Estoy pensando en dejarlo

por Ene 7, 2021

Estoy pensando en dejarlo

por

I’m Thinking of Ending Things

Director: Charlie Kaufman

Reparto: Jesse Plemons, Jessie Byckley, Toni Collette, David Thewlis

Duración: 134 minutos

Estoy pensando en dejarlo. Estoy pensando en darle al botón de pausa y detener la película. Estoy pensando en que voy a abrir el navegador y pulsar, muy despacio, «final explicado estoy pensado en dejarlo». Lo hago. Luego en inglés, para contrastar. Tras un momento de duda añado «Kaufman». Me acuerdo de las otras películas de Kaufman mientras lo hago. Eternal sunshine of the spotless mind. Anomalisa. Sinécdoque. Being John Malkovich. Algunas son, a juicio del que escribe, obras maestras. Otras, bueno. Estoy pensando en dejarlo. Acabo la película y siento que acaba de empezar. Las narrativas circulares me dejan agotado. Parecen tentáculos. O gusanos. En todo caso, circunferencias.

Es una película brillante. No cabe duda, con solo media escena, del absoluto dominio que Charlie Kaufman ostenta sobre el guion y la dirección. La factura técnica es intachable. Netflix ha dicho que el dinero no es problema. Cancelar series como una especie de parca audiovisual debe ayudar a tener las arcas repletas. En fin. Estoy pensando en dejarlo. No Netflix, la película de Netflix. La de Kaufman. Es una película brillante. La propia película sabe perfectamente que es brillante, desde el limpio diseño de producción, de elegancia desmedida, al uso terrorífico (en el mejor sentido) de la música. Es muy consciente de la virtuosidad de su guion, de lo ingenioso de las pequeñas diferencias de raccord o de vestuario entre planos pretendidamente iguales, que entroncan perfectamente con el tema. También son destacables las interpretaciones: Toni Collete y David Thewlis son brillantes, no importa el registro en el que se muevan, pero Jesse Plemons y, sobre todo, Jessie Buckley, dan la campanada como los protagonistas de la función. Estoy pensando. Pensando en dejarlo. Pero no por ellos. La fotografía es magnífica. La nieve cruje. Cruje en pantalla. Quiero pausarla y dejarlo y hacerme algo de comer. Después del monólogo de Buckley a media película, quiero chocolate.

Como película es un círculo. No es un puzle, es un círculo. Conocer la trama es secundario. Tampoco es que consista en no pensar y sentirlo, à la Malick o Bergman. Es una película profundamente intelectual, de esas dick-on-the-table fictions que provocan más admiración que gusto. Comparada con Adaptation, también de Kaufman y con la que comparte temas, estructura y estilo, parece un demasiado, un pasarse de frenada que ha ido más allá de lo debido. Una jitantáfora de dos horas y media de duración. Un rato es brillante, tres horas se hacen cansadas.

Estoy pensando en qué me ha dejado, que al final es un poco lo que importa. ¿Ha sido una buena experiencia, ha sido algo malo? Estoy pensando, inevitablemente en Bonedog, el poema que recita Buckley, y estoy pensando en cómo te coge las entrañas y te las devora, las remueve, las cristaliza. No es de Kaufman, es de Eva H. D., pero no importa. Volver a casa es horrible. Es, creo, una de las secuencias clave, que marcan tono y tema, y es particularmente importante en este tipo de película.

Y es que estoy pensando en dejarlo es, spoilers, la historia de Jake, y de los muchos nombres que podría haber tenido la novia que podría haber llevado a su casa. El punto de vista, tramposo, puede llevar a engaño, pero es un tributo a la inseguridad del chico-conserje, a su muerte, a su casa vacía. Es, en ese sentido, un concepto, como en poesía áurea: una película sobre el arrepentimiento cuya forma recuerda a la sensación de arrepentirse. Círculos que no llevan a ninguna parte. Recuerdos que se van modificando poco a poco. Perspectivas distorsionadas. Horror existencial. Objetos desplazados, y la realidad escondida en el sótano. Los musicales que hemos visto como banda sonora de la vida, que sangra desde el escenario y la mancha. Oklahoma!, en este caso. El deseo febril de que el final de la vida no sea un camión absurdamente cubierto de nieve, sino una gran representación musical, un tributo al amor dado y recibido.

Estoy dejando de pensarlo. Perdón. ¿Se ve cómo cansa? Estoy pensando en que esta película es un poco un gusano abriéndose paso en el cerebro, y es la manifestación de deseos y represiones calladas. Es una reflexión sobre la enfermedad, volver a casa y la soledad. Sobre una novia que no es una novia, sino un vacío con forma de novia. Unos padres a los que la memoria ha distorsionado hasta llenar todo.

Imposibilidad de comunicación y desesperanza como modo de vida. La tristeza como hueso, como lo que queda cuando la vida se va despegando. Ugh. Qué lírico. Pero la película no es para menos: te obliga a pensarla en sus propios términos; no es una hazaña menor. Al final se disfruta mucho más si alguien te puede dar un abrazo al final, para borrar la resaca de melancolía y confusión que va dejando.

Además, puedes escribir en el teclado muy despacio qué significa esto que acabas de ver y decir: «Aaaaah. ¡Claro!». Eso también es, al final, un placer en sí mismo. No es el único que puede dar Kaufman, pero, siento decirlo, está entre los más grandes que da esta peli. Estoy pensando en dejarlo y volver a ponerla, a ver si ahora.

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