Memorias de un lector. “Una cierta idea del mundo”, de Alessandro Baricco

por Jul 3, 2020

Memorias de un lector. “Una cierta idea del mundo”, de Alessandro Baricco

por

Alessandro Baricco, Una cierta idea del mundo

Barcelona, Anagrama

680 páginas, 22,90 euros

Muchos son los discursos que abordan el tema de la noción de autoría y el de esa fina línea que la separa del texto literario: Meizoz y el ethos; Foucault y la postura autorial; Barthes y la muerte del autor. Sí es verdad que hace décadas el único conocimiento que podía tener el lector acerca de sus escritores predilectos era, con suerte, la fotografía y los breves datos biográficos de la solapa de sus libros. En casos contados, si el escritor resultaba ser universal —posiblemente ya fallecido— se podía llegar a encontrar una biografía detallada en su nombre. Ahora, las nuevas tecnologías ponen a disposición de una rápida búsqueda en internet un amplio abanico de información que dota a los autores de una identidad determinada. La obra como texto aislado ya no es suficiente, más si le sumamos las numerosas presentaciones de libros, las firmas, las entrevistas y las actuales charlas por videoconferencia. Para que un autor pueda vivir de su escritura ya no basta con deslizar la pluma y dejarse conocer a través de su trazo; ahora dependen de su propia marca; de venderse ante el público legitimador que son los lectores. Para ello, se han vuelto indispensables epitextos como la interacción en las redes sociales, las conversaciones públicas, los artículos de opinión y demás productos. En concreto, parece haber un incipiente interés por las estanterías que rodean a estos escritores, es decir, por los libros que acompañan su escritura. De este interés, autores como Eloy Tizón con su Herido leve (2019) intentan retratar lo que el autor madrileño denomina como “memoria lectora”. A este reciente hábito ya se adaptó Alessandro Baricco (Turín, 1958) en 2013 con Una cierta idea del mundo, obra que publicó Anagrama este año en su traducción al español. De la tarea solitaria que suele ser la lectura (además de la escritura), hay un intento de exteriorizarla y despojarla de la intimidad de la estantería, como explica el autor italiano: “me apetece hablar de libros en un momento en el que ya no parece tan importante contarse cuáles son buenos y cuáles no, discutir un poco, tomar partido”.

Baricco ya era considerado un novelista de alcance internacional por novelas como Océano mar (1993) o Seda (1996), y en alguna ocasión también se había inclinado por la escritura de ensayo como en Next (2002), sobre la globalización, y en The Game (2018), sobre la revolución tecnológica. Pero como todo autor que, ante todo, es lector, cede a la necesidad imperiosa de compartir sus cincuenta lecturas más destacadas de la primera década del siglo XXI. Para ello, recurre al formato de breves reseñas de estilo libre, abiertas a la subjetividad y a la reflexión personal. Escribió una por semana hasta que tomó forma de libro completo. No obstante, es destacable la selección arbitraria de las lecturas, como él dice: “basta con que tengan forma de libro”. No hay un intento de alimentar una apariencia autorial de erudito, ni de excluir todo libro que no sea considerado un clásico. Incluye reseñas de autores tan dispersos como J. M. Coetzee, Javier Cercas y Giuseppe Tomasi di Lampedusa; pero también escoge libros de ensayo, como aquel de Isaiah Berlin de Las raíces del Romanticismo; biografías como la de la tenista Suzanne Lenglen; o, incluso, obras históricas como La Guerra del Peloponeso de Donald Kagan.

Las pequeñas reseñas de Baricco suelen pecar de tener un destinatario incierto que se disuelve a lo largo de las páginas de forma que, a veces, parece dirigirse a unos lectores neonatos y, otras, a grandes devoradores de libros. También es fuerte su subjetividad y la falta de argumentaciones que refuercen su opinión, pero no llega a ser un impedimento cuando, en esencia, es esa subjetividad la que atrapa al lector. Y aun sin ser un libro de crítica literaria al uso —con una teoría trabajada y contrastada— llega a esconder entre sus páginas alguna que otra reflexión sobre temas metaliterarios y otros aspectos culturales como el Romanticismo o la Modernidad y el nazismo, entre otros. Sobre todo, hace reflexionar acerca de la universalidad de la literatura. Si bien es verdad que Anagrama publica el número con un retraso considerable —nada menos que como una propuesta comercial— y eso afecta al aroma de actualidad del texto, no deja de ser interesante su disparidad tanto temporal, como temática y, en especial, locativa. Ciertamente se nota su origen italiano, pero su discurso goza de una visión amplia, dirigida hacia todo tipo de públicos y nacionalidades. Es por ello que destaca ante todo una cita—y con ello explica su título—: “la mitad de la grandeza de un escritor es saber aislar una pieza concreta del mundo, seleccionando, casi a ciegas, aquella en la que todo el mundo está escrito”. Queda, en última instancia, una dualidad en torno a esa “cierta idea del mundo”, la que intenta atrapar el escritor y la que cobija, en su estantería, todo lector.

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