La brevedad en un volumen inmenso. «Cuentos», de Thomas Wolfe

por | Sep 9, 2020

La brevedad en un volumen inmenso. «Cuentos», de Thomas Wolfe

por

Thomas Wolfe, Cuentos

Traducción de Amelia Pérez de Villar

Madrid, Páginas de Espuma

952 páginas, 32 euros

A la hora de acercarse desde la lengua materna a una obra escrita en un idioma ajeno es inevitable que se produzca un distanciamiento generado por la traducción del texto. Si, además, el texto se ha traducido cien años después, aparece nueva distancia –en este caso temporal– añadida a la anterior. Por lo tanto, como lectores, debemos asumir que las oraciones que leemos no son las que concibió el autor “originalmente”, sino que han sufrido un complejo proceso de doble interpretación.

Estos pequeños detalles son los que normalmente cualquier lector pasa por alto a la hora de enfrentarse a un autor extranjero. Sin embargo, desde la introducción que –como la traducción del resto de los textos del volumen– cuidadosamente ha redactado Amelia Pérez de Villar para este volumen de Cuentos (2020), de Thomas Wolfe (1930-1938), se alerta de que traducir es precisamente “recrear en lengua castellana lo que el autor ofreciera en la suya”. Por lo tanto, partimos de la idea de que estamos ante “una traducción total, no perfecta”, ya que “ninguna traducción lo es jamás, ninguna lo sería de la obra breve de Wolfe recopilada aquí, inabarcable”.

Tras este magnífico comienzo de una edición que no escatima en detalles –probablemente, gracias a la ayuda recibida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte– se recogen cincuenta y ocho relatos del escritor estadounidense hasta ahora inéditos en español. Resulta difícil establecer una característica común de todos ellos, ya que abundan los grandes saltos no solo en la temática, sino sobre todo en el estilo adoptado a la hora de narrar los hechos o describir los pensamientos del propio autor. Continuamente se salta entre relatos llenos de movimiento y diálogo a textos puramente descriptivos e intimistas. Los que forman parte de este segundo grupo están dotados por lo general de mayor lirismo, como ocurre en “La Muerte, ese hermano orgulloso”: “¿No nos has ofrecido tú, Muerte, tus severas vituallas, para aumentar el nombre que aumentaba y se tornaba locura lejos del alimento del que se nutría?”.

El futurismo parece que se establece como elemento presente en prácticamente todos los cuentos de Wolfe. Desde el comienzo del volumen, en el texto “El tren y la ciudad”, el autor estadounidense muestra su fascinación por la velocidad de los trenes, llegando incluso a convertir este medio de transporte en un lugar de contacto con gente de diferentes culturas.

A lo largo de las más de novecientas páginas del volumen se mantiene esa sensación de que los relatos comparten fuertes elementos biográficos de su autor. Estén narrados en primera o tercera persona siempre nos encontramos con ese escritor joven americano que se enfrenta a situaciones a las que perfectamente se podría haber enfrentado el mismo autor.

A pesar de que su país esté muy presente en los cuentos –prueba de ello es “Los nombres de la nación”: “Porque solo la tierra resiste, pero esta tierra es América y América es esta tierra; y mientras esta tierra resista, América resistirá. América es inmensa y duradera, tiene que resistir para siempre”– no solo se ocupa de retratar esos Estados Unidos de comienzo de siglo. En alguno de los relatos realiza un acercamiento a países europeos, recreando especialmente los ambientes de Inglaterra y Francia.

La descripción de la paliza que un hombre blanco le da a otro negro en “El rostro de la guerra”, o esas mujeres que “no iban pintadas como putas ni exhibían una conducta indecente ante los hombres” de “Una de las muchachas de nuestro grupo” podrían ser blanco fácil de críticas feroces. Pero esperemos esta publicación pase inadvertida ante los juicios para los defensores acérrimos de las ideas de la cultura de la cancelación y podamos seguir disfrutando las obras de este autor estadounidense.

Cuentos logra abarcar la brevedad de Wolfe en un volumen inmenso. No solo por su número de páginas o la gran cantidad de textos que recoge, sino por el cuidado que demuestra la editorial madrileña al concebir una obra tan universal, exigente e inabarcable –palabra que utilizó el propio Wolfe para referirse a su obra–.

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