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Un nuevo teatro universitario. “El público”, de García Lorca, en la Universidad de Alcalá

Ilustración: Irene Maestro

@irenemaestroart

 

El seminario teórico-práctico sobre El público, de Federico García Lorca, se desarrolló durante los días 14 y 28 de febrero y 6 de marzo en el aula 1 del Colegio Basilios, un lugar recóndito que tuvimos la inmensa suerte de poder ocupar y disfrutar aquellos días. A ambas nos brindaron la oportunidad de participar en las actividades que impartieron los profesores Elena Cano y Sergio Santiago con el fin de aproximarnos al universo lorquiano —y vaya si lo consiguieron—. Por ello, no hemos querido perder la ocasión de compartir nuestra experiencia en primera persona.

Como es bien sabido, El público es una obra inacabada del autor granadino, motivo por el que algunos críticos y estudiosos han propuesto diferentes órdenes de lectura. En nuestro caso, combinamos la hermenéutica del texto con la edición crítica de Javier Huerta, que nos mostró el posible orden lógico y cronológico en el que el dramaturgo quiso quizá presentar la obra. Realizamos una primera lectura para después abordar las actividades teóricas del profesor Santiago. Concretamente, profundizó en tres temas —que se correspondieron con las tres sesiones—:

El taller comenzó con una selección de poemas de Poeta en Nueva York y Sonetos del amor oscuro, interrelacionados y alusivos al homoerotismo, uno de los ejes axiales del taller. Por ejemplo, uno de los poemas de Poeta en Nueva York, “Ruina”, se relaciona con el comienzo del acto II de El público, titulado “Ruina romana”.  En el poema, se relata la persecución de los amantes, que son asediados por las hierbas, y su aprisionamiento en lo más callado de lo oscuro. Son evidentes las similitudes con el acto II. Asimismo, podemos destacar “El amor duerme en el pecho del poeta”, en Sonetos del amor oscuro, que nos resulta reminiscente del mismo acto, pues encontramos rasgos comunes, como el erotismo y la sensualidad —“Tú nunca entenderás lo que te quiero porque duermes en mí y estás dormido” (Sonetos del amor oscuro) y “CASCABELES: Si yo me convirtiera en nube… PÁMPANOS:…Yo me convertiría en ojo. CASCABELES: Si yo me convirtiera en caca… PÁMPANOS:…Yo me convertiría en mosca. CASCABELES: Si yo me convirtiera en cabellera… PÁMPANOS: Yo me convertiría en beso. CASCABELES: Si yo me convirtiera en pecho… PÁMPANOS: …Yo me convertiría en sábana blanca.” (El público)—, la persecución de los amantes —“Grupo de gente salta en los jardines esperando tu cuerpo y mi agonía en caballos de luz y verdes crines” (Sonetos del amor oscuro) y “CASCABELES: […] ¿Qué haces? Ya sé que lo deseas, pero tengo tiempo de huir. PÁMPANOS: Huye si quieres. CASCABELES: Me defenderé con las hierbas. PÁMPANOS: Prueba a defenderte.” (El público)— y el rechazo de la norma —en el caso del poema, a través del caballo, que es símbolo de homosexualidad para el poeta. En el acto II de El público, la homosexualidad se aprecia en los personajes masculinos, Pámpanos y Cascabeles, que dialogan sobre los roles de sexualidad: uno asume el papel de activo y el otro, pasivo—.

En la segunda sesión, nos adentramos en el tercer acto de la obra inacabada. En él, se plantea la oscuridad como encuentro —arquetipo de los amantes— y se infiltra como parte del día —“CABALLO BLANCO 1: Sigues tan loca como siempre. Julieta, ¿cuándo podrás darte cuenta de la perfección de un día? Un día con mañana y con tarde. JULIETA: Y con noche.”—. También se percibe la verdadera confusión entre los amantes por la noche a través de la figura del ruiseñor al final del acto. A su vez, la Julieta tiene como referente el personaje de Shakespeare, puesto que Lorca señala en las acotaciones “El muro se abre y aparece el sepulcro de JULIETA en Verona”, pero es completamente innovador en tanto que el muro —de arena, tal y como explicita el dramaturgo al comienzo del acto— es un símbolo de esterilidad y homosexualidad y, por tanto, el sepulcro de Julieta nace de la relación homosexual, esto es, del muro de arena.

El tercer y último día, tal y como el profesor Santiago nos lo explicó, tratamos el teatro por-venir, es decir, en boca del PASTOR del dramaturgo: “un teatro sin lunetas y un cielo lleno de sillas”. Esta tercera sesión fue titulada así en honor al propio García Lorca, quien plasmó en esta obra lo que para él era un teatro futuro, el teatro universitario al que aspiraba. Creemos que su objetivo no era otro que poder llevar a cabo esta obra; acercar, como diríamos hoy, un teatro inclusivo a la universidad, en el que no hubiera lunetas ni caretas que opacaran ni ocultaran la realidad y que se abogara por la libertad de expresión. ¿Hacia dónde mira el cielo que está lleno de sillas? Efectivamente, hacia abajo, hacia la arena. Es ahí, quizá, donde el autor se refugiaba en búsqueda de un amor libre —“porque soy un hombre, porque no soy nada más que eso, un hombre más hombre que Adán, y quiero que tú seas aún más hombre que yo”—. Las sillas celestes, el público —nosotras y nosotros, estudiantes—, que miran hacia abajo y ven un amor igualitario que deja de esconderse tras las máscaras. Esta obra no deja de ser un manuscrito incompleto, revelador y transgresor que Rafael Martínez Nadal decidió sacar a la luz en contra de los deseos explícitos del autor —quien pidió expresamente su destrucción—. La sensación de carácter improvisado y esquemático de la escenografía en algunas escenas —“(Muro de arena. A la izquierda, y pintada sobre el muro, una luna transparente casi de gelatina. En el centro, una inmensa hoja verde lanceolada.)”— desvela, efectivamente, que se trata de un boceto inacabado, pero cuyo propósito queda muy bien configurado: gritar la verdad de la sociedad de antaño —PASTOR: “Europa se arranca las tetas, Asia se queda sin lunetas y América es un cocodrilo que no necesita careta.”— ¿Y quién tienen el poder de denunciarlo? El público. ¿Quién es el público? Las universitarias y los universitarios que hacen teatro y tienen la voz, es decir, el teatro universitario, que no es otro que el teatro del pueblo, el que pretendía llegar a todos. Ahora bien, esto nos lleva a una cuestión clave: ¿dónde ha quedado todo eso? Esta fue nuestra última cuestión tratada en el taller y, por ello, la abordaremos al final nosotras también.

Por su parte, la profesora Cano se encargó de la parte práctica del taller. Siempre comenzábamos con ejercicios de calentamiento vocal —y risas, muchas risas, para soltarnos y perder la vergüenza—. Después, ahondamos nosotros mismos —convirtiéndonos así en protagonistas— en las escenas que nos había presentado el profesor Santiago con anterioridad. En función del acto que hubiésemos trabajado, preparábamos en torno a él una pequeña representación de una escena concreta y construíamos a los personajes con características propias. El resultado fue extraordinario, puesto que cada pareja logró transmitir y aportar diferentes emociones y dotamos a los personajes de personalidades muy variadas, basándonos en el imaginario particular que cada grupo configuró en su lectura. Fue una experiencia muy gratificante ver las puestas de las compañeras y los compañeros que trataban de despertar a las actrices y los actores que llevaban en su interior. Esto es, en realidad, el teatro: dar vida al personaje y proveerlo de sentimiento, emoción y, sobre todo, acción.

Uno de los temas en los que más se profundizó fue en el gran simbolismo que esconde el teatro bajo la arena. Como ya hemos mencionado en la parte teórica, entendimos y trabajamos cómo Lorca presentó el homoerotismo a través del muro de arena. En el acto II de la obra, se presenta la escena homoerótica en lo más callado de lo oscuro, en la que los personajes dialogan sobre los roles de sexualidad, en concreto, sobre la actividad y pasividad. La escena da cabida a diversas interpretaciones dado que el autor no define el espacio en el que los protagonistas se encuentran. Por ello, nuestro papel fue enmarcarlos en un contexto determinado y realizamos algunos ejercicios para lograrlo: primeramente, trabajamos con los elementos de la naturaleza —tierra, agua, aire y fuego— para desplazarnos por el espacio—por el aire, volábamos sin casi resistencia; en cambio, arrastrarnos por tierras densas resultaba un ejercicio extremadamente complejo y tedioso—. A continuación, nos situamos entre el día y la noche y lo concretamos en un espacio empírico con las emociones y circunstancias concretas con las que se movía cada uno y que oscilaban entre el sentimiento de libertad y opresión. En nuestro caso particular, la escena tenía lugar bajo la oscuridad de la noche y los personajes se veían obligados a susurrar debido a que eran perseguidos y se encontraban refugiados en un trigal.

La segunda sesión práctica comenzó con representaciones de algunas compañeras que no tuvieron tiempo de escenificar el primer día. Optaron por el cambio de roles en un espacio de plena libertad y a la luz del día: uno de los personajes fue en busca del otro hasta que este se rebeló y se intercambiaron el papel: de dominado a dominante. Después, la profesora Cano nos invitó a cada grupo a seleccionar un fragmento del acto III. Solamente dos grupos pudieron representarlo y trabajarlo en profundidad ese mismo día: primero, el nuestro, que escogió el comienzo del acto. Consideramos que se asemejaba a lo que hoy calificaríamos como diálogo amarillista y llevamos a cabo una performance en un tono paródico y crítico. Acto seguido, dos compañeras escenificaron lo que denominamos “el sepulcro de las dos Julietas” por las similitudes e intertextualidad con la obra de Shakespeare, Romeo y Julieta, como hemos explicado con anterioridad, que aparece en la primera mitad del acto III. Esta escenificación fue más intrincada, en tanto que tuvo lugar bajo una mesa—para simular el sepulcro—y se colocó un laberinto de sillas por el que tenía que pasar una de las compañeras hasta llegar a la mesa mientras ambas eran asediadas por otros personajes.

En la tercera y última sesión, nos centramos en las representaciones restantes: desde monólogos desalentadores, de amor frustrado, hasta diálogos violentos que tienen lugar a lo largo del tercer acto. Cada uno improvisó el vestuario y la escenografía de su personaje y el resultado de todos ellos fue extraordinario gracias a las sugerencias y apuntes que realizaron particularmente tanto la profesora Cano como el profesor Santiago. Pero lo verdaderamente importante de esta sesión fue el teatro sin lunetas y el cielo lleno de sillas que todos entendimos y supimos trasladar a escena, ya no solo este último día, sino desde el primer instante: perdimos la vergüenza y no tuvimos miedo de (re)presentar a nuestros personajes sin tapujos, tal y como creímos que habría querido exponerlos su autor.

Consideramos que el teatro universitario, en realidad, ocupa un pequeño gran espacio. Decimos “gran” por la responsabilidad que tiene y que los estudiantes deben asumir para poder traspasar las barreras del texto y dar vida, acción, a los personajes que hay detrás. El cambio, tal y como creía García Lorca, tiene que darse desde aquí, desde abajo. Este grupo de estudiantes, a partir de este proyecto, asumió esa responsabilidad, que terminó por convertirse en su cometido. Tras este taller, tuvimos la oportunidad de escenificar algunos poemas de Los males menores, de Luis Mateo Díez—Premio Cervantes 2024—, y vimos cuál es la realidad del teatro universitario actual: se ha dejado de apostar por él, de ahí “pequeño”. Es por eso que, tras el éxito que tuvo nuestra—no—lectura dramatizada, queremos seguir apostando por este espacio del que nos han apartado y privado; un espacio que no nos permiten ocupar. De ahí la creación de la nueva compañía de teatro universitario en la Universidad de Alcalá, La Galera, a la que invitamos a todxs lxs estudiantes a participar, porque la denuncia la tenemos que iniciar nosotras y nosotros hoy para luchar por un futuro crítico, con base en la libertad, tal y como Federico García Lorca habría querido.

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Nerea Pozo Costa

Nerea Pozo Costa es estudiante del Máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos y graduada en Estudios Hispánicos por la Universidad de Alcalá. Ha formado parte del comité organizador del «IV Congreso Internacional Literatura y Franquismo: Ortodoxias y Heterodoxias» y ha participado en varios congresos internacionales. Es miembro del comité editorial de la revista Contrapunto y ha sido beneficiaria de una beca de Iniciación en la Actividad Investigadora (plan propio de la UAH en el curso 2025-2026), con cuyo proyecto aborda los discursos de género en la narrativa escrita por mujeres en el franquismo. Concretamente, está interesada en la literatura feminista y en las articulaciones literarias del poder y la violencia patriarcales.

Imagen Soraya Sahrei
Soraya Sahraei García

Estudiante del grado en Estudios Hispánicos en la Universidad de Alcalá. Coordinadora de la sección Miradas. Sus principales intereses son la literatura, la música y la fotografía (no puede pasar por un atardecer y no captarlo con la cámara). Amante del estudio de la comunicación verbal y no verbal.

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