Mi voik. ‘’Dejad que el río fluya’’

por May 9, 2024

Mi voik. ‘’Dejad que el río fluya’’

por

Dejad que el río Fluya

Dirección y guion: Ole Giaever.

Reparto: Ivar Beddari, Bernt Bjørn, Maria Bock, Gard Emil Elvenes, Mikkel Gaup, Ingar Helge Gimle, Hanne Mathisen Haga, Eirik Hallert, Stig Frode Henriksen, Ella Marie Hætta Isaksen, Sofia Jannok, Johannes Joner, Espen Mauno, etc.

Música: Ola Flottum.

Fotografía: Marius Matzow Gulbrandsen.

Duración: 118 min.

2023.

En esta cinta se nos presenta la historia de una joven de nombre Ester (Ella Marie Hætta Isaksen), que en los años 70, vuelve a su tierra natal en Finnmark, al norte de Noruega, para ejercer por primera vez como profesora en un colegio tras finalizar sus estudios. Ella y sus padres – su padre ha fallecido y su madre se ha vuelto a casar con un noruego, con el que ha tenido un hijo – pertenecen a la etnia Sami, pueblo indígena localizado en la región ártica, cuya población, que en la actualidad cuenta con unos 70.000 integrantes, se distribuye entre Noruega, Suecia, Finlandia y Rusia. A lo largo de los últimos siglos, estos estados han llevado a cabo distintas políticas de asimilación, más o menos agresivas, que han pretendido la desaparición del modo de vida tradicional de estos grupos poblacionales. Así, al regresar al pueblo donde se crió, la protagonista se encuentra con la inminente realización de un proyecto urbanístico, que hará desaparecer el río Alta, indispensable para que sus congéneres puedan seguir realizando sus principales labores de subsistencia, la pesca del salmón y la ganadería de renos; añadiendo la profunda crisis emocional individual y social, que provocará este cambio en el paisaje, dada la importante conexión del pueblo Sami con el entorno natural que le rodea. La película no solo narra las protestas llevadas a cabo por Samis y noruegos por la conservación del río Alta y de la identidad e integridad de las poblaciones indígenas; es el viaje personal de Ester, a través de su olvido de las tradiciones, de su rechazo y de su vergüenza, para rescatar su sentido de pertenencia, lograr la aceptación de su identidad, y ser capaz de plantar cara a aquellos que continúan colonizando su tierra.

A lo largo del largometraje, Ester pasa del desinterés, que oculta su miedo a ser discriminada en su nuevo trabajo, por sus compañeros mayoritariamente noruegos, y un vago compromiso con las protestas que ocurren a la orilla del río – principalmente impulsado por su primo Mihkkal (Gard Emil), que muestra abiertamente su origen cultural –; a sentir la lucha que debe llevar a cabo, como una parte indispensable de su vida y de la de su familia. Marius Matzow Gulbrandsen, encargado de la fotografía de la película, hace mucho énfasis en los debates internos que sufren los personajes, con planos lentos, muy centrados en la gestualidad y las facciones de un elenco fantástico. También es capad de captar con unos colores nítidos y brillantes, la indómita belleza que habita en el paisaje y en los corazones de los que en él viven, evidenciando el vínculo indisoluble, material y espiritual, que impide que marchen, a pesar de las políticas violentas que se les llevaban imponiendo desde el s. XIX, por el Estado Noruego. También es muy relevante en el desarrollo de los personajes, el uso del Gákti, el traje tradicional sami. A través de él se muestra la postura que cada personaje ostenta con respecto a su identidad cultural: Ester al inicio de la película nunca lo viste, y comienza a ponérselo ocasionalmente en las concentraciones y protestas, vistiéndolo casi continuamente al final de la película; por el contrario Mihkkal, lo usa perpetuamente, no tanto como símbolo político, sino por que lo considera su vestimenta diaria; la madre de Ester, por el contrario, solo lo usa en los ritos tradicionales, mostrando que si bien se reconoce como Sami, ha renunciado a que esta identidad tenga un lugar determinante en du vida diaria – ella le cuenta a Ester, que ella y su padre, fueron educados en los internados en los que el gobierno confinó a los niños Samis con el fin de llevar acabo un genocidio cultural, desvinculándolos de sus orígenes, explicando así su postura actual, debida al maltrato que allí vivieron –; el hermanastro de Ester, mitad Sami, mitad noruego, nunca viste el Gákti, en parte por el desagrado que le produce a su padre, que insiste en que todos son noruegos, Samis o no, y en parte por desinterés heredado – esto se ejemplifica perfectamente cuando su hermana le regala el gorro de su padre, parte de su Gákti, y el niño lo descuida inmediatamente –.

En realidad, lo más interesante de la película, quizás sea Ester y la relación que tiene con los distintos miembros de su familia, y como esta configura y tensiona las decisiones de la protagonista. Hay en ella un claro deseo de recuperar un sentido que le ha sido arrebatado, el de un padre que no pudo seguir pescando, porque la explotación del medio natural hizo desaparecer todos los peces, y el de una abuela que le cantaba voiks – canciones tradicionales, normalmente improvisadas, que trataban sobre animales, lugares y personas, llegando a ser una especie de segundo nombre –, que ella a duras penas es capaz de recordar. Por otro lado, se encuentra con la oposición de su madre, su padrastro y su hermanastro, que representan el olvido sin reparación, un seguir hacia delante para sobrevivir, y sobre todo para no volver a sufrir lo que sufrieron sus antepasados. En contraposición, están los jóvenes Samis que participan en las protestas, y que reivindican inamovibles su derecho a poblar las tierras del modo en que lo ha hecho su pueblo desde hace siglos – ante la imposibilidad de realizar ese objetivo, tendrá lugar una tragedia que los sacudirá a todos y que evidencia el carácter destructivo de las fuerzas colonialistas silenciosas, que no necesitan usar la violencia física para sedimentar y eliminar los obstáculos que les impiden llevar acabo la eterna reproducción de la industria capitalista –.

Antes de la valoración general del filme, y para finalizar quiero destacar la última escena de la película, de un simbolismo bellísimo y liberador, que cierra perfectamente el ciclo de la protagonista. Ester, acompaña a su casa a Ainu, el único niño sami al que da clase en el colegio – y al que trata de ignorar y rechazar a lo largo de la película, precisamente por que muestra todo lo que ella teme y desea ser al mismo tiempo –, tras haberse enfrentado a las burlas de los demás profesores por su participación en las manifestaciones, y este le pide que le cante un voik como los que su madre le cantaba para dormir. Así Ester después de aclararse la garganta cohibida, y mientras contempla su reflejo tenuemente iluminado en el cristal de la ventana, le canta el de Mihkkal – cuya historia supone para ella el punto de inflexión definitivo, que le permite enfrentarse al dilema identitario que la asfixia –.

A modo de reflexión final, si es que es necesario decirlo más explícitamente, Dejad que el río fluya, es una película impactante que muestra las múltiples faces del horros colonial en su etapa más tardía, la de la lenta agonía cultural y social del pueblo colonizado. Nos presenta todas aquellas realidades que expolian a las comunidades indígenas: la degradación del medio natural – en las últimas décadas profundamente marcado por el cambio climático –, la negativa a ofrecer una posibilidad de autogobierno, interna o externamente al estado, las prohibiciones de poseer tierras – en 1902 se promulgo una ley que impedía la posesión de terrenos a aquellos que no fueran hablantes de noruego –, etc. Pero sobre todo nos presenta la lucha a vida o muerte, que para los Samis y otras etnias del Ártico, y otras regiones del globo, significa la desaparición de sus medios de vida, ya que no solo no desean, sino que les es imposible, llevar una vida occidentalizada en las urbes, sin que esto suponga una herida permanente, que también será la de sus descendientes.

Bibliografía:
CONDE PÉREZ, Elena: Las poblaciones indígenas del ártico: realizaciones de su Derecho de libre Determinación, Madrid: Universidad Complutense de Madrid, 2020.