Sean bienvenidos todos los cuerpos: “Anatomía sensible”, Andrés Neuman

por | Nov 1, 2019

Sean bienvenidos todos los cuerpos: “Anatomía sensible”, Andrés Neuman

por

Andrés Neuman,  Anatomía sensible 

Madrid, Páginas de Espuma 

120 páginas, 15 euros 

Como vaya yo y lo encuentre… Al modo de la siempre acertada amenaza familiar, Anatomía Sensible se rebela contra la sociedad opresora del hashtag y sus compatriotas. Si uno pincha en alguna de esas admiradas almohadillas, se vuelve un cómplice más de todas las sonrisas del embuste, los forcejeos con los escorzos más rígidos y, ante todo, del sometimiento a un canon estético que no es más que un rechazo a nuestra propia naturaleza. Para hacer frente a lo establecido, Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) llama a la puerta de todos los cuartos en busca de ese calcetín perdido que es nuestro cuerpo, en su estado natural.  Allí, bajo una montaña de trapitos sucios y tras el reverso de varios selfieslogró encontrarlo para ahora exponerlo en su totalidad, omitiendo la palabra ‘tabú’ de su léxico. 

La trayectoria de Páginas de Espuma puede sugerir que Anatomía Sensible sea una recopilación de cuentos, pero aciertan al sorprender con una obra inclasificable.  Neuman acostumbra a brincar sobre los límites. Si bien es cierto que en sus novelas siempre está presente la cadencia poética, en este caso, apuesta por una serie de prosas dispersas que se bambolean entre el género del ensayo y el de la poesía. A lo largo de las treinta partes del cuerpo que compilan este catálogo anatómico, la unión entre su conciencia de prosista y de poeta confecciona una obra poligéneroEs tan variada que llega a arrimarse a otros estilos: juega con la sobriedad de una enciclopedia biológica o con la persuasión de la propaganda política (en el “Panfleto de la nalga”), entre otros. Su conciencia, sin embargo, no se corresponde con la del narradorEste nace de una mente colectiva que une a las diferentes identidades y, sobre todo, sensibilidades. Porque, por muy alejado que se sienta uno de los prejuicios estéticos, es innegable que no hay escapatoria total, que hemos sido criados bajo su dominio. Entonces, para englobar a toda forma sensible en este inventariose necesita hacer un ejercicio de reconocimiento, un volverse a conocer inspeccionando poro a poro. 

Como resultado, cada parte corporal burla a todo posible “manos de terciopelo” o “dientes   como perlas” para reivindicar la igualdad de cada miembrovisibilizándolos en la política corporal. Con imágenes sorprendentes y más de una carcajada, se pone en marcha una alabanza a la diversidad, en todos los sentidos. Y no solo incluye partes evidentes como los ojos, el pecho o la barriga, que aun así encuentran visiones enriquecedoras y sorprendentes; también se zambulle en las zonas genitalesllegando a subvertir su concepción machistaNo todo queda en esas celebridades, sino que brinda la mayor parte de su tiempo a las partes injustamente olvidadas: la axila, el talón, el ombligo. Entiende cada línea, aspereza, estría o  vellosidad alejando de ellas cualquier ápice de victimización. No es un libro de autoayuda, de aceptación del cuerpo. Simplemente no da cabida al canon: su trasfondo político ataca a toda imposición que incite al rechazo propio, y a todo deseo de cambio (cirugía, depilación, freno del paso del tiempo…) que nazca de la obligación social. Sin dejar de lado el humor, se cuestiona algo, aparentemente, tan establecido e inamovible como el erotismo: el jefe de la censura y el rival de la normalización. Todo rincón puede encontrar su propia sensualidad, incluso esa “paria de la belleza” del codo que, desde la experiencia de su rugosidad, organiza su “pequeña revolución sensual”. 

Cuando se acaba Anatomía sensible —a ser posible en un vagón de metro repleto de piernas y brazos—, el lector levanta la vista para sentir la recarga vital de todo lo cotidiano, antes inerte: cada cuello espía”, cada “barriga soberana”. En su último “capítulo”, sensibiliza por completo  la materialidad corporal ensamblándola con el denominado “multicuerpo del alma”. Se reconoce, entonces, al Neuman novelista que adquiere el mismo estilo final que en algunas de sus novelas: mientras, por ejemplo, en El viajero del siglo (2009) el viento recorría toda la ciudad de Wandernburgo como despedida; aquí es el alma la que, con la misma prosa fluida, recorre las partes del cuerpo revisadas. Esta lectura (y futuras relecturas) eleva al ser humano —como anatomía individual— a un nivel más pluralizado del “conócete a ti mismo”. 

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