La repolitización de la novela española

por Nov 30, 2023

La repolitización de la novela española

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Recibo con mucho placer la invitación por parte de la revista Contrapunto —a la que sigo desde hace tiempo y con la que he tenido el gusto de colaborar en varias— de escribir un texto para la sección “Firma invitada”. Estoy nerviosa, no voy a engañar a nadie: el sintagma ‘firma invitada’ reviste una formalidad que me incomoda. Al fin y al cabo, lo que vengo a contaros no es, en el fondo, más que la materialización de una intuición cuya conformación y desarrollo no habría sido posible sin el apoyo y el diálogo con amigas y amigos que admiro y respeto. Las palabras que siguen, por tanto, no son más mías que suyas.

A principios de este año 2023 vio la luz Ideología, poder y cuerpo: la novela política contemporánea de la mano de Bellaterra edicions y su equipo cooperativo. Se trata de un ensayo en el que trato de rastrear el proceso de repolitización de la novela española con/tras el movimiento 15M echando mano de un corpus de más de 15 títulos distintos, (casi) todos ellos publicados después del 2011. El libro, sí, es fruto de mi tesis doctoral; sin embargo, mantiene con ella cierta distancia marcada por algunas diferencias radicales. ¿Cuáles? Me referiré solo a la más significativa, yo creo, y es que tuve la suerte de contar con dos textos firmados por personas importantes para mí: un prólogo a cargo del profesor de la UAM y amigo David Becerra Mayor, y un epílogo que tuvo la amabilidad de escribir una autora central en mis últimos años de formación académica, Sara Mesa.

Pienso que el 15M operó fundamentalmente abriendo ventanas, ampliando nuestro horizonte, politizando nuestra forma de mirar y pensar la realidad. Esta politización encontró su eco en el campo literario español (escrito en castellano), de ahí que surgieran —cuidado, ¡y siguen haciéndolo!— textos que en lugar de desplazar los desajustes y contradicciones del sistema en el que (sobre)vivimos, presentando visiones de la realidad aproblemáticas y despolitizadoras, ponen sobre la mesa esos desajustes y contradicciones. Así, surgen de repente multitud de textos que vienen a hablarnos de cuestiones hasta entonces borradas —que no inexistentes en la realidad precrisis, como bien nos enseñan Chirbes, Reig o Gopegui— como la precariedad, la lucha de clases, la(s) violencia(s) contra los cuerpos y las mentes o la explotación. Para englobar estos textos (porque funcionamos así, con etiquetas) y explicitar, en la medida de lo posible, sus operaciones en la realidad, decido ponerles un nombre: novelas políticas.

Basta un vistazo rápido a los manuales de historia de la literatura para darse cuenta del modo en que lo político ha sido arrinconado y desligado de la literatura. Y me refiero con ‘lo político’ a la política entendida lejos de instituciones y partidos. El adjetivo ‘política’ aplicado a un texto literario —y esto ya lo han dicho mejor que yo tanto Gopegui como Marta Sanz en múltiples ocasiones— se ha tachado históricamente de panfletario, cuando no de carcoma que roe, rasrasras, la calidad estética de la obra. El problema, creo yo, ha sido entender la política como el llamado sentido común nos impele a entenderla. Yo intento humildemente darle otra vida al término, una mejor, más acorde por lo menos a la comprensión de la literatura como herramienta de lucha y de confrontación. La política entendida en términos rancièrianos es sin duda interesante, pero más todavía si sobre ella volcamos una mirada que anteponga el carácter ideológico de nuestras vidas. La política, entonces, entendida como disenso y ruptura de un reparto común legitimado, es decir, como práctica de interrupción de reproducción ideológica. Así la entiendo yo, y así trato de explicarla en el libro.

La literatura, nos muestra la crítica marxista, opera reproduciendo ideología, porque todo discurso es ideológico, luego los textos (el arte) no sobrevuelan indemnes el mundo, ajenos al mundanal ruido. El texto literario es un producto histórico, atravesado por lo tanto por su radical historicidad (esto, por favor, no lo digo yo, lo dice Juan Carlos Rodríguez, tal vez el teórico de la literatura made in Spain que más debiéramos leer). En el texto se encuentran los síntomas de su tiempo en forma de contradicción. Yo pretendo leer las novelas de mi corpus (Isaac Rosa, Pablo Gutiérrez, Sara Mesa, Marta Sanz, Belén Gopegui, Diego Sánchez Aguilar, Javier Mestre, Munir Hachemi, Cristina Morales, Noelia Pena, Brigitte Vasallo…) buscando precisamente cómo ellas traen a la luz, en vez de dejar en las tinieblas, las contradicciones que nos atraviesan en tanto en cuanto sujetos capitalistas, esto es, en tanto en cuanto sujetos libres que somos.

El libro, y con esto termino, no es entonces solamente una tímida exposición del modo en que es posible analizar (leer) textos de ruptura con el horizonte ideológico capitalista —que también—, sino —y sobre todo— el empeño por seguir abriendo ventanas y discutiendo, tal vez —ojalá— (de)mostrando la posibilidad de pensar la literatura desde un lugar otro, uno donde la objetividad e inocencia de lo aideológico se esfuman para dar paso a la realidad de los efectos, por muy inconscientes que estos sean.