La humanidad desde un pequeño pueblo alemán. “El día que Selma soñó con un okapi”, de Mariana Leky

por | Abr 11, 2019

La humanidad desde un pequeño pueblo alemán. “El día que Selma soñó con un okapi”, de Mariana Leky

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Mariana Leky, El día que Selma soñó con un okapi

Madrid, Seix Barral

376 páginas, 19,90 euros

De un bosque nocturno de la Alemania profunda surge, de forma casi fantasmal, un ser que desconcierta por su multiplicidad de rasgos: un okapi. El animal, proveniente del corazón de África, parece la mezcla entre una jirafa, una cebra, y un caballo. Una travesura del cosmos, dirían muchos. Selma presencia su aparición y se da cuenta de que lo que ven sus ojos no se corresponde con la realidad. No es más que una visión onírica que ya la ha perseguido en otras ocasiones. Pero, en este caso, lo soñado traspasa las barreras del descanso y se hace un hueco en el día a día de Selma; algo temido por toda la población de Westerwald. Cada vez que Selma despierta después de ver un okapi, todos saben con seguridad que, en las veinticuatro horas siguientes, alguien va a morir. Así comienza El día que Selma soñó con un okapi, la novela publicada en 2017 por la alemana Mariana Leky (Colonia, 1973), que ahora llega con su traducción al español.

El título de la obra puede resultar engañoso, pues la protagonista no es Selma, sino su nieta Luise. Además, solo hace referencia a la primera parte del libro, que se caracteriza por estar enmarcada temporalmente por ese único día; y por retratar las diferentes reacciones de los pueblerinos ante el sueño de la abuela. Esta parte supone una reflexión sobre la muerte que se cuenta a través de los ojos de una Luise de diez años, conocedora de todo detalle acerca de las personas que la rodean. Con esos mismos ojos, se experimenta, en la segunda y tercera parte del libro, una mutación de la concepción del tiempo: de centrarnos en los acontecimientos de un solo día, se da paso al transcurso veloz de los años—hasta dos décadas— con un aumento del ritmo narrativo. Eso sí, siempre desde el mismo lugar: Westerwald. Un foco que parece no avanzar, siempre con sus mismas gentes y costumbres. Ese estatismo espacial se adelanta en su título original: Lo que se puede ver desde aquí (Was mann von hier aus sehen kann). La novela refleja la visión del mundo desde esa pequeña población, que experimenta los avances sociales y tecnológicos de las últimas décadas del siglo xx, al mismo tiempo que intenta congelar su estabilidad.

Leky logra contarnos episodios desgarradores, tanto de la vida de la protagonista como de los personajes que la acompañan regularmente, con una prosa enternecedora. Reúne lo esencial y bello de la vida con un gusto por el detalle. Establece vínculos entre aspectos aparentemente intrascendentes, como los hábitos y las manías de los personajes: un bote de guisantes, postales de viajes, paseos por el bosque, cartas que esconden peligrosas confesiones, trayectos en tren jugando a adivinar el paisaje y suelos inestables que nunca se reparan, entre otros. Todos ellos son elementos significativos que cobran aún más sentido con el paso de los años. Asimismo, ayudan a introducir temas más delicados como el maltrato infantil, la perdida de los seres queridos, los amores no correspondidos, el problema de la comunicación —entre grandes y pequeñas distancias¾, la depresión y, sobre todo, la culpabilidad.

La envoltura realista de la novela incluye en su interior diferentes sucesos mágicos y supersticiosos. Luise no llega a concebirlos como extraños e, incluso, es capaz, en cierto punto, de utilizar esa naturaleza mágica para su provecho en situaciones límite. Este añadido sobrenatural no desconcierta, sino que enriquece la causalidad de los actos y, además, incrementa la ternura de la historia. No es la única particularidad que impresiona por su perfecto acople a la trama, pues está formada, en su totalidad, por acontecimientos y seres que, en un primer momento, parecen no encajar: un niño obsesionado con la halterofilia, un óptico enamorado, un padre que quiere recorrer mundo y un monje budista, entre otros. Estos aspectos hacen pensar que El día que Selma soñó con un okapi sea, en realidad, la materialización de ese animal. En boca de Luise: “en un okapi tampoco encaja nada, y eso no impide que sea un animal increíblemente bonito”.

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