Mismos textos, diferentes transmisores. “La traducción en Europa durante la Edad Media”, de E. Borsari et al.

por | Sep 25, 2019

Mismos textos, diferentes transmisores. “La traducción en Europa durante la Edad Media”, de E. Borsari et al.

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Elisa Borsari (coord.), La traducción en Europa durante la Edad Media.

San Millán de la Cogolla, Cilengua 

326 páginas, 18 euros.

Como se señala en el capítulo dedicado a la traducción en la Castilla medieval, “sorprende la homogeneidad de la mayor parte de los textos traducidos, lo que pone de manifiesto la estrecha relación cultural existente en el occidente europeo”. Esta es la idea general que subyace a lo largo de la monografía: cada uno de los territorios europeos, si bien contaban con sus propias peculiaridades traductológicas, fueron testigos de la traducción de un conjunto de obras comunes consideradas de especial trascendencia sobre todo desde una perspectiva didáctica. Por tanto, si se traduce siempre un corpus similar de obras en territorios tan distantes como Castilla, Alemania o Islandia, necesariamente debió de existir comunicación cultural entre ellos y, por tanto, un importante bagaje intelectual común.

La monografía se ha estructurado en un conjunto de diez capítulos encuadrados entre un prólogo y un epílogo. Cada uno de ellos está dedicado a describir las características más representativas del panorama traductológico medieval en un territorio del occidente europeo: Francia, Inglaterra, Alemania, Escandinavia, Castilla, Portugal, Corona de Aragón e Italia. Si bien se dan variantes en función de cada uno, desde un punto de vista traductológico, se repiten siempre los mismos patrones: 1) Ausencia de traducciones durante los siglos altomedievales, salvo por algunas glosas; 2) Predominio, a partir de los siglos x-xi, de las traducciones procedentes de textos latinos muy difundidos por el occidente europeo; 3) Declive (aunque no desaparición) de las traducciones latinas durante los siglos bajomedievales e incremento de aquellas que toman como lengua de partida el francés o el italiano, cambio motivado por el creciente interés suscitado por los ciclos artúricos o la Materia de Bretaña en los círculos de la nobleza culta y el resurgimiento de los saberes clásicos en la Italia humanista. La sucesión de estos mismos patrones capítulo tras capítulo puede resultar repetitiva. No obstante, de ahí parte precisamente el interés de la monografía: demostrar que en el occidente europeo medieval existió una cultura más o menos homogénea de transmisión de textos y, en consecuencia, de ideas y conocimientos, entre los distintos territorios del continente.

Junto a este recorrido por territorios, se incluyen dos capítulos que rompen con el esquema anteriormente descrito pero que son útiles para ampliar el conocimiento sobre el panorama traductológico del occidente europeo medieval. Por un lado, aquel sobre las glosas latino-griegas como raíz de las futuras traducciones al romance precede estratégicamente al resto de los trabajos, pues, además de presentar a los glosarios altomedievales como los primeros intentos traductológicos a modo de arcaicos diccionarios, dedica un espacio a explicar la concepción y el significado que la actividad traductora tenía para los intelectuales medievales, aspecto sin duda aplicable a los demás capítulos. Por otro lado, el trabajo acerca de la “materia oscura” en la Península Ibérica, es útil porque, al desbancar tres mitos relativos a la traducción secularmente tenidos por ciertos, abre los ojos del lector: el panorama traductológico del occidente europeo medieval cuenta con grandes lagunas, y no hay que cometer el error de intentar obtener un conocimiento más amplio del que permiten los escasos datos con los que el estudioso es capaz de trabajar. 

Por último, merece especial mención el capítulo final, pues, a modo de epílogo, aporta la clave para comprender la utilidad de esta monografía: servir de obra básica de referencia para todo aquel estudioso que quiera aproximarse al campo de la traducción europea medieval. Se trata, en definitiva, de una breve relación de instrucciones cuyo objetivo es el de facilitarle al investigador el manejo del glosario de traductores y obras presente al final de la monografía, pues como señalan los autores, “la producción escrita […] se asemeja a una red en la que cada nudo se encuentra unido a otros”. Resulta, por tanto, de gran utilidad un glosario como este en el que se han deshecho los nudos de dicha red al presentar alfabéticamente y de forma individualizada a los traductores y obras que se encuentran interrelacionadas en el cuerpo de la monografía. En definitiva, como gran compilación de autores y obras, esta monografía debería entenderse como una minuciosa obra de referencia idónea para aquellos filólogos medievalistas interesados en el panorama traductológico de un territorio concreto o, incluso, en traductores u obras específicas. 

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