Al arte vendido llámalo Marketing. “A star is born”

por | Ene 12, 2019

Al arte vendido llámalo Marketing. “A star is born”

por

A star is born

Director: Bradley Cooper

Reparto: Lady Gaga, Bradley Cooper, Andrew Dice Clay, Dave Chappelle

Duración: 135 minutos

El actor y ahora director Bradley Cooper (Filadelfia, 1975) le ha dado una nueva oportunidad a la película A Star is Born interpretando a Jackson Maine, reputado rockero que, por azar, conoce en un bar a una cantante que le saca de su rutina decadente de conciertos y adicciones. Lady Gaga, con su primer papel protagonista, da vida a una joven en el inicio de su carrera.

En unos años en los que la nostalgia es la mejor llamada a la acción para vender entradas, camisetas y encasquetar refritos, tenemos que plantearnos otros motivos por los que un artista quiera expresarse a partir de una obra ya realizada para no prejuzgar estas decisiones —con cierto tufo empresarial—. Según el director, la “excusa” de relanzar una historia con cuatro adaptaciones a sus espaldas fue la emoción de su trama, que le servía como puente para contar una historia sobre la familia y la infancia. Es decir, la motivación no parte de la seguridad de vender un producto que ya está aceptado por el público, sino de cuestiones meramente artísticas.

En un negocio que se nutre de las emociones de las personas que generan ese “contenido”, la mercantilización y la variación de las obras por intereses económicos genera frustración y en Ha nacido una estrella tenemos buen un ejemplo. El rockero Jackson Maine hace música siendo honesto consigo mismo, aunque sus espectáculos vayan a menos. El personaje de Ally, a su vez, por desconocimiento y por querer aprovechar las oportunidades, entra al juego de la industria: hace la música que le piden.

Según el director, la elección como protagonista de Lady Gaga se debió a la necesidad de un “poder nuclear en la voz” de la actriz que interpretara al personaje de Ally, pero curiosamente su fichaje nos permite divagar sobre algunos detalles que van más allá de esta película y que mezclan pasos de la carrera de la artista neoyorquina con la ficción, como el título de su primer trabajo, The Fame (La fama), y la reedición del mismo, titulado The Fame Monster (El monstruo de la fama), con un claro mensaje sobre las consecuencias del éxito del primer disco. Ally, en perfecto equilibrio con la realidad, vende su presentación a los medios generalistas con la canción What did you do that? con una letra completamente hueca, hablando de mensajear y vaqueros apretados.

La persona y el personaje recorren el mismo camino. Ambas saben lo que vende y van a por ello. En el futuro, cuando tengan el poder sobre sus carreras, comenzarán a tomar decisiones. Hasta entonces, las necesidades de los demás mandan. Desconocemos si Lady Gaga era consciente del patente desprecio hacia la música pop del que se hace ostentación en algunos momentos de la grabación, aunque gracias a las diferencias en los temas musicales elegidos en cada momento y su contexto nos hace pensar que sí, entrando en una lectura que supera los límites de la ironía.

Pop como ausencia de personalidad, de sentimiento. El tema que Ally canta en el famoso programa norteamericano descoloca y rompe la musicalidad de la película. No es ella aunque cante con las mismas pretendidas ganas que las veces anteriores. Es impostura, y como ejemplo la cara disgustada de Jackson durante la actuación, quizá el mejor retrato de este discurso.

Sea pop, sea folk o indie, para que la música sobreviva se debe dar desde la autenticidad. La polémica que comenzó con la cantante Rosalía y la apropiación cultural tiene las patas muy cortas si se comprende que una buena composición no puede nacer de una concepción meramente mercantilista, pero si esta surge de la pasión es completamente legítima. Da igual el género en el que te enfundes si lo sientes como propio, tengas o no raíces.

Esta película trata de la venta de identidad de los artistas. Dos creadores se unen para disfrutar de una pasión común que no responde a gustos ajenos, pero las necesidades del mercado acaban por enturbiarlos. Ante esto, la mejor defensa es hablar de uno mismo con voz propia o no seremos capaces de hablar sobre los demás.

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