The A list. Drama, misterio y bailes de instituto

por | Oct 9, 2019

The A list. Drama, misterio y bailes de instituto

por

The A list

Dirección: Dan Berlinka y Nina Metivier.

Reparto: Lisa Ambalavanar, Ellie Duckless, etc.

Duración: 13 capítulos de 25 minutos.

En un momento en el que la proliferación de series protagonizadas por adolescentes parece incesante, Netflix apuesta de nuevo por este modelo en uno de sus últimos éxitos. En esta ocasión, se ha encargado de impulsar al panorama internacional The A list, una producción británica de la BBC de 2018, aclamada por los clientes del streaming que ya exigen la segunda temporada. La serie, que consta de 13 capítulos de unos 25 minutos cada uno, sigue la línea temática de Élite o Baby, involucrando a un grupo de adolescentes en una serie de misterios que deberán resolver, aunque, en esta ocasión, incluye el elemento de lo sobrenatural.

Se ambienta en la isla Peregrine, donde acude un grupo de jóvenes para asistir a un campamento de verano, en el que el drama teen estará servido: las luchas de poder, los amores —y desamores— y una cantidad ingente de hormonas configurarán las inestables relaciones de convivencia entre los protagonistas. A la cabeza se encuentra Mia (Lisa Ambalavanar), encarnación de los mecanismos de la reina del baile, quien parece opositar a líder absoluta del grupo. Sin embargo, encuentra oposición con la misteriosa e inesperada aparición de Amber (Ellie Duckless), encargada de trastocar el planteamiento inicial y hacer que la ficción trascienda a un plano superior. Los sucesos inexplicables acompañan cada una de sus acciones, y comienza a cautivar de forma siniestra a cada miembro del campamento hasta hacerse con el dominio absoluto del mismo. Mia, aislada y relegada a la marginalidad, se verá en la tesitura de investigar qué secretos esconde Amber y los peligros que estos entrañan.

Al principio, el espectador creerá encontrarse ante el típico drama adolescente, y es que la ficción británica da buena prueba de ello: un grupo de personajes arquetípicos enfrentados a problemas insustanciales, con una trama pobre y predecible, y en la que se antoja difícil empatizar con ninguno de los personajes. No se explica de dónde viene la buena acogida de la serie con estos condicionantes. Pero esta situación se va moldeando, y el personaje de Amber, así como sus acciones, se oscurecen, formando un halo de misterio que suscitará diversas cuestiones, principalmente relacionadas con su capacidad de manipulación y el extraño influjo que genera sobre los demás. Con el resto del campamento sometido a la voluntad de su enemiga, Mía creará una alianza con los marginados, aquellos que no suponen una amenaza para Amber, e investigarán los misterios de la isla Peregrine y su relación con Amber, lo que los lleva a enfrentarse a amenazas sobrenaturales y a descubrir la conexión entre su propio pasado y el de la isla.

A pesar de que el concepto en el que se basa The A list podría llegar a ser brillante, el bajo presupuesto y la mala ejecución en muchos aspectos hacen que la idea se vaya deformando hasta la decepción. Y es que a los escasos recursos técnicos empleados en algunos momentos que los requerían, la pobre calidad de las interpretaciones o la linealidad y repetitividad de los diálogos hacen perder fuerza a la historia. Una historia que, a su vez, se ve saturada por la innecesaria introducción de tramas secundarias insustanciales, que no solo no aportan nada a la línea principal, sino que la ralentizan haciéndola perder dinamismo. Pero lo más grave tiene que ver con el desarrollo del misterio central de la producción, y con la manera tan burda de dar explicación a las incógnitas que mantienen al público en vilo. Tratan de aproximarse a la justificación científica de una forma tan torpe como insuficiente, hasta el punto de resultar incongruente; además de demostrar que la motivación principal de la villana es insignificante, propia de un drama de instituto, lo que reduce el atractivo que había ido adquiriendo el personaje de Amber.

En definitiva, aunque The A list ha sido definida como un Perdidos adolescente, dista mucho de acercarse lo más mínimo al material de J.J. Abrams. Es muy cierto que, cuando comienza a desarrollarse, saber qué esconde la isla Peregrine provoca cierta adicción, pero el desarrollo de la trama deja en su desenlace mucho que desear siquiera para tales comparaciones. Entretener… entretiene, pero parece que una vez más se demuestra eso de que la cantidad —en esta ocasión referida al fandom de la serie— no implica calidad, por lo que habrá que ver si la tan solicitada segunda temporada se materializa y el camino que toma.

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