“Esto es un show, nena”. “Casi nada que ponerte”, de Lucía Lijtmaer

por Dic 9, 2023

“Esto es un show, nena”. “Casi nada que ponerte”, de Lucía Lijtmaer

por

Lucía Lijtmaer, Casi nada que ponerte

Barcelona, Anagrama

294 páginas, 17,95 euros

No es poco común que las grandes editoriales rescaten obras iniciales de autores afamados, textos aparecidos antes de esa novela definitiva que pone a un escritor en el tablero y que legitiman su talento. Sin embargo, esto no debería considerarse como un ejercicio de capitalización forzada de un autor en boga. Nuestra literatura actual está llena de brillantes aventuras creativas primigenias que aparecen en sellos menores, pero que son rescatadas por firmas con solera para reafirmar la valía entonces latente de un escritor. Gracias a esta recuperación conocemos ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!, de Isaac Rosa (reeditado en Seix Barral en 2007 tras su publicación en 1999), o Un incendio invisible, de Sara Mesa (obra de 2011 que reapareció con título homónimo en Anagrama seis años después).

Este es el caso de Casi nada que ponerte, primera novela de Lucía Lijtmaer (Buenos Aires, 1977), que vio la luz en 2016 en la firma Libros del Lince. Anagrama la ha reeditado este 2023 debido al éxito de su texto anterior, la brillante Cauterio (2022), pero también a la creciente notoriedad de su autora como codirectora del pódcast Deforme Semanal Ideal Total. Para quienes seguimos de cerca el trabajo de Lijtmaer resulta evidente que Casi nada que ponerte es fruto de una etapa creativa anterior (ella misma lo confiesa en el prólogo de esta edición), lo cual se percibe especialmente en la ausencia casi total del humor sarcástico que caracteriza a sus escritos más recientes.

No obstante, en esta primera novela ya se apuntan ciertos rasgos que dan pistas del talento narrativo de Lijtmaer. La obra se construye mediante dos líneas narrativas, como también sucediera en Cauterio. Sin embargo, a diferencia de esta, el periplo de los dos protagonistas sí parece obedecer a ciertas similitudes. Por un lado, encontramos la historia de la propia autora, quien, en el año 2008, regresa a Argentina, tierra natal de sus padres, para investigar y entrevistarse con Jorge y Simón, dos amigos de sus progenitores sobre los que ha decidido escribir una novela. El relato del reencuentro con sus orígenes es la excusa para indagar en las particularidades emocionales e identitarias de su condición de hija de exiliados. Por otro lado, la segunda línea argumental cuenta la historia de Jorge y Simón. Se trata de dos particulares modistos jubilados, ambos de orígenes humildes, que poseyeron durante los años 70 y 80 un poderosísimo imperio de moda, lujo y exclusividad que terminó a causa de la compleja evolución económica argentina y la salud mental de uno de ellos.

El paralelismo entre ambos argumentos no se encuentra en los personajes ni en el espacio, sino en la importancia que poseen tanto para Lijtmaer como para Jorge y Simón el concepto mismo de relato. En el caso de la escritora, lo relatado determina la configuración de su identidad como hija de exiliados argentinos, que se va construyendo en contraste perpetuo entre lo que lo contado y lo vivido: la contraposición entre su vida dentro del hogar (esa “cabeza dentro del táper” que se menciona recurrentemente a lo largo del libro) y lo que sucede fuera, las diferencias entre sus vivencias y las que le son contadas por sus padres, que la autora vive y revive en las visitas realizadas a Argentina durante su infancia y su juventud.

En este sentido, son esenciales las amigas de Lijtmaer, también hijas de exiliados, con quienes la escritora comparte una historia común de despedidas y reencuentros, madres verborreicas y desajustes de códigos culturales. La imagen de portada, en la que aparece una niña ataviada con un ponchito de lana tradicional argentino (y que parece un retrato de la propia autora), es un guiño a una divertida anécdota del libro, en la que la madre, desconocedora de la vestimenta infantil de moda en su nuevo país, lleva a su hija a la escuela con una prenda del todo incoherente con la moda escolar del momento.

La historia de Jorge y Simón se vertebra también en la noción de relato. Si las palabras de su familia y sus amigas han convertido a Lijtmaer en quien es, los modistos se configuran ante el lector a través de la narración que de ellos hace la escritora, encargada de reproducir las entrevistas que tiene con ambos y con todo su círculo cercano: la hermana de Jorge, su amiga y socia Chiquita y algunas de sus clientas más fieles. Resulta llamativo el caso de Simón, el verdadero protagonista del libro a juicio de quien escribe estas líneas, cuyo testimonio está prácticamente ausente. Como Argentina para la propia Lijtmaer, a Simón sólo lo conocemos por lo que nos cuentan de él, pues una enfermedad mental le ha arrebatado la coherencia discursiva. Las palabras de otros construyen a un personaje histriónico, inmenso en lo físico y lo psicológico, una suerte de tirano creativo de personalidad bestial y hambre estética sin límites.

Asimismo, las entrevistas de Lijtmaer con las personalidades que dibujan a Simón describen sus boutiques como un auténtico gabinete de las maravillas de la Argentina de los 70 a los primeros 2000, una feria de las vanidades por la que desfilaron desde señoras pudientes ávidas de lujo y exclusividad, a personajes que representan el despilfarro, la caspa y la opulencia del papel cuché. Es aquí donde se esboza la Lijtmaer humorística que eclosionará en su actividad posterior: resultan casi icónicas las imágenes como la de la hija de Carlos Menem presentándose en chándal y tacones en los salones de mármoles y satenes del exclusivo showroom de la boutique de La Colorada, o la descripción de la clienta con enanismo a la que Simón era el único capaz de encontrarle prendas elegantes adecuadas a su talla.

Como sucediera con la línea narrativa protagonizada por Lijtmaer, en la historia de los modistos la contraposición entre lo narrado y lo vivido se produce entre sus dos mundos, el de dentro y el de fuera, el de su austero espacio privado (la escritora menciona que sólo ella, la hermana de Jorge y su socia Chiquita habían visitado su casa) y el de los excesos estéticos de su vida pública y la atracción constante de Simón por el lujo, no sólo el de las prendas que vendía sino el de la espectacular decoración de sus tiendas, descritas como auténticos palacios. En esta querencia por la exclusividad vuelve a entrar en juego el concepto de relato, pues Simón era consciente de que para su clientela era tan importante quiénes eran ellos como quiénes se decía que eran, y en este show la moda cobra un papel fundamental que Simón conoce y maneja a su antojo.

La excentricidad del fuera del imperio de Jorge y Simón puede leerse como una analogía del barroquismo formal del que adolece la novela. Al igual que en las boutiques y en los departamentos de los modistos, en los que se mezclan todo tipo de objetos y tejidos, en la obra de Lijtmaer se mezcla el teatro con la crónica, la realidad con lo que parece ser una ficción. La novela se articula en tres partes (“Nosotros”, “Durante y “Después”). En la segunda, el cuerpo central de la historia, cada una de las dos líneas argumentales toma a su vez un molde formal. De un lado, una ficticia obra teatral en la que se representa el auge del negocio, y en la que son los propios protagonistas, ubicados en un escenario ficticio, quienes relatan aquellos años 70 y 80.

Resulta simbólico que la autora escoja el teatro como forma de contar esta parte del argumento, pues subraya la importancia que tuvo la teatralidad y la performance para la construcción del negocio. De otro lado, Lucía Lijtmaer narra su regreso a Argentina, reproduce las entrevistas con los protagonistas de aquel imperio, ya envejecidos, y lo intercala con una suerte de “Manual de una hija de inmigrantes” en el que transita por su condición de hija de exiliados y su compleja ubicación identitaria.

Aunque, como decimos, Casi nada que ponerte carece del humor ácido que caracteriza a la Lijtmaer de Cauterio, sí encontramos en la obra el germen de una prosa sin ambages, sin florituras retóricas, una escritura inalterable pero firme que golpea en lo profundo precisamente por su carencia de artificios. La escritora nos regala una obra con más dobleces de las aparentes, que es mucho más que una crónica del viaje de dos personajes complejísimos. Lucía Lijtmaer ensancha en este libro su trayectoria y nos demuestra de nuevo que se ha convertido en una de las intelectuales más sorprendentes de la literatura en español.