La herida que nos nombra. “Samira y el comentador de Córdoba”, de Sergio Santiago Romero
Samira y el comentador de Córdoba, Sergio Santiago Romero
Theaomai, 2024 (reestrenada en 2026)
Hay obras que uno ve, y hay obras que a uno lo ven. La pieza de Sergio Santiago Romero (Madrid) pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Leer Samira y el comentador de Córdoba es como sentarse frente a un espejo que no devuelve el reflejo que esperamos, sino el que los demás han construido para nosotros. Desde la primera escena, con ese “mercado persa” cargado de estereotipos que el bienintencionado pero torpe Fernando monta para sus alumnos, sentí esa mezcla de vergüenza ajena y doloroso reconocimiento. Es el exotismo de cartón piedra con el que Occidente tantas veces ha querido contarnos, reduciendo nuestra cultura a “velos de seda y humaredas de mirra quemada”, a un bazar donde todo, incluso nuestra identidad, parece estar a la venta por “tres camellos, precio barato”. La protagonista, Samira, una brillante profesora de filosofía de origen egipcio, se convierte en nuestra voz cuando desmonta con paciencia y firmeza ese andamiaje de clichés, recordándonos que “no puedes presentar como extraño algo que te pertenece” al hablar de Al-Ándalus como “la casa común”.
Romero teje con maestría un diálogo entre dos épocas que, en el fondo, se enfrentan a los mismos demonios. La obra no trata solo sobre Samira; trata sobre Ibn Rushd (Averroes), el Comentador de Córdoba, cuya figura es recuperada no como un mero personaje histórico, sino como un símbolo de la encrucijada entre razón y dogma, entre conocimiento y prejuicio. La inclusión del cuento de Borges, “La busca de Averroes”, es una declaración de intenciones. Si para el autor argentino la distancia cultural era un “abismo insalvable” que impedía a Averroes comprender el teatro, Romero responde con una obra que es, en sí misma, la prueba de que el teatro puede y debe tender puentes sobre ese abismo. Samira, en sus clases, lucha por devolverle a Ibn Rushd su complejidad, por presentarlo como el sabio polifacético que fue —médico, jurista, astrónomo, filósofo — frente a la visión reduccionista, como la de Ernest Renan, que lo etiqueta como “el último filósofo árabe” para cimentar la idea de un mundo islámico sumido en el “fanatismo y el atraso”.
Lo que hace que esta obra sea tan demoledora y necesaria es su honestidad brutal. No hay consuelo fácil en las palabras de Samira. El dolor que transmite es palpable y resuena con una verdad que muchos conocemos de primera mano. Resuena en la humillación del interrogatorio policial, cuando un agente le pregunta en qué idioma habla con su padre, como si el árabe fuera en sí mismo una prueba de culpabilidad. Vibra en la terrible escena del “buzón de preguntas”, donde la curiosidad inocente de sus alumnos se revela como un vertedero de prejuicios hirientes: “¿Llegaste a España en barca?”, “¿Tu padre te pegaba por ser mujer?”, “¿En tu iglesia os hablan de matar?”. Estos no son efectismos dramáticos; son el eco de las miradas y las preguntas que enfrentamos a diario, la justificación constante a la que nos vemos sometidos, como si nuestra mera existencia requiriese una explicación. La obra culmina en una tragedia que nos deja sin aliento, mostrando cómo el prejuicio no es inofensivo, sino que abona el terreno para la violencia real. Y aun así, en la desolación final, una pequeña luz emerge en el gesto de Maissa, la alumna que, en la última clase, decide sentarse en el aula vacía de Samira y ponerse un pañuelo sobre el hombro, no como un acto de sumisión, sino de sororidad y entendimiento. Es un final que no ofrece respuestas, pero sí la posibilidad de “convivirlo”, de sostener la diferencia juntos, como la única forma de encontrar la verdad.

Mohamed Ahmed Mohamed Mohamed
Soy Mohamed Ahmed Mohamed (Giza, 1995), especialista en lengua y literatura españolas con experiencia en enseñanza, traducción y proyectos culturales. Me gradué con honores de la Universidad de Helwan y completé un máster en Lengua y Literatura Española Contemporánea en la Universidad Carlos III. He trabajado como traductor literario, revisor y profesor universitario, y he publicado traducciones y reseñas y he participado en varios congresos internacionales. Además, colaboro con instituciones culturales y universitarias, fomentando el intercambio lingüístico y cultural.
