La huella de las fronteras. “El sistema del tacto”, de Alejandra Costamagna

por | Feb 26, 2019

La huella de las fronteras. “El sistema del tacto”, de Alejandra Costamagna

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Alejandra Costamagna, El sistema del tacto

Barcelona, Anagrama

192 páginas, 16,90 euros

Una bolsa, una maleta. Tómala y cruza el océano sin mirar atrás, que atrás nada queda. Un cerrar los ojos y caminar a ciegas, así son las migraciones; dejar todo por una causa mayor que te supera, y verte obligado a huir en busca de una vida mejor. Tal vez. Y parece que quedan lejos las migraciones masivas, que son cosa de otros siglos, de los libros de texto y de las historias de nuestros abuelos. Pero no, no es un pasado olvidado. Es el presente de muchos al respirar el primer rayo de luz de la mañana y dar las gracias por seguir con vida; por que las aguas no los traguen; por no encontrarse un muro; por no ser devueltos. Esta actualidad que nos rodea da sentido a la obra de Alejandra Costamagna (Santiago de Chile, 1970), finalista del premio Herralde de novela.

El sistema del tacto narra las vivencias de dos personajes, Ania y Agustín, que se ven enmarcadas por el pasado de la madre de este. Nélida, de origen italiano, se vio obligada a dejar su país para trasladarse a Argentina: la tierra de las promesas y los sueños. Perfecto lugar para empezar de nuevo lejos de aquella Italia de posguerra. A pesar de conseguir sus objetivos (y obligaciones), su lugar de origen la perseguirá con el paso de los años y sus familiares serán testigos de los fantasmas que nublan su mente. Sin embargo, el lector no llega a conocer a Nélida en primera persona. La percepción de los acontecimientos viene dada a través del plano temporal de Agustín, situado en las últimas décadas del siglo xx; y el de Ania, a principios del nuevo milenio. La vida de él gira en torno a sus clases de dactilografía y la extraña fijación que tiene por la chilenita, su sobrina que viene el país vecino. A su vez, esa chilenita es Ania, que, ya como adulta, debe volver a cruzar la cordillera hacia la Argentina de sus antepasados para reencontrarse con su tío, quizás por última vez. Para ella, será un viaje a la infancia en el que redescubrirá aquellos recuerdos que creía olvidados. Sola tendrá que hacer frente a sus traumas y miedos.

Costamagna decide contarnos la historia de forma indirecta, así la experimentamos en nuestras propias carnes. Se imagina un gran puzle donde hasta la pieza menos llamativa es de gran importancia ante la imagen que se está proyectando. Junto con los pasajes a dos tiempos de Ania y Agustín, se intercalan fragmentos de novelitas de terror, cartas en italiano del pasado, fotografías tan reales como las que se suelen guardar en los álbumes del salón, pasajes de un manual de inmigrantes y ejercicios de dactilografía, entre otros. Su libertad narrativa conecta entre sí todos los elementos y consigue crear un relato que rezuma un sentimiento de añoranza constante y, sobre todo, desorientación. Todo encaja perfectamente para sorpresa del lector que, aunque en un primer momento se puede encontrar perdido (como sus personajes) ante los saltos temporales y la variedad de retales adjuntos, al final consigue vislumbrar el relato al completo. Las emociones reflejadas a través de Ania y Agustín atraviesan la cubierta para ser absorbidas por el lector.

Como resultado, no solo tenemos entre manos un ejemplar que traspasa fronteras y accidentes geográficos, sino que, además, asistimos al enfrentamiento interno que es sentirse como un completo extraño en el lugar que, según pensábamos, era nuestro hogar. Pero, sobre todo, nos muestra las redes que se tejen para unir a los diferentes personajes y, aunque no se nos cuenta todo lo ocurrido, llegamos a conocerlos profundamente, mejor que a nosotros mismos en algunos aspectos. Realizamos un viaje en el que, además de las fronteras físicas, traspasamos las fronteras íntimas para llegar a vivir sus pensamientos y ensoñaciones. A través de sus ojos sentimos, incluso, cómo hay momentos en los que la realidad les sobrepasa y desean huir para desaparecer en sí mismos. Por eso, ante todo, El sistema del tacto es una novela sobre el alma humana en relación con su entorno, dejando un rastro nostálgico en cada página que nos va guiando con tacto por las teclas de esa máquina de escribir.

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