Investigar es tejer: la literatura como una arpillera
Recuerdo, de niña, a mi padre inclinado sobre un escritorio lleno de papeles, microfilmes y fotografías de manuscritos. Era filólogo y dedicó su vida a estudiar autógrafos de escritores desde la Edad Media hasta el siglo XX, intentando descifrar palabras bajo las tachaduras y reconstruir lo que un autor había escrito antes de borrarlo. De esa escena temprana nace mi manera de acercarme a la literatura: no como un objeto terminado, sino como un cuerpo in fieri, hecho de trabajo, correcciones, lecturas y revisiones que a veces continúan incluso después de la imprenta. No quería seguir sus huellas, pero tampoco renunciar a lo que siempre me han parecido los verdaderos privilegios de este oficio: leer, pensar, estudiar con obstinación una idea. Como no tuve la vocación suficiente para encerrarme en un convento, terminé encerrándome entre libros. Aceptar esa vocación implicó cortar el cordón umbilical: dejar Italia, aprender y escribir en otras lenguas y entrar en un sistema universitario donde no se me conocía por ser hija de. Desde entonces, mi vida académica se ha tejido entre distintas geografías e idiomas, pero la literatura ha permanecido como el meridiano fijo, la brújula que marca mi norte.
Durante mis estudios en París seguí arraigándome en el estudio de manuscritos. Trabajé como becaria en el Departamento de Manuscritos de la Biblioteca Nacional de Francia, donde aprendí a ordenar archivos que llegaban en cajas o maletas y a clasificar borradores y correspondencia. Fue también entonces cuando me pregunté de qué lado del texto quería situarme —del de su conservación o del de su interpretación— hasta comprender que la investigación me ofrecía la libertad de elegir mis propios objetos de estudio y las perspectivas desde las cuales pensarlos. En el Instituto de Textos y Manuscritos Modernos del CNRS me formé en crítica genética, la disciplina que estudia los procesos de escritura a partir de los manuscritos de autorxs, y comencé a interesarme por las bibliotecas personales de escritores y artistas como archivos de la creación.
De ese horizonte de investigación —que encajaba perfectamente con mi formación como joven comparatista— surgió mi tesis doctoral, dedicada a Valéry y Borges como lectores de Dante. Ese trabajo se prolongó en un proyecto posdoctoral destinado a la catalogación de la biblioteca personal de Borges, conservada en la Fundación que lleva su nombre en Buenos Aires. Esta labor me permitió estudiar a Borges lector dentro del sistema de su propia biblioteca y observar hasta qué punto los marginalia y las marcas de lectura dejadas en sus libros constituyen, a menudo, el primer borrador de futuros proyectos literarios. Al mismo tiempo, esos marginalia hilvanan un entramado intertextual que se convierte en una verdadera cueva de las maravillas para quien concibe la literatura comparada como un tejido continuo entre textos, épocas y lenguas, perspectiva que dio lugar a mi primer libro, Poétique et écriture: Dante au miroir de Borges y Valéry (Paris: Honoré Champion, 2008).
A partir de Borges, mi investigación se orientó hacia la literatura latinoamericana contemporánea y la relación entre literatura y globalización. Ese interés me llevó a estudiar las representaciones culturales del viaje aéreo —el avión como cronotopo del mundo globalizado—, un tema al que dediqué mi libro Air Travel Fiction and Film: Cloud People (Palgrave Macmillan, 2020). El libro apareció justo cuando la pandemia había suspendido los vuelos: acababa de cerrar un largo proyecto de investigación sobre aviones en un mundo donde nadie podía volar. Durante un tiempo tuve la sensación de haber quedado también yo en suspenso, sin saber todavía hacia qué nuevo objeto de estudio dirigir mi trabajo. Fue entonces cuando empecé a leer a una generación de escritoras latinoamericanas del siglo XXI. Sus obras se movían en una dirección muy distinta de la que yo había estado estudiando: no hacia el cielo y los imaginarios del vuelo, sino hacia zonas más oscuras y terrestres de nuestras vivencias.
La primera fue Mariana Enriquez: la leí con un asombro que todavía hoy me acompaña —y me acecha— con cada nueva obra que publica. A partir de ella llegaron muchas más, como si una autora extendiera la mano a la siguiente: Gabriela Cabezón Cámara, Fernanda Melchor, Lina Meruane, Mónica Ojeda y Fernanda Trías, entre tantas otras. Seguí leyéndolas con una intensidad casi compulsiva, porque en sus libros encontré historias que los escritores hombres que había estudiado en distintos idiomas no contaban: historias en las que, por primera vez, reconocía algo de la mía y una razón para seguir leyendo. Esas voces —muy distintas entre sí— también me condujeron hacia sus ancestras literarias: Clarice Lispector, Amparo Dávila, María Luisa Bombal o Silvina Ocampo, autoras durante mucho tiempo relegadas y ausentes de los manuales de historia de la literatura. No porque las mujeres no escribieran, sino porque habían quedado fuera del canon que se nos enseñaba, configurado en gran medida por una tradición crítica masculina y blanca.
Tras leer individualmente a muchas de estas escritoras, empecé a leer sus obras en conjunto, como parte de un mismo mapa literario. Ese es el punto de partida del ensayo que estoy terminando, Arpilleras: narradoras latinoamericanas del siglo XXI (Madrid, Páginas de Espuma, 2026). El libro propone leer la literatura latinoamericana escrita por mujeres en los primeros veinticinco años del siglo XXI como una constelación de voces en diálogo. Inspirado en las arpilleras chilenas —esas piezas textiles colectivas realizadas por mujeres durante la dictadura como memoria, denuncia y también como forma de subsistencia—, el ensayo entiende este conjunto de escrituras como un tejido: un entramado de voces singulares que, leídas en relación unas con otras, revelan un fenómeno literario y cultural de enorme potencia.
Para trazar esta cartografía, Arpilleras se detiene en algunas obras emblemáticas que iluminan muchas otras. El libro propone así una lectura transversal de más de cuarenta narradoras latinoamericanas contemporáneas, no como una suma de nombres o trayectorias aisladas, sino como un fenómeno literario colectivo cuya potencia aparece justamente al leerlas en relación unas con otras. Pensado desde una perspectiva comparatista, el ensayo combina el análisis literario con herramientas conceptuales provenientes de la filosofía contemporánea, los feminismos y las ciencias sociales, y también se nutre de mi experiencia como lectora. Porque el extraordinario auge de estas escritoras no puede entenderse sin el papel decisivo de sus lectoras —mujeres de distintas generaciones— cuyo entusiasmo ha contribuido de manera fundamental a la visibilidad, la circulación y el reconocimiento de estas autoras. Leerlas juntas es, en ese sentido, también una forma de reconocer la comunidad de lectoras que ha hecho posible su presencia en el centro de la literatura contemporánea dentro y fuera de los países hispanoparlantes.
De algún modo, mi trabajo actual sigue partiendo de aquella escena inicial de mi infancia, convertida con el tiempo en el estudio obstinado de una idea: explorar cómo un texto se escribe, se transforma y entra en diálogo con otros, en una dimensión coral que busca entender cómo las escritoras se leen entre sí y, en ese gesto compartido de leer y escribir, cómo la literatura sigue tejiendo la gran arpillera.

Erica Durante
Erica Durante es profesora asociada de Estudios Hispánicos en la Universidad de Brown (Estados Unidos). Su investigación se centra en la literatura latinoamericana de los siglos XX y XXI. Es autora de varios libros y numerosos artículos publicados en español, inglés y francés, y actualmente está finalizando su monografía Arpilleras: narradoras latinoamericanas del siglo XXI (Madrid, Páginas de Espuma, prevista para finales de 2026). Ha participado en la catalogación de la biblioteca personal de Jorge Luis Borges en la Fundación Internacional Jorge Luis Borges de Buenos Aires y colabora activamente en iniciativas de humanidades públicas orientadas a acercar la investigación académica a públicos más amplios.
