Sin duda, el reciente 47º Premio Anagrama de Ensayo, Las mejores palabras. De la libre expresión, del filósofo Daniel Gamper, motiva reflexiones de nuestro presente. Comparte con los pensadores y artistas de la Europa Central de principios del siglo XX la preocupación por el estado del lenguaje, en su esencia y en su naturaleza social. De esta crisis parecen salir reforzadas, por decantación, muy pocas palabras: “especie”, “solidaridad”, “silencio”, pero sobre todo “muerte”, “negligencia”, “estupidez”. En palabras de Gamper: “Nunca llegaremos a un acuerdo sobre la naturaleza de las mejores palabras. Conformémonos, que no es poco, con saber identificar colectivamente las peores que se ponen al servicio de la dominación”.