El crujir de la madera
Adiós a un año como cualquier otro; bienvenida a uno nuevo sin nada de particular. “Otra vez.” Y sin embargo, por un lapso de horas secretas todo ha parecido quedar en suspenso. “Definitivamente, otra vez.”
Adiós a un año como cualquier otro; bienvenida a uno nuevo sin nada de particular. “Otra vez.” Y sin embargo, por un lapso de horas secretas todo ha parecido quedar en suspenso. “Definitivamente, otra vez.”
El barco se iba alejando del puerto, dejando un rastro de espuma que captaba la mirada atenta de la niña sostenida entre los brazos de su abuelo. Sus ojillos azules pasaban revista a cada pequeña nueva ola blanca que surgía de las hélices y se reía cada vez que el barco oscilaba, obligando a la inexperta tripulación a sujetarse bien para no caer al agua.
Cuando el sistema nervioso se descontrola, el oxígeno se comporta como un pez cruel y huidizo, ¿no le parece? Ay, qué gran idea ha sido esta de cambiar la ginebra por el reposo, la atención profesional y la valentía. Pasar aquí una temporada me hará bien, de eso estoy convencida.
La subversión que plantea “Niños”, de David Roas (Barcelona, 1965), no se limita a la estructura de la obra. Siguiendo la línea que ha trabajado el autor en libros previos, este se puede clasificar dentro de la literatura no-mimética, con especial énfasis en el género fantástico. Encontramos elementos que muestran cómo, siguiendo el epígrafe de Valeria Luiselli que abre el texto, la imaginación de los niños desestabiliza el sentido adulto de la realidad.
El español fue un escritor prolífico, que no se limitó a explorar los géneros tradicionales, y también fue un innovador. Incluso practicó el hibridaje formal. Al tomar esto en cuenta, no sorprende que haya practicado la escritura de cuentos.
Cristina Fernández Cubas, investida como doctora honoris causa por la Universidad de Alcalá, ha centrado la actividad cultural del pasado diciembre en la Facultad de Filosofía y Letras. Recordamos en esta crónica cómo se desarrollaron y en qué consistieron los encuentros que homenajearon a la autora.
Los cuentos del Tío Remus crean un mundo de fábula que toma forma conforme se van sucediendo los relatos. En un principio, se presenta una realidad habitada solamente por animales, siendo considerados todos ellos hermanos entre sí.
Este texto analiza el cuento “Casa tomada” de Julio Cortázar como alegoría temporal. Muestra cómo, del inicio al final, el autor crea una tensión entre las dimensiones espacial y temporal de la casa, y los narradores siguen preocupados por el concepto de tiempo bajo forma material e ideal.