La filosofía y el amor en “Gentle Sin”, de Vera Collin
Vera Collin, Gentle Sin
Madrid, Grupo Editorial Círculo Rojo SL
316 páginas; 17’95 euros
“Desde que aprendió a usar para bien su conciencia supo que la sociedad en la que vivía era de todo menos justa. Una que reclamaba la palabra de Dios y de su santísimo hijo como el derecho de las cosas, mientras que, con la misma devoción, la tergiversaba para beneficio propio.” Así la autora novel Vera Collin (Bogotá, 2004), estudiante del grado en Estudios Hispánicos de la Universidad de Alcalá, da comienzo a su reciente obra Gentle Sin (2023).
Esta novela de corte histórico-romántico, ambientada en la Roma del siglo XIX, dentro del convento Santa María de Aracoeli, muestra la historia de Elliot y Louis, dos estudiantes que por la fuerza del destino terminan compartiendo habitación, clase y corazón. Gracias a la reciente introducción de la asignatura de filosofía en el centro, impartida por el profesor Sergio Zanelli, Louis, Elliot, Dante, Lucca, Romeo y Fazio empiezan a cuestionarse sus convicciones y los dogmas que habían seguido desde que tenían consciencia. Louis, a pesar de su recelo inicial, comienza a comprender y a apreciar la filosofía de la mano de Elliot, aun cuando su presencia no le agrada demasiado. Debido al tiempo que pasan juntos y a las noches en vela en las que disfrutan conociéndose, su amistad se convertirá en un amor prohibido que intentará sobrevivir a una sociedad homófoba que se fortalecerá dentro de los infranqueables muros del catolicismo.
De esta forma, y a través de las columnas que levantan el convento, se puede entrever cómo la autora lanza una singular crítica hacia la Iglesia católica, defendiendo cómo esta oprime a sus seguidores mediante la tergiversación de la palabra de Dios. Así se puede comprobar en personajes como Louis, que en un primer momento se castiga físicamente por amar a otro hombre y más tarde, tras reflexionar acerca de ello con su profesor de filosofía, se pregunta por qué su amor es nocivo cuando el propio Jesús dijo “Os doy un mandamiento nuevo: Amaos unos a otros; como yo os he amado, así también amaos los unos a los otros.35 Vuestro amor mutuo será el distintivo por el que todo el mundo os reconocerá como discípulos míos.” (Juan 13:34-35). Asimismo, esta crítica se puede seguir observando a través del sacerdote y profesor Umberto, que trata de castigar a otro personaje al conocer el amor que le profesa a una persona de su mismo sexo, mientras que él mantiene relaciones con una monja con la que trabaja en el Santa María de Aracoeli. Esta doble moral es sin duda una muestra de la corrupción e hipocresía eclesiástica en la que se utiliza, casi como excusa, el creer en un Dios como perfecta coartada para encarcelar, reprimir y adoctrinar a la sociedad. Collin, además, trata de dibujar el dolor que provoca el elegir entre una familia que, en muchas ocasiones, oprime la vida de sus miembros y el alcanzar la felicidad siendo uno mismo. Quizás con ello trata de reflexionar sobre si una familia que corta las alas a sus seres queridos es siempre el lugar correcto en el que crecer; hasta qué punto es sana y si las raíces y la sangre garantizan el verdadero amor.
Es curioso también mencionar el posible cameo de los protagonistas de la tragedia de William Shakespeare Romeo y Julieta (1597) en los personajes de Romeo y Giulia. Esta nueva versión que, siguiendo con la tradición, debería de conformar un amor imposible, en esta ocasión rompe sus barreras y alcanza un final feliz. Relacionándolo con la reflexión anterior, ¿este final se debe a la no-intromisión de los familiares de ambos? ¿Se podría determinar así que la influencia familiar es decisiva para la vida de una pareja? Para Elliot y Louis, antes de liberarse de sus cadenas, indudablemente lo fue.
De este modo, Vera Collin pretende abrir una puerta hacia la libertad y hacia la lucha por unos derechos humanos que algunos sectores de la sociedad tratan de aniquilar, así como pretende manifestar que la filosofía se debe convertir en una prioridad en la enseñanza. Gracias a ella se formará a unos ciudadanos con voz y criterio propios que no decaerán en una vida dirigida por otros. Solo así y mediante el esfuerzo de enfrentarse a los impedimentos que los demás colocan en el camino, lograrán tomar las riendas de sus propias vidas y alcanzar su felicidad.
Sara Rey Morcuende
Sara Rey Morcuende es una estudiante del Grado de Estudios Hispánicos de la Universidad de Alcalá. Su amor por la literatura comenzó en las noches de lectura familiar durante su más temprana infancia. A partir de los ocho años dio sus primeras pinceladas en el mundo de la poesía gracias a algunos poemas de Gloria Fuertes. Desde los quince no ha podido soltar la pluma. Su pasión por el arte va más allá de la literatura: la música, la pintura, el cine, la danza…, en definitiva, la cultura, es lo que henchía su alma y todo el saber que le brinda es la raíz a la que se aferra cada vez con más firmeza. Hoy navega entre las olas de la filosofía, la política y, sobre todo, de la filología.
