Oda a una vida retirada: la belleza en la mirada de ‘‘Perfect Days’’
Perfect Days
Dirección: Wim Wenders.
Guion: Takuma Takasaki y Wim Wenders.
Reparto: Kôji Yakusho, Arisa Nakano, Tokio Emoto, Yumi Asou, Sayuri Ishikawa, Tomokazu Miura, Aoi Yamada, Min Tanaka.
Fotografía: Franz Lustig.
Duración: 124 min.
2023.
“It’s a new dawn It’s a new day
It’s a new life for me, ooh And I’m feeling Good”
(Nina Simone 1965, «Feeling Good»)
El director alemán Wim Wenders (Düsseldorf, 1945), nos ofrece otra forma de mirar los ritmos de una vertiginosa ciudad contemporánea, un Tokio del año 2023 marcado por la eficiencia y el frenesí laboral y vital. Pero dentro de este paisaje, páramo humano uniforme y alienante, surge la sencilla rutina de Hirayama. La pantalla se llena con un mensaje especialmente poético, porque no creo que tenga sentido obviar la poesía que se esconde en el temple y el gusto de la fotografía a cargo de Franz Lustig o la banda sonora que florece y resucita a clásicos que lo serán siempre. Durante dos horas la belleza está en el instante y en el entorno cotidiano. Hirayama, nuestro cicerón y protagonista, es un voraz lector de libros de segunda mano, melómano insaciable de viejos cassettes y perfecto ejemplo de una vida alternativa (retro), sólo por el mero hecho de ser y no de aparentar. Hirayama tiene un pasado que desconocemos, pero que intuimos que era muy distinto a esta rutina de pasos calmados por un apartamento deprimente por fuera, pero lleno de cultura y una sonrisa con la que regar esquejes y enfrentarse al nuevo día. Hirayama tiene un trabajo al que acude, como Machado, para reivindicar que con su dinero paga el traje que le cubre – las fichas de la lavandería –, la mansión que habita – apenas un receptáculo modesto y limpio –, el pan que le alimenta – cada día acompañado de un vaso de agua con hielo entre solemnes parroquianos – y el lecho en donde yace – sólo para soñar con las copas de los árboles, de las que toma fotos día tras día.
Hirayama podría parecer un hombre austero y aburrido, y de su historia podría decirse que no nos cuenta nada. Pero, en verdad, estaríamos muy equivocados, porque nos habla de todo. Porque Hirayama es Hirayama, un nadie y, al mismo tiempo, aquel que muchos querríamos ser. Hirayama es un reducto de un ayer casi monacal, que se gusta al verse rodeado del hoy. Hirayama es un hombre que se ha mimetizado entre los invisibles, al margen del deseo ansioso de lo que nos dicen que es el éxito, ese menaje que nos bombardea como modelo de vida de bienpensar y biensentir unidireccionales.
Así como Wenders había mirado la ciudad y la vida con su magistral El cielo sobre Berlín (1987), aquí el ángel es un nuevo Fray Luis, que ora et labora al borde de unos servicios públicos –de un váter ocupado, de una letrina salpicada–, limpiando, recogiendo e interactuando con el detritus. Y al mismo tiempo, eleva la lente de su cámara analógica al cielo o a una joven que come junto a él en el parque, y que no le devuelve el saludo amable. Hirayama parece sentirse bien y nos hace pensar sobre nosotros mismos. Sobre el sentido del estrés, de las pantallas adictivas y del qué dirán si no eres lo que deberías ser para que alguien en un talent show o en una frívola tertulia televisiva diga de ti que eres eso que llaman triunfador. Hirayama responde a la mediocridad de falsos ídolos y nos fascina, porque él coge el desvío, el carril bici frente a los atascos de coches caros con facilidades modernas que no son sino intereses creados. Hirayama rompe con las expectativas: es un señor que ama, que llora, que se ruboriza por el beso de una joven en la mejilla. Hirayama es un trabajador, un compañero y un filósofo.
Esta cinta permitirá que se escriba sobre geocrítica, edadismo, gentrificación, salud mental, el lugar del individuo e incluso de modelos sostenibles de megaciudades superpobladas. Estoy seguro de que ya se han ido apuntando trabajos en esta línea desde su estreno y su sonada nominación a los Óscar (en un año en el que ha brillado con más esplendor la controvertida categoría Internacional que el ombligo de la Academia estadounidense). Porque hay algo magnético en ese alejarse del mundanal ruido dentro del mundanal ruido, de proyectarnos en una tranquilidad de trabajo anónimo que hace funcionar las tripas y la verdadera humanidad de la maquinaria semiautomática de la sociedad globalizada. Allí también florecen los árboles que no nos paramos a mirar y que crecen, a pesar de todo y de todos, entre el cemento de las aceras.
Frente al aquí y el ahora del placer inmediato, fugaz y explosivo, Wenders nos plantea el aquí y el ahora de saber ver, ayudar y retratar la quietud del tiempo que tiende a no ser y ser extranjero para con valores vanos. Los días perfectos son los de un corazón que se ilusiona todavía con facilidad, en los que no pasa nada, no hay estímulos de acción a los que tan adictas son las carteleras comerciales: no hay tiros, no hay persecuciones, no hay ni misiones imposibles, ni guerras mundiales. Pero sí hay conflictos, muy nuestros, muy de todos, dolores mudos, amores en ciernes, recuerdos que hablan un lenguaje universal. Hirayama no tiene la meta de salvar el mundo, pero, indirectamente, lo salva con su redención particular. En su otredad silenciosa, he ahí un hombre hecho a sí mismo de verdad, un Ecce Homo que se enriquece en el interior de su alma y no en las dádivas de falsos lobos trajeados cuyo honor es la trampa y una exuberancia que es canto de sirenas.
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Un poema, un rezo, un abrazo a un árbol. Ser capaz de comprender un sino vagabundo en el que preguntarnos:
¿cuándo vamos a volver a jugar como niños?
¿Cuándo vamos a poder decir “I’m feeling Good” aunque todo se derrumbe?

Carlos Guerreira Labrador
Carlos Guerreira Labrador es investigador predoctoral en la Universidad de Alcalá con un contrato de formación de personal investigador de la Comunidad de Madrid. Es graduado en Lengua castellana y Literatura españolas por la Universidad de Santiago de Compostela y ha realizado el Máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos (MELICU) de la Universidad de Alcalá. Su investigación se centra en la narrativa histórica, mitos nacionales y violencia política a partir del estudio de autores y de autoras del exilio republicano de 1939. En la actualidad, lleva a cabo su proyecto de tesis sobre discursos sobre la Edad Moderna en narrativa histórica del exilio republicano de 1939. Sus principales motivaciones se basan en ahondar en las heridas abiertas que quedan de los regímenes autoritarios que marcaron el siglo XX y en aprender del diálogo con nuestro ayer para entender nuestro presente.
