Los monstruos y los fantasmas son reales. “The Shining”, de Stanley Kubrick

por Sep 8, 2020

Los monstruos y los fantasmas son reales. “The Shining”, de Stanley Kubrick

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Existe una frase famosa de Stephen King. Parafraseando, dice lo siguiente: los monstruos y los fantasmas son reales, viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan. La reflexión sintetiza una de las principales virtudes de los llamados géneros no-miméticos o no-realistas, especialmente, de los relacionados con el terror y el miedo: son capaces de acceder a espacios que, aunque humanos, suelen permanecer ocultos a la consciencia. Tal como dijo Yuri Lotman, el arte y la literatura poseen un componente lúdico, proponen un juego al lector que le permite entrar en realidades que, de otra manera, serían inaccesibles.

The Shining (1980), de Stanley Kubrick, es el perfecto ejemplo con el cual confrontar estas ideas. Por un lado, aborda los temas con los que hemos abierto esta reflexión: lo sobrenatural, el espacio de lo imposible y, finalmente, la locura. Hace que estos elementos dialoguen, por lo que resume la idea que se expresa en la frase citada previamente. Dicho de otro modo, muestra cómo los límites de lo real son, también, los límites de la racionalidad y cómo lo verdaderamente monstruoso es, en última instancia, la propia humanidad. Esta coincidencia con la frase de King resulta natural, el filme es una adaptación de una novela de este escritor.

The Shining no solo es un clásico del cine, también es un punto cúspide del género de terror. La fuerza del filme está en que no se reduce a un miedo soso, a la simple sorpresa o a un gore efectista. En cambio, desafía al espectador. El discurso de esta película posee tantos niveles que es difícil hablar de todos en un espacio tan breve. Incluso hay un documental sobre algunas de las posibles interpretaciones que se han hecho de este texto: Room 237 (2012), de Rodney Ascher.

Desde esta perspectiva, la pregunta no es qué podemos decir sobre The Shining que no se haya dicho ya en el pasado. Por el contrario, lo realmente impresionante es cómo la obra conserva su actualidad, cómo encuentra interpretaciones novedosas en cada nuevo espectador.

La historia se centra en una pequeña familia, los Torrance, que será la encargada de cuidar el Overlook Hotel durante el invierno, cuando el establecimiento cierra y todos los empleados abandonan el lugar. Para Jack, un escritor en busca de su próximo libro, esta es la oportunidad perfecta para encontrar el aislamiento y la soledad que necesita. Lo acompañan su esposa, Wendy, y su hijo, Danny. Será este último el primero en introducir al espectador en el tono extraño y fantástico de la película. Posee lo que Dick Halloran, el chef del hotel, llama “el resplandor”: habilidades psíquicas sobrenaturales que le permiten, entre otras cosas, prever el destino terrible que espera a los Torrence.

La visión del niño acaba por cumplirse como una continuación de la historia del lugar. El Overlook Hotel se encuentra sobre un cementerio nativo americano y hubo que luchar con algunos indígenas del área para poder completar la construcción. Además, los antecesores de los Torrence, otra familia encargada de cuidar el hotel previamente, sufrieron un destino trágico: el padre, en un ataque de locura, asesinó a su esposa y a sus dos hijas.

En el aislamiento, Jack es atrapado dentro de la locura y la maldición que han marcado al Overlook desde su creación. Así, él se vuelve la encarnación del horror. No será, sin embargo, el único en experimentar los efectos de un lugar como este. Danny, debido a su sensibilidad sobrenatural, también sufre los terrores que recorren los pasillos y las habitaciones del hotel. El niño tiene un acceso privilegiado a la historia que antecede a los Torrence: es confrontado por fantasmas, tiene flashes del pasado e, incluso, llega a tener visiones de un posible futuro en el que su padre se vuelve un asesino.

La literatura y el cine fantásticos más efectivos son aquellos que interpelan las certezas que existen en torno a la realidad. No parece extraño, en consecuencia, que el tiempo y el espacio, en tanto que estructuras que ordenan nuestra percepción del mundo, sean constantemente desafiados y deconstruidos en las obras que pertenecen a este género. Esto es algo común en cualquier historia de fantasmas: desde cierta óptica, un espectro es un quiebre en el tiempo, un elemento del pasado que invade el presente, un objeto o ser que ocupa un espacio que no le corresponde.

Ahora, el nivel de sofisticación de The Shining es completamente distinto, se encuentra en otro nivel (algo común en el cine de Kubrick). Podemos decir que la historia se centra en una casa embrujada y, siguiendo esta tradición, el Overlook Hotel es, en cierto grado, un personaje. Para ser precisos, debemos decir que es una entidad autónoma que dialoga con los personajes. El espacio se vuelve un agente activo en la estructura narrativa. Para empezar, posibilita la aparición de los elementos sobrenaturales —cabe recordar la famosa habitación 237—. Los fantasmas existen en tanto que son parte del edificio en cuestión.

Más importante resulta la arquitectura del hotel. El manejo del espacio es sutil, milimétrico. La película construye un lugar fantástico, no solo en tanto que está habitado por seres sobrenaturales, sino porque posee una arquitectura imposible. Si seguimos los recorridos que hacen los personajes, sobre todo Danny, notamos que atraviesan pasillos incongruentes con el diseño del edificio. Están atrapados en un laberinto, tal como se anticipa en una de las escenas iniciales: Jack observa un modelo del laberinto que adorna los jardines del hotel y, dentro, su hijo y su esposa juegan a perderse entre los caminos formados por arbustos.

La meticulosidad del discurso resulta abrumadora. La precisión geométrica que define las películas de Kubrick es bien conocida y ha sido ampliamente estudiada. Aquí, sirve para desarmar la lógica espacial a la que estamos acostumbrados. El espectador queda inmerso en un universo imposible, estructurado por leyes que se escapan a su comprensión.

Finalmente, y tal como se sugiere en la frase que citamos al iniciar, el horror real es humano: la posibilidad de que los habitantes del hotel sean alcanzados por la locura del Overlook, que queden atrapados en su historia. Esto es, por supuesto, un reflejo del mundo que habita el espectador, definido por horrores profundamente humanos y de los que, a veces, parece imposible escapar.

Irónicamente, a Stephen King no le gusto la adaptación de su novela. Según él, la película de Kubrick es demasiado “fría”. Pero esta precisión matemática es esencial al filme: el universo que el director construye resulta efectivo por sus distintos niveles simbólicos, por sus dimensiones metafóricas, por su capacidad reflexiva y crítica. La obra de Kubrick, todas sus películas, comparten esta cualidad: son textos artísticos que en ningún momento dejan de generar nuevos significados. En The Shining vemos esta genialidad puesta al servicio del terror. El resultado es un filme inquietante que recuerda cómo el verdadero horror se encuentra dentro de nosotros, en la historia que hemos construido y que no deja de pesar en nuestras espaldas.

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