Sí, sí: una UTOPÍA. “Estrella roja”, de Aleksandr Bogdànov

por Mar 9, 2024

Sí, sí: una UTOPÍA. “Estrella roja”, de Aleksandr Bogdànov

por

La ideología del fin de la Historia ha hecho muy bien su trabajo, por eso tenemos grabado a fuego en el inconsciente eso de que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo (la famosa frase de Jameson / Žižek). Y es totalmente cierto: ni siquiera sé cuándo vio la luz el último producto cultural catalogable, con todas y cada una de sus letras, como utópico. No es casualidad, claro, que a nuestro alrededor proliferen visiones prospectivas de carácter distópico. A esto mismo apunta, de una manera o de otra, Joan Palomares en su prólogo a la primera traducción al catalán —gentileza de la editorial Sembra Llibres— de un clásico de la ciencia ficción y ejemplo paradigmático de la utopía como lo es Estrella Roja (1908), de Aleksandr Bogdánov, editada en castellano por última vez en 2016 por Nevsky Prospects y ya fuera de circulación. Creo que la edición catalana del libro merece una fiesta o, cuando menos, cierta repercusión dentro del maremágnum del mercado editorial. ¿Por qué? Por tres razones. La primera, porque es nada más y nada menos que un texto fundacional del género de la ciencia ficción; la segunda, porque es (lo repito) una utopía, y buena falta nos hace creer (o recordar) que otro mundo es posible; la tercera, porque esta edición es “la más completa y fiel al texto original” [traducción propia], es decir que lleva detrás todo un trabajo de investigación y reflexión para nada despreciable. Celebrémoslo sin pudor, lectoras/es en lengua catalana, y comencemos, juntas/os a “enterrar el no hay nada que hacer para dejar que germine de nuevo el todo está por hacer y todo es posible” [ídem].

Aleksandr Bogdanov (teclead su nombre en la red aquellos que no lo conozcáis, porque su biografía es fascinante) escribe en 1908 —tres años después del fracaso del primer intento de acabar con la tiranía de los Romanov— la historia de Leonid, revolucionario ruso, y de su viaje a Marte o, en otras palabras, la historia de la posibilidad de un mañana mejor. Porque Marte está habitado por una civilización presentada desde el inicio como superior: el modo de producción capitalista hace tiempo que se transformó en uno socialista, así que en la sociedad marciana la explotación es inexistente y el individualismo una pesadilla olvidada. El planeta rojo es un lugar atravesado en el pasado por las mismas tensiones y contradicciones que las sociedades de la Tierra, pero que, gracias a la revolución, fue capaz de abandonar los principios del capitalismo y trabajar en la consecución de una sociedad más justa y, por ende, más feliz.

El libro, una especie de diario-crónica escrito a posteriori por su protagonista, está dividido en tres partes. En la primera, asistimos fundamentalmente al viaje interplanetario de Leonid (atención: en una eteronef —lo que ahora llamaríamos “nave espacial”— propulsada por energía nuclear) y a los primeros contactos con sus compañeros marcianos de tripulación. Este contacto nos permite entrever ya ciertas características de la sociedad socialista, como por ejemplo la igualdad entre los integrantes de la expedición o la intrascendencia de la diferencia de sexo (de hecho, hombres y mujeres comparten rasgos físicos, roles e indumentaria). En la segunda, la casa, la fábrica, el museo, el hospital y la escuela marcianos le sirven a Leonid para describirnos con más detalle el funcionamiento de esa otra sociedad de jornadas laborales de 4 o 6 horas, museos de arte que son, en realidad, institutos de investigación artística, un sistema educativo sin separación por edad/sexo y hospitales con salas específicas para permitir un suicidio tranquilo e indoloro. Porque —¡y esto es importantísimo!— la sociedad socialista no está exenta de contradicciones o problemas: la violencia existe, aunque en pocos casos, y los suicidios, como digo, también. Pero no es eso lo que hace tambalear radicalmente al sistema, sino que, tal y como terminamos de descubrir en la tercera parte, es la superpoblación y la escasez de recursos naturales en Marte el gran desafío que superar. ¿Qué hacer ante tal realidad? Me contentaré con decir que se plantean dos posibilidades (visiones) en pugna, el resto lo dejo en manos de la práctica lectora. Sí quisiera incidir en lo que me parece central en todo esto: para muchos, Estrella Roja fue, es y será mero panfleto ideológico, pero no lo es para nada, porque su autor es capaz de superar toda idealización al (de)mostrar que ni los avances tecnológicos ni el colectivismo carecen de peligro. Y es precisamente en la medida en que el paraíso no existe que la necesidad de lucha (revolución) se convierte en permanente.

Estrella Roja es una utopía socialista escrita en 1908 por un revolucionario ruso. Repito: una utopía socialista escrita en 1908 por un revolucionario ruso. El tono épico está ahí, por supuesto, así como una estructura deudora, en lo fundamental, de los moldes clásicos. Por otro lado, el didactismo (la propaganda) es patente en ciertos pasajes. ¿Sorpresa? No debería, porque el libro no es sino la prueba de la posibilidad de explicar un programa socialista sin abstracciones incomprensibles. ¿Acaso puede ser otra cosa? Cuidado con deshistorizar, que es muy fácil: Bogdànov no escribe para una minoría elitista, escribe para el pueblo y para la Revolución. Quien tenga un problema con eso, que se regodee en su miseria con Years & Years, El cuento de la criada o 1984, el catálogo es infinito. Por mi parte, termino afirmando que esta novela merece mucho más reconocimiento del que se le otorga hoy: es un texto sólido, de gran potencia imaginativa y con capacidad, más de cien años después, de plantear alternativas válidas para el futuro. ¿De cuántos otros textos puede decirse lo mismo?