de la vida del escritor. Cada capítulo se dedica a una temática concreta acompañada de anécdotas fascinantes para amantes de la botánica, algunos ejemplos serían “La grajera” o “El bosque de las polillas”. La evolución del pueblo es tratada con cariño ya que, para Deakin, Suffolk es una aldea idílica que se funde con el bosque. Casi no se habla de tecnología o estructuras modernas, únicamente se menciona si existe una relación entre los árboles y esta, un claro ejemplo es la descripción de los acabados en madera y el armazón de fresno de un coche Jaguar.

Diarios del bosque está cargado de referencias a la literatura clásica como Lolita de Vladimir Nabokov (1899-1977) o “El sueño de una noche de verano” de William Shakespeare (1564-1616), de este último citando diversas escenas de Titania en las que se hacen apología a la naturaleza, los animales o la botánica. También se detectan alusiones a la mitología, como Psique, que es representada como una polilla.

Es importante mencionar que Diarios del bosque no es un libro para todo el mundo y puede volverse un poco denso o pesado para quienes no sean entendidos en las materias que se tratan. Muchos no entenderán la emoción y la pasión del autor por la flora y la fauna, cualquier evento que parezca insignificante para un ojo poco experto, es grandioso para los apasionados de la naturaleza. A pesar de ser un magnífico libro de divulgación científica, el uso excesivo de tecnicismos y los nombres científicos de la fauna y la flora pueden crear una lectura pausada. Al ser Deakin el narrador de estas vivencias, casi transformando la novela en una autobiografía, permite que el lector sienta el susurro del viento entre los árboles, el canto de los grajos y el sonido de los ríos, transformando la lectura en un hermoso paseo por el bosque.