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Atesorar la belleza del mundo en 52 semanas. “Los ojos de Mona”, de Thomas Schlesser

Mona es una niña parisina de diez años a la que un día parece apagársele el mundo. Después de diversas pruebas y sin diagnósticos certeros por completo, el caso termina por asignarle una ceguera progresiva que podría hacerse absoluta dentro de unas 52 semanas. Como sugerencia, el médico recomienda a Camille y Paul, sus padres, que la protagonista sea llevada semanalmente a un psiquiatra infantil mientras tratan de hacer este proceso lo más liviano posible. Para ello, no puede haber mejor persona como acompañante que su abuelo, o “Dadé”, como lo llama ella, quien es su verdadero cómplice en los juegos y la vida de su niñez. Henry o “Dadé” decide entonces que no hay mayor terapia para la vista (y probablemente para nuestra parte intelectual y emocional) que hacer una visita semanal a cada uno de los grandes museos de París, como son el museo del Louvre, el museo de Orsay y el centro Beauborg o Pompidou. De este modo, Mona se cuelga de la perspectiva de su enigmático y culto abuelo, un hombre poco jocoso pero que en brazos de su nieta Mona puede llegar a ser el mejor amigo de esta.

Es así como abuelo y nieta se sumergen cada miércoles después del colegio en una obra de arte diferente que los transporta a épocas, historias y visiones muy remotas, incluso, a primera vista, tal vez disparatadas. Cada cuadro, escultura o imagen le aportará a Mona alguna lección valiosa para sus años venideros, los que no auguran ser demasiado luminosos. La ética de Mona y su pensamiento crítico se transformarán con el transcurso de los meses bajo la sombra de la Historia del Arte a la par que comenzará a construir su nuevo camino hacia la adolescencia, y todo lo que ello puede conllevar, como son amores fugaces, conflictos amistosos o situaciones y términos que aún le quedan grandes. Con todo ello, Mona tendrá que ir lidiando con sus episodios puntuales de ceguera y con los que poco a poco irá encontrando respuestas a muchas preguntas que aún tiene sobre alguien cercano que perdió hace tiempo: su abuela.

Thomas Schlesser (París, 1977) es un brillante historiador del arte que ejerce como profesor en la Escuela Politécnica de París. Conocido por ser autor de algunos ensayos y de dirigir la Fundación Hartung-Bergman, salta a lo más alto en 2024 con la publicación de su primer libro, Los ojos de Mona, finalista del Grand Prix RTL-Lire Magaine Littéraire, convertido además en un gran acontecimiento editorial en más de 20 países. Es también hijo del autor Gilles Schlesser (1944).

La novela, escrita desde un punto de vista muy didáctico e informativo, ofrece la idea de la Historia del Arte como vía de escape a los problemas mundanos de la actualidad, donde habitualmente nos encontramos con perfiles bien conocedores de la materia (como Dadé); y otros tantos inexpertos que, desbordantes de curiosidad (Mona), beben de la experiencia y “los ojos” de aquellos que los preceden. Observamos una relación poco convencional entre abuelo y nieta, y es que Henry se dirige a Mona desde un aura mucho más adulta, como a una igual, lo que hace que termine por cuestionarse cosas que previamente le habían parecido absolutamente indiscutibles. El lector camina por un variado pasillo de artistas reconocidos a nivel mundial, como Miguel Ángel, Vermeer, Goya o Magritte. Junto a estos, les siguen otros tantos originales y talentosos autores que no tuvieron tanta voz durante sus vidas, como Rosa Bonheur, Camille Claudel o Georgia O’Keeffe, y el hecho de que a medida que avanza la historia, vamos pudiendo observar más nombres femeninos en los títulos de los capítulos.

Los ojos de Mona ha sido comparada en alguna ocasión con El mundo de Sofía (1991), novela de Jostein Gaarder que explica la Historia de la Filosofía. En palabras del propio Schlesser (RTVE), la diferencia está en que su obra no trata sobre la Historia del Arte en sí, sino sobre la Historia del Arte al servicio de la vida. Es importante tener en cuenta la idea de los ojos y la vista como la principal herramienta que el ser humano tiene para apreciar la belleza del arte, pues el arte no es más que una construcción de la humanidad, y por lo tanto, es esencialmente humano. Me gusta pensar que, entonces, el título de la novela, Los ojos de Mona, no solo alude a la misteriosa y esporádica ceguera que presenta la protagonista; sino que, además, es la manera que tiene (y todos tenemos) de poder examinar las historias que cada obra está contando, y, yendo más allá, las historias que cada uno pude imaginarse en torno a un cuadro, o escultura, etc. ¿Por qué entonces el propio Schlesser llamaría así a su personaje principal, si no es para asociarlo directamente con una de las miradas más enigmáticas y conocidas de la Historia del Arte? Supongo que queda a nuestra imaginación pensar el porqué.

Lo más entrañable de esta novela puede que sea su punto central, sostenido por la importancia de las relaciones entre abuelos y nietos. El papel de los abuelos en la vida de los nietos es en gran medida un pilar que, a posteriori, es muy probable que sostenga gran parte de nuestras vivencias, creencias y, en definitiva, nuestra forma de ver el mundo.

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Estudiante del grado Estudios Hispánicos de la Universidad de
Alcalá de Henares. Aficionada a la literatura universal y a la escritura. Actualmente se encuentra
en el equipo de coordinación de la sección de Alrededores de la revista Contrapunto.

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