Literatura, ciencia ficción y estudios del futuro

por Abr 20, 2024

Literatura, ciencia ficción y estudios del futuro

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El canon representa el poder hegemónico. Lo que se dio a conocer como las “guerras culturales” en el curso sobre “Cultura Occidental”, impartido en la Universidad de Standford en 1988, supuso una revisión de la tradición y un cuestionamiento del canon occidental. Harold Bloom (Nueva York, 1930) sostiene que “la idea de que beneficies a los humillados y ofendidos leyendo a alguien de sus mismos orígenes en lugar de a Shakespeare es una de las ilusiones más curiosas jamás promovida por nuestras universidades”, a lo que podemos responder diciendo que lo humillante es que se haya construido un relato sobre la historia de Occidente sin visibilizar a una serie de productores culturales que no gozaban del privilegio de poder hacerlo. Es más, presuponer que su invisibilidad es un sinónimo de falta de calidad estética o importancia en su contexto socio-político e histórico supone instalarse en el negacionismo de las estructuras de poder que conforman nuestras sociedades. ¿Qué lugar ocupa el género de la ciencia ficción en el marco del canon literario?, ¿y la ciencia ficción feminista? Como es bien sabido, han sido producciones culturales que han transitado al margen del canon y de la institución académica.

Por todo esto, mi investigación se centra en el género de la ciencia ficción (contracanon) desde la metodología de los estudios culturales. Los estudios culturales tienen como objetivo analizar de qué manera la cultura de un grupo funciona como una forma de adhesión a las relaciones de poder o como rechazo del orden social. Tal y como afirma Terry Eagleton (Gran Mánchester, 1943), trabajar desde esta metodología implica borrar fronteras entre lo que se considera alta cultura y cultura de masas. Los estudios culturales colocan a la cultura popular en el centro de su reflexión, enfrentándose a la cultura hegemónica y al poder normativo. Consideran que los dominados, explotados, oprimidos, excluidos y subalternos no se veían reflejados en la Cultura, y que se debía atender a las prácticas culturales de estos grupos para contemplarlos como formas de resistencia revolucionaras capacitadas para producir una transformación social. Tal y como sostenía Raymond Williams (Crucorney, 1921), considero los estudios culturales como un proyecto pedagógico y creo que «no asumen que toda política sea cultural pero sí que la cultura es inseparable de cualquier lucha política». Investigar la literatura de ciencia ficción desde la perspectiva de los estudios culturales me ha permitido analizar en profundidad esos imaginarios especulativos para pensar en el futuro como una manera de resolver los problemas del presente.

Pensar en el futuro nos enseña a gestionar la incertidumbre. La cultura occidental siempre ha estado observando el pasado para tener memoria y conocer los efectos que nuestros actos han tenido en el presente (Antonio Rodríguez de las Heras, Vigo, 1947). Revisar el pasado críticamente es una tarea necesaria, pero no podemos quedarnos anclados en esa etapa. Fred Polak (Ámsterdam, 1907) sostenía que “una organización, nación o civilización que no tenga una visión persuasiva del futuro y la convicción de que la acción es posible, acabará por decaer”. Una vez hemos detectado los problemas y conflictos que, desde el pasado, han configurado nuestro presente, es necesario proponer soluciones que nos permitan avanzar y superar esas dificultades. Encontrar soluciones depende del poder creativo de la imaginación, ya que se trata de una herramienta políticamente movilizadora que nos permite generar escenarios de posibilidad. Josefina Ludmer (Córdoba, 1939) utiliza el concepto de lo que viene después como una categoría para (re)pensar el presente. Considera que la realidad es siempre la realidad histórica, de modo que lo que viene después sería un movimiento de historización del presente y una manera de imaginar el cambio. Pensar en ese proceso nos remite al concepto de la imaginación pública como “todo lo que circula en forma de imágenes y discursos; una red que tejemos y que nos envuelve, nos penetra y nos constituye”. Donna Haraway (Denver, 1944), en su célebre “Manifiesto para cíborgs”, nos recordaba que “las fronteras entre ciencia ficción y realidad social son una ilusión óptica” y Castoriadis (Estambul, 1922) sostenía que el imaginario social era una construcción socio-histórica que abarcaba todo un conjunto de instituciones, normas y símbolos compartidos por un determinado grupo social “y, que pese a su carácter imaginado, opera en la realidad ofreciendo tanto oportunidades como restricciones para el accionar de los sujetos”. ¿Cuáles son los imaginarios científico-tecnológicos, socio-políticos y sexo-afectivos en la ficción especulativa hispánica? El imaginario social, como un “magna de significaciones imaginarias sociales” (Castoriadis), regula el decir y orienta la acción de los miembros de esa sociedad, por lo que tiene la capacidad de determinar tanto las maneras de sentir y desear como las maneras de pensar. ¿Cuáles son las características del imaginario social de la ciencia ficción en el ámbito hispánico?

Sohail Inayatullah (Punyab, 1958) sostiene que “los estudios del futuro consisten en el estudio sistemático de futuros posibles, problemas y preferibles, incluidas las visiones del mundo y los mitos que subyacen a cada futuro”, por lo que una forma de investigar los futuros posibles (y más deseables) es la de examinar las metáforas que utilizan las diferentes culturas para describir y proyectar el futuro. Ursula K. Le Guin (Alameda, 1929) consideraba que la ficción especulativa era una metáfora de nuestro tiempo. Para ella las narrativas proyectivas funcionaban como una herramienta que puede prestarse a extrapolación, sátira, predicción, mensaje, exageración, denuncia o advertencia, como una metáfora en infinita expansión. Y Olaf Stapledon (Merseyside, 1886) consideraba que este género literario funciona como los “mitos verdaderos” de nuestra época, como funcionaron los mitos clásicos antaño, ya que “en el mundo actual, la ciencia ficción debería cumplir el mismo papel, al expresar en forma ‘mítica’ los grandes interrogantes que la visión científico-tecnológica del mundo abre para la vida y su sentido”. Además de la visión científico-tecnológica, debemos añadir a esta función mitológica de la ciencia ficción la visión sociocultural. Tal y como afirma Fredric Jameson (Cuyahoga, 1934), todo texto narrativo tiene un significado simbólico dentro de la sociedad que lo produce y la ficción especulativa recupera “antiguos mitos, los remodela para afrontar miedos modernos. La revisión de mitos que la ciencia ficción produzca será una de las claves para expresar valores y las aprensiones de un tiempo y un espacio determinados”.

Gaston Berger (Saint Louis, 1896) define la prospectiva como “la disciplina que estudia el futuro para comprenderlo y poder influir en él”, por lo que se presenta como una disciplina científica que se propone estudiar la información de la que disponemos en el presente sobre el futuro, ya sea en forma de imágenes de futuro, tendencias o planes. De este modo, a partir del análisis de las tendencias y de los imaginarios de la ciencia ficción, se puede intentar comprender por qué y cómo se desencadenan esos futuros. Las creaciones literarias prospectivas nos permiten trabajar desde la complejidad y la diversidad con propuestas de alternativas sociopolíticas en las que se describen posibilidades de diferentes futuros a partir de los que podemos reflexionar en torno a las consecuencias políticas, económicas y sociales que podrían ocasionar los cambios científicos y tecnológicos para el ser humano en cada época. La ficción especulativa, a través de la proyección, especulación y ensayo de diversas hipótesis de mundos posibles, nos permite recapacitar sobre el mundo en el que vivimos y en el que querríamos vivir. ¿Cómo son los mundos imaginados por los creadores y las creadoras del ámbito hispánico? ¿Nos ofrecen alternativas a los problemas del presente?, ¿qué tipo de alternativas proyectan?, ¿cuáles son los problemas que reflejan lxs autorxs de ciencia ficción desde sus respectivos lugares de enunciación? ¿Hay respuestas para estos interrogantes? Quizás. Andamos en su búsqueda y el camino todavía es largo.