¿Exilio: Realidad o estado literario?

por Ene 10, 2022

¿Exilio: Realidad o estado literario?

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Quizás sea una imprudencia hablar de la distancia y del exilio del primer país, y del primer lugar fundamental para uno. Una imprudencia hablar de los primeros lugares que influyeron en mí y en mi manera de escribir y decir que todos los textos que escribí después de salir de Iraq y hasta ahora extrañan de una forma concreta el lugar, es decir adoptan desde un “no lugar” una calificación fija, si se puede expresar así. También podría decirse que construyen su lugar por sí mismos, partiendo de trozos de mosaicos de mis primeros lugares, concretamente desde un espacio pequeño y alejado parcialmente, los ajusto y los reformulo con todos sus detalles nuevos o apropiados que reclaman ser desenterrados y aprovecharse de ellos como un lugar de origen, en mis textos anteriores o en los que están por venir.

No obstante, se trata de una temeridad expresarlo así y aseverarlo al mismo tiempo, pues me muevo desde lo que llamo “el lugar escondido” que aparece en todos mis primeros textos, textos de Bagdad que fueron publicados o no y, por consiguiente, se anuncia su presencia, aunque sea detrás de una armadura, de una cortina, o de caretas que, más o menos, lo ocultan. Lo que necesitamos es retirar las capas para inferirlo y verlo delante de nosotros con su expresión original. A ello añado, a modo de aseveración, que muchos de los textos que escribí en Madrid —la mayor parte de mi obra literaria—, prácticamente conservan aquel lugar primero intacto a las interrupciones e interferencias de la mente, como si se tratara de una foto fija de los recuerdos y como si estos se sucedieran en este instante exactamente, siendo el lugar el mismo, y como si yo no lo hubiera dejado atrás jamás. De este modo, toman forma todos esos lugares, casas, recuerdos y detalles más o menos simples que pasé, empezando en Bagdad, siguiendo por ciudades árabes y llegando hasta Madrid, y más adelante en el periplo que me llevó a vivir en diferentes lugares del mundo. 

¿Es posible hablar de un exilio exterior cuando este moldea todas tus circunstancias vitales, aparte de las que guardan relación con la escritura?

El exilio es el escritor real de cada uno de mis textos, aunque el primer lugar y los primeros recuerdos salten de vez en cuando, tratando de anunciar su presencia, como si se tratara de seres escondidos en esquinas remotas que a ratos se nos aparecen. En mis textos literarios no me interesa en absoluto aclarar los detalles del lugar, como si el exilio y el distanciamiento de la primera tierra fuera lo que hace que la cabeza se divida, difiera y se aleje para formar después su lugar propio en las historias, con su diversidad y colores y siguiendo los destinos de sus personajes, sin prestar atención a la descripción del lugar o a la importancia que pueda tener. Los lugares de mis textos no son más que un espacio que existe en un mundo contemporáneo, sin rasgos ni detalles para inferirlo. Después de esa trayectoria vuelvo a perseverar en una idea extraña que constantemente se me viene a la cabeza cuando pienso en escribir algo nuevo, y es que sigo siendo aquel niño que avanza hacia el umbral de la puerta de casa para observar el mundo desde la valla de juncos, a través de una calle olvidada en un mundo ya lejano, y del que ya no le queda más que un montón de fotos que cambian de ubicación en la cámara de la propia memoria.

Después de más de veintiocho años de un autoexilio debo decir algo sobre ello, aunque sea muy básico y ello se refiere a esa sensación de que has sobrevivido a un diluvio terrible y has sido uno de los elegidos por un ser superior para ser un testigo que anota en lo que se transformaron las casas y lo que les pasó a las personas allí. Por otra parte, sientes como si fueras el leproso al que han tirado en la cuneta y le negaran que formara una primera experiencia, su experiencia particular, alejada de cualquier otra cosa. Pero ni esto ni aquello sirve para nada, porque de todas formas serás siempre ese que da el paso hacia un punto concreto, mientras su otro pie sigue anhelando el paso anterior. Tú eres él en un remolino inmóvil, tú eres él en un eterno exilio, vuelvas al primer lugar o no. Serás un exiliado para siempre porque no te encuentras a ti mismo ni aquí ni allí. De hecho, no te hallarás ni en ti mismo, en ese que crees que conoces bien.