“Más allá del equinoccio de primavera”: redescubrir lo humano en un clásico japonés

por | Feb 27, 2019

“Más allá del equinoccio de primavera”: redescubrir lo humano en un clásico japonés

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Natsume Sōseki, Más allá del equinoccio de primavera

Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés

Madrid, Impedimenta

336 páginas, 22,50 euros

Reseñar un clásico puede parecer innecesario. Su estatus de obra universalmente aceptada como valiosa, para una cultura o, en general, para el mundo, debería ser testimonio suficiente de su calidad. Esto parece especialmente obvio al hablar de Natsume Sōseki (Edo, 1867-Tokyo, 1916), uno de los escritores más importantes de la literatura japonesa moderna, cuyas obras han sido ampliamente traducidas. Asimismo, la publicación de Más allá del equinoccio de primavera (1912) en España, a más de un siglo de la edición original, es prueba del valor que esta novela tiene para la literatura. Aun así, esto mismo plantea ciertas interrogantes para el lector moderno, especialmente para el hispanohablante. Al encontrar una obra tan lejana, tanto en el tiempo como en la geografía, es difícil no preguntar qué ofrece a un público contemporáneo.

La historia se centra en Keitaro, un joven recién graduado de la universidad, sin empleo, que no sabe qué hacer con su vida. Descrito en la contracubierta de la edición española como un “típico antihéroe sosekiano”, ciertamente recuerda a otros protagonistas del autor. Por ejemplo, al de Kokoro (1914), publicada dos años después, obra clave en la literatura del japonés. En resumen, Keitaro se encuentra en una encrucijada vital y no sabe hacia dónde ir. Sus dudas, referentes a la vida laboral, señalan al autodescubrimiento y, más allá, a la necesidad de entender el mundo que lo rodea. Por esto, no sorprende que, eventualmente, la cuestión del trabajo pase a un segundo plano. El verdadero centro de la novela son las historias de quienes rodean al protagonista, desde la vida errante de Morimoto, compañero en la residencia donde Keitaro vive, hasta el complejo círculo familiar de su amigo Sunaga y, en especial, la relación con la prima, Chiyoko. Entrar en contacto con el mundo interior de otras personas permitirá al protagonista redescubrir su propia interioridad.

Este es un tema que, sin duda, fue el principal foco de interés de Sōseki: las relaciones humanas. Como escritor, se preocupó por desvelar los complejas contradicciones que definen a las personas y que, por lo general, se esconden tras una máscara de tranquila cotidianidad. En otras palabras, sus novelas quieren desvelar lo que ocurre tras bambalinas: cómo todos, sin importar qué tan calmados seamos por fuera, escondemos historias que, por pequeñas, no dejan de mostrar una belleza particular. En esta línea, otro de los problemas que obsesionó al escritor, y que sale a relucir en esta obra, fue la incomunicación. Especialmente en la historia de Sunaga, se explora cómo la incapacidad de expresar lo que sentimos y de entender, por tanto, quiénes somos determina nuestras relaciones y afecta a quienes nos rodean. La soledad es la cuestión que subyace.

Italo Calvino afirma que un clásico es un texto que nunca termina de decir lo que tiene que decir. La obra que discutimos es un claro ejemplo de este principio y no solo por el interés específico que muestra como representante de la cultura nipona o como testimonio de una época llena de contradicciones —en Japón y en el mundo—; sino que además no deja de hablar al lector común. Las historias que contiene, aparentemente inconexas, aunque unidas por una preocupación y un grupo de personajes comunes, resultan extremadamente humanas y, por esto mismo, despiertan la empatía de quienes leemos. Resulta irónico que en esta época, definida por la interconectividad de las redes sociales, la incomunicación siga representando un problema. Sin embargo, la historia de Sunaga, la más larga del libro, nos interpela y recuerda cómo, a pesar de las diferencias entre la sociedad en la que vivió Sōseki y la nuestra, diametralmente opuesta en muchos aspectos, siguen existiendo puntos de encuentro. Más allá del equinoccio de primavera obliga a reflexionar, muestra una cultura diferente que, al mismo tiempo, tiene mucho que decir al lector contemporáneo. Más importante, en tanto que discurso literario, reta nuestra manera de pensar y, por tanto, sigue generando nuevos significados

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