¿Solidaridad o limosna? “El tren de los niños”, de Viola Ardone

por May 3, 2021

¿Solidaridad o limosna? “El tren de los niños”, de Viola Ardone

por

Viola Ardone, El tren de los niños

Traducción de Maria Borri

Barcelona, Seix Barral

310 páginas, 19.00€

La segunda guerra mundial dejó hambre en el mundo, muerte, tristeza… pero también dejó los corazones de la gente llenos de solidaridad. Es 1946, estamos en Italia, y la zona sur del país nada entre el hambre y la miseria. La zona norte no ha sufrido tanto, sus miserias son menos terrenales y su situación permite aligerar las de sus paisanos.

El Partido Comunista italiano ha organizado las cosas de tal modo que familias italianas del norte “adopten” temporalmente a niños de familias italianas sureñas, de forma que puedan darles el alimento y la educación que necesiten. Sin embargo, no todo es tan bonito y Amerigo, nuestro protagonista, lo va a contar desde su punto de vista.

Amerigo es un niño de un barrio sureño que ve pasar su día a día contando puntos a través de los zapatos de la gente: si tienen la suela desgastada, si les asoma el dedo por un agujero, si se ven extremadamente pequeños para los pies que rebosan de ellos… Vive una situación basada en la pobreza, situación que no le pesa ya que es la única que conoce. Pero de un momento a otro se va a ver arrastrado al tren de los niños, en este tren viajan niños de familias con pocos recursos para ir con familias pudientes del norte; el miedo hace mella en estos críos, ya que hay quien no se fía del Partido Comunista y les han dicho que se los llevan a morir a Siberia, nada más lejos de la realidad. Amerigo va a ver cómo, de un día para otro, pasa de una familia monoparental a una familia con una madre, dos tíos y varios primos; empezará a ir a una escuela de verdad y recibirá clases de violín, lo que se convertirá en su gran pasión y en su futuro.

Pero no todo dura y Amerigo debe volver a su casa después de un tiempo. El problema es que el Amerigo que vuelve no es el que se fue. Vuelve alguien consciente de la miseria en la que vive ya que ha probado cuáles son las otras opciones vitales que existen. Vuelve alguien que sueña con música mientras que a su alrededor eso no es más que una pérdida de tiempo. Y vuelve alguien que ha conocido lo que es una familia grande, amorosa, cuya madre apenas puede soportar la pérdida del hermano muerto y del padre desaparecido. Y todo habría sido soportable de no ser por el engaño de la madre, quien, puede que celosa de lo que su hijo añora y no le puede dar, decide mentirle y ocultarle las cartas y paquetes que le mandaron desde el norte. El choque entre ambas situaciones y el descubrimiento del engaño lleva al protagonista a huir de su casa para nunca más volver.

Viola Ardone, la autora, trabaja con niños y se nota. Toda la historia se cuenta desde la perspectiva de Amerigo, infantil la mayor parte del libro, adulta la última. Puede recordar a otras obras como “El niño con el pijama de rayas” o “Cuando Hitler robó el conejo rosa”, donde se cuentan historias duras desde una perspectiva de los que no deberían vivirlas. Todo es más duro teniendo en cuenta quién lo vive y a su vez está suavizado debido al punto de vista desde el que nos lo cuenta. No llegamos a ver lo verdaderamente horrible de la vida de Amerigo hasta que, ya adulto, vuelve a casa y descubre que ese padre siempre ausente, cuya falta determinó gran parte de su vida, no es otro que el muerto de hambre que engañaba a su mujer con la madre de Amerigo, alguien a quien siempre despreció.

Es una obra dura, cruda, que te hace fijarte en tus privilegios frente a otros que no los tienen. A su vez te hace plantearte el alcance de lo que consideramos caridad, ¿hacemos algún bien o empeoramos una situación de por sí mala? El tren de los niños es una obra incómoda, te hace ver que no eres tan caritativo ni tan solidario como te gustaría, que aquellos pequeños actos, aquellas pequeñas donaciones que haces de vez en cuando para sentirte bien contigo mismo no sirven de nada. Para cambiar algo hay que implicarse, te tiene que costar algo ya sea a nivel económico o a nivel personal, si no no es solidaridad, es dar limosna y eso solo sirve para limpiar conciencias.

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