Crescendo Lola

Crescendo de las voces exiliadas. Realismo(s) en los debates y prácticas narrativas de la España peregrina

A pocos días de que se cumpla un año de la defensa de mi tesis doctoral, recibo un correo del equipo de Contrapunto con la buena nueva de que han pensado en mi nombre para la siguiente entrega de la sección “Firma invitada”. Un apartado en el que aparecen recogidas las trayectorias y líneas de investigación de profesoras, amigas y compañeras tan queridas como Raquel Fernández Menéndez, Teresa López Pellisa, Cristina Suárez, Cristina Somolinos, Maria Ayete, Angela Moro y Elena Cano Sánchez, entre otras muchas personas que admiro, leo y de las que tanto aprendo. Gracias, pues, Nerea y Juan, por ceder un espacio a mi mirada como investigadora y por permitirme remirar mis propias reflexiones.  

Resumir en unas pocas palabras mis últimos años de investigación en torno al exilio republicano de 1939 supone un ejercicio de síntesis en mayúsculas, más por la intensidad del proyecto que por el bagaje de esta, todavía, novel doctora.

Nos remontamos al año 2017, en el marco de la asignatura “Narrativa española del siglo XX” que impartía e imparte Fernando Larraz en el grado de Estudios Hispánicos. Fue en este momento cuando, por primera vez, escuché hablar de la existencia problemática de una narrativa española fuera de España y con textos de Ayala, Aub o Sender inicié mi interés por la literatura del exilio. Sin embargo, ese año el trabajo final de la asignatura no abordó ningún título ni autor de este corpus que todavía me resultaba casi desconocido. Examiné las continuidades entre dos autores, dos obras y dos movimientos absolutamente canónicos: Vicente Blasco Ibáñez y Camilo José Cela, Cañas y barro y La familia de Pascual Duarte, el Naturalismo y el denominado Tremendismo.

En el curso 2018-2019, coincidiendo con el último año de grado, me fue concedida una Beca de Colaboración de Estudiantes en el Departamento de Filología, Comunicación y Documentación. El proyecto se titulaba “Crónicas desde un continente en guerra. Corpus Barga y Manuel Chaves Nogales, corresponsales para la prensa argentina”. Gracias a la búsqueda y digitalización de diversas fuentes que realizaron Fernando Larraz y Daniela Serber en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, pude acceder a documentos inéditos que planteaban desafíos metodológicos. El carácter liminar —en varios sentidos— de estos textos respondía a la naturaleza híbrida de la crónica como documento histórico, periodístico y literario; a la condición exiliada de sus autores, espacial e historiográficamente desplazados; y a la comunicación que estos textos establecían entre emisores y receptores de distintos continentes, el europeo y el americano. 

Si menciono estos dos trabajos es porque creo encontrar en ellos la genealogía de mi tesis doctoral, titulada “Testimonio y ficción. Debates y prácticas del realismo en el primer exilio republicano (1939-1953)”. El realismo es una de las líneas de estudio que recorre mi biografía investigadora, bien desde aquel primer análisis de novelas canónicas o, posteriormente, desde el estudio de textos periodísticos sobre la Segunda Guerra Mundial que publicaban los diarios argentinos y firmaban dos exiliados españoles. 

Ambos proyectos generaron conclusiones satisfactorias, pero también suscitaron interrogantes: ¿cuál fue la continuidad de ciertos movimientos y modelos artísticos en esa “narrativa española fuera de España”? ¿Era posible establecer una estética realista del exilio, como ya se había elaborado un relato historiográfico de la literatura del interior? En caso afirmativo, ¿por qué no se había llevado todavía a cabo? ¿El equilibrio entre el cuidado formal y el compromiso social de las crónicas de Chaves Nogales y Corpus Barga era extensible también a otro tipo de publicaciones de los exiliados españoles? ¿Podía actuar la literatura como testimonio histórico de la misma manera que operaban los textos periodísticos?

Con estas inquietudes inicié el planteamiento de la tesis, que trataba de integrar perspectivas como la narrativa y la prensa, las estéticas realistas y vanguardistas, la práctica literaria y los debates críticos. Estos cuatro años de trabajo me permitieron reflexionar sobre el tan manido concepto de realismo, cuya amplitud semántica ha generado polémicas y discusiones sumamente interesantes (e inacabadas). Las páginas de las revistas culturales de los siglos XIX y XX me proporcionaron una cronología exacta de las polémicas literarias en boga por entonces: la recepción y valoración del Naturalismo francés, el impacto de las ideas sobre la novela de Ortega, el nacimiento de las vanguardias estéticas de la década de 1920 y la reacción rehumanizada y políticamente revolucionaria en los años previos a la guerra civil. Hitos fundamentales para entender cómo el realismo se instauró como eje vertebrador del habitus intelectual del exilio. Dan cuenta de ello las revistas que los exiliados españoles crearon, editaron o en las que participaron en los diferentes países de acogida y la propia praxis literaria de los escritores de la España peregrina, siempre entre el testimonio y la ficción. Y llegamos así a uno de mis principales intereses de los últimos años: la recuperación de la narrativa realista publicada en el exilio, su valoración y estudio, su categorización, la reivindicación de sus autorías, de sus vidas y obras. 

Afirmaba José-Carlos Mainer en sus citadísimas “Consideraciones sobre el lugar del exilio de 1939 en la construcción de la historia de la literatura española” (2002) que estudiar el exilio era “una opción de sentido moral muy denso”. Y esta ha sido la principal motivación para mantener vivos mi interés y curiosidad por el exilio republicano español de 1939. Se trata de una responsabilidad ética que me apela como ciudadana y como filóloga.

Creo que el concepto contrapunto que da nombre a esta revista es muy oportuno para ejemplificar la situación de la historia de la literatura española bajo el franquismo. Tanto en su segunda (‘Arte de combinar, según ciertas reglas, dos o más melodías diferentes’) como en su tercera acepción (‘Contraste entre dos cosas simultáneas’), contrapunto hace referencia a dos voces de diversa naturaleza que coexisten en el tiempo. El problema de esta (no)convivencia es la jerarquía impuesta a la polifonía: una melodía suena, mientras que la otra permanece silenciada —que no en silencio—. Si queremos conocer la canción en su totalidad, tendremos que atender al conjunto de sus acordes, sus notas y arpegios, a las disonancias que se esconden tras una aparente y fingida eufonía. Todo intento de desoír ese segundo ritmo incurre en discursos sesgados; práctica contra la que combaten los miembros del GEXEL y tantos otros investigadores que se esfuerzan en subir el volumen a las voces del exilio. Todavía son incontables los textos y autorías que rescatar, demasiados los mitos que desmontar e infinitos los puentes y diálogos que pueden llegar a establecerse con la narrativa del interior. 

En septiembre de 1951, la revista Acción Socialista publicaba las siguientes palabras de Francisco Félix Montiel: “Algún día con la documentación indispensable y con la serenidad que hoy no podemos tener, se dirá lo que ha significado en estos años de grave crisis española la presencia y la obra de la emigración republicana”. Resuena hoy esta llamada y nos impele a participar en la necesaria reconstrucción de la tradición literaria española fuera de España. Sirva este breve texto para animar a todos los lectores de Contrapunto a indagar en este apasionante y fecundo corpus, a aplicar un crescendo progresivo a los discursos de la diáspora republicana. 

Lola Burgos
Lola Burgos Ballester

Es doctora por la Universidad de Alcalá con una tesis titulada Testimonio y ficción. Debates y prácticas del realismo en la narrativa del exilio republicano (1939-1953). Es miembro del Grupo de Investigación en Literatura Contemporánea (GILCO) de la Universidad de Alcalá y del Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) de la Universitat Autònoma de Barcelona.

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