¿Qué nos hace humanos? “Los empleados”, de Olga Ravn

por Abr 17, 2023

¿Qué nos hace humanos? “Los empleados”, de Olga Ravn

por

Olga Ravn, Los empleados

Barcelona, Anagrama

128 páginas, 17, 90 euros

Los empleados es una novela de ciencia ficción distópica publicada en 2018, escrita por Olga Ravn (Dinamarca, 1986) y traducida al español por Victoria Alonso (Zamora, 1961), publicada en España por la editorial Anagrama en enero de 2023. La inspiración para escribir este libro surge de otra obra artística, una exposición de esculturas de la artista Lea Guldditte Hestelund (Dinamarca, 1983). Los objetos sobre los que gira la narrativa de toda la historia son sacados de ella, junto con sus cualidades y formas exóticas, voluptuosas y sensoriales.

Esta obra no sigue un orden lineal de acontecimientos, sino que expone una trama desde la fragmentación de testimonios de los personajes que la conforman. En esta historia conviven humanos y humanoides dentro de un mismo espacio, la nave seis mil. Estos pasajes están desordenados, censurados e incluso falta alguno de ellos, lo cual, aunque nos hace observar a través de la vista de pájaro, puede resultar confuso hasta que no se llega al final. Esto proporciona al lector una imagen general que interpretar, más que una trama que leer. Esta narración también goza de la frialdad de la que el estilo bebe para aparentar una crónica de acontecimientos más o menos objetivos.

Durante toda la obra no hablaríamos de ningún personaje individual, sino tres grandes colectivos: los humanos, los de apariencia humana y la clase de poder de Homebase. Durante la línea temporal, nos damos cuenta de que la relación entre los humanoides con los humanos y con la clase gobernante va cambiando, pues al principio se muestran dóciles y controlables, pero luego no pueden evitar querer revolucionarse (en su mayoría) y empezar a evolucionar, escapando de las garras del poder humano.

Los propios humanos se van deteriorando junto a su poder, pues realmente, aunque la clase de poder en Homebase es humana, distan mucho de los trabajadores que lo son. La lucha se da entre dos tipos diferentes de trabajadores (humanos versus humanoides), cuando los que realmente tienen la culpa de la sublevación se encuentran lejos, seguros y dando órdenes. Por lo tanto, en esta microsociedad se pueden distinguir tres clases sociales que forman una pirámide de privilegios descendente.

“Parezco un ser humano y siento como un ser humano, y estoy formado por los mismos elementos. ¿Lo único que falta es que en vuestros documentos modifiquéis mi estatus? ¿Es una cuestión de denominación? ¿Me convertiría en humano si vosotros me llamarais humano?” (Testimonio 052, página 42). En esta cita, el humanoide que testifica reflexiona sobre qué es lo que nos hace a nosotros humanos y qué hace que él sea tratado de manera diferente si tiene todas las cosas que hacen falta para ser considerado como tal, salvo el nombre. Este argumento se ve usado en el mundo de la distopía desde hace tiempo, no es una idea nueva. El problema de denominación se ve antes en obras como 1984, de George Orwell, cuyo planteamiento central es cómo la supresión de palabras en el lenguaje suprime, por tanto, la existencia de esos conceptos o derechos, como puede ser el caso de “libertad”.

Este modelo de sociedad no dista mucho de la nuestra en el sentido económico, pues es de corte capitalista, en la cual se “vive para trabajar” y no se “trabaja para vivir”. En esta sociedad, como en la nuestra, se ven las emociones como un obstáculo para el rendimiento. Con el auge del tratamiento público de la salud mental, hemos podido ver lo necesario que es no esquivar el malestar para rendir mejor, pues hace efecto rebote, pero aun así se ve con gran estigma social, sobre todo, en el mundo profesional, tener estados anímicos que te impidan hacer tu trabajo. Si no lo puedes realizar, tu cometido como ser humano no se está cumpliendo. Por ello, en la obra, por ejemplo, proporcionan de hologramas a los padres que tuvieron que abandonar la Tierra dejando a sus hijos detrás. Les dan estos instrumentos de simulación para recibir estímulos afectivos y que la añoranza de su hogar y sus hijos no sea un obstáculo en la ejecución de sus tareas. Aunque les proporciona un consuelo inmediato y poco duradero, a largo plazo van desligándose cada vez más de su propia identidad, alienándose de su propio ser, casi proporcionalmente a la distancia a la que se alejan de la Tierra.

Todo ello nos hace pensar por qué entonces, los humanoides son humanoides y los humanos, humanos. ¿Qué nos hace humanos? Está claro que el trabajo no, la biología tampoco, ni los sentimientos o la capacidad de razonar, pues si esto fuera así, los humanoides entrarían dentro de esta categoría. Lo curioso es que cuanto más quieren conseguir estos la humanidad, los humanos más la aborrecen, pues van pasando por un proceso lento de deshumanización en el que se convierten en vasijas vacías de todo contenido.

En cuanto a su forma se podría decir que es innovadora, pero desde luego los argumentos que expone no lo son tanto. Es una lectura bastante corta y entretenida, pero no aporta ninguna reflexión nueva al panorama de la ciencia ficción distópica, por lo que si se buscan deja vus queda recomendada. Si se busca nuevo territorio por conquistar, se queda corta, pues se sigue sin contestar a la pregunta que se plantea. ¿Qué es lo que realmente nos hace humanos?