Una historia de monstruos. “La ciudad”, de Lara Moreno

por Dic 6, 2022

Una historia de monstruos. “La ciudad”, de Lara Moreno

por

Lara Moreno, La ciudad

Barcelona, Lumen

319 páginas, 18,90 euros

La ciudad, tercera novela de Lara Moreno (Sevilla, 1978), es uno de los textos más interesantes de un 2022 ya de por sí literariamente fructífero (el regreso de Sara Mesa, de Isaac Rosa o de Santiago Lorenzo, la novela póstuma de Almudena Grandes…). La autora construye el universo ficcional con los mimbres de lo que puede considerarse su firma narrativa, el uso de distintas perspectivas diegéticas para profundizar en la psicología de personajes femeninos, como sucedía en la brillante Piel de lobo (2016) con las hermanas Rita y Sofía, o con Nadia y Elena en Por si se va la luz (2013). De nuevo, La ciudad juega con el foco narrativo para contar las historias de Oliva, Damaris y Horía, tres mujeres que coinciden espacialmente en un edificio de Madrid y cuyas vidas, aunque distantes, se unen en el silencio de la violencia como amenaza común.

A pesar de la conexión formal con sus novelas anteriores, La ciudad supone un paso adelante en la trayectoria como novelista de Moreno al presentar a mujeres de diferente condición social. A diferencia de Oliva, más cercana a los personajes hasta ahora trabajados por la autora, Damaris y Horía son migrantes, personajes escasamente representados en la literatura española contemporánea, que en el texto se configuran, además, desde la marcada voluntad de humanización y la huida de todo estereotipo. Para sus empleadores, Damaris y Horía no son más que meros recursos productivos, seres cosificados que se utilizan para realizar un servicio (manos para cuidar niños y ancianos, manos para encargarse de las labores del hogar, manos esclavas para recoger fruta). Por ello, sorprende el contraste humanizador de Moreno, que dibuja a las dos protagonistas en toda su profundidad como personas a quienes les duele el cuerpo después de largas jornadas de trabajo, que acarrean el dolor de abandonar a sus hijos, que lloran por dejar atrás a sus madres, que lamentan la suerte que les ha tocado vivir.

Además de por su condición de migrantes, Damaris y Horía se contraponen a Oliva en el desarrollo del gran tema de la obra, la violencia como el gran monstruo que amenaza a las mujeres de todo origen y clase social. La autora ya había explorado esta temática en Piel de lobo, si bien esta novela se armaba sobre la grieta que había abierto entre dos hermanas una situación específica de acoso, es decir, se abordaban las consecuencias de la violencia más que narrarse esta en sí misma. En La ciudad se relata el modo en que Damaris y Horía se hallan en el centro de todas las formas de maltrato que la sociedad puede ejercer hacia ellas: la violencia en el entorno laboral, la administrativa, la estructural, al ser consideradas inferiores y tratadas como tal por todo un constructo social. Oliva, a pesar de ser una mujer blanca occidental y por tanto verse “libre” de algunos de estos aspectos, tampoco escapa del horror, pues es víctima de maltrato físico y psicológico por parte de su pareja. La violencia que las tres sufren se vertebra, además, en el silencio: las tres coinciden espacialmente en el edificio de la Plaza de la Paja en que se desarrolla gran parte de la acción y son conscientes de la situación de la otra, pero permanecen calladas, alimentando así el monstruo del miedo y la parálisis individual y social.

 La ciudad aborda también otros temas que requerirían de una extensa reflexión, como la diferencia de posibilidades de los tres personajes para lograr salir de la situación, la maternidad (aspecto común entre las protagonistas) y las diferentes formas en que esta determina el devenir vital de las tres mujeres, o el valor alegórico de los espacios, otro aspecto central en la narrativa de la autora.

Asimismo, el regreso a las librerías de Moreno nos permite reflexionar sobre cuestiones extraliterarias, pues la novela aúna todas las facetas creativas en las que destaca la sevillana, y, por tanto, nos sitúa ante la confirmación del carácter poliédrico del escritor contemporáneo. Además de su trabajo como editora y su mencionada labor como novelista, estamos ante una brillante poeta, cuya prosa, habitualmente comparada por la crítica con la de Cortázar, trasluce un lirismo constante y una fluencia casi musical. Léase la luminosa belleza con la que se describe el primer encuentro de Oliva y Max: “Y entonces los ojos se adentraron muy profundo, hasta donde no hay nada, porque no puede haber nada en un primer contacto visual, por muy demoledor que este sea. Escarcha para el disfraz: plástico copolimerizado, hoja de aluminio, dióxido de titanio, oxicloruro de bismuto y otros tantos materiales tóxicos que reflejan la luz, incluso en medio de la noche, hasta formar colores” (p. 78). Igualmente, la Lara Moreno ensayista también se atisba en la presencia del edificio de la Plaza de la Paja, quizás el mismo que ella habitó, el que fue invitada a abandonar por su propietario e inspiró el ensayo Deshabitar, en el que reflexionaba sobre las dificultades de la vivienda en las grandes ciudades, sobre la relación entre barrios y privilegios vecinales, y sobre Madrid como inconmensurable selva urbana en la que cada día supone una difícil lucha por la supervivencia, la misma a la que se enfrentan las protagonistas de La ciudad.

Leemos, por tanto, una novela valiente que envuelve al lector con su exquisito estilo para arrastrarlo a los hondos estratos de algunas de las verdades contemporáneas más difíciles de enfrentar y, por ende, de narrar. La ciudad puede considerarse como uno de los textos más notables del año y, sin duda, es ya una de las cumbres de la carrera literaria de su autora.