“¿Por qué no sirve este lenguaje?”. “Fuego la sed”, de María Sánchez
María Sánchez, Fuego la sed
Barcelona, La Bella Varsovia
112 páginas, 13,90 euros
María Sánchez (Córdoba, 1989) es veterinaria y escritora. Ha publicado los ensayos Tierra de mujeres (Seix Barral, 2019) y Almáciga (Geoplaneta, 2020), así como el poemario Cuaderno de campo (La Bella Varsovia, 2017), todos ellos traducidos a diferentes idiomas. Además, coordina los proyectos Almáciga y Las entrañas del texto y colabora con el suplemento Comer de La Vanguardia. En febrero de este año llegaba su esperado segundo poemario, Fuego la sed, en el que la poeta da continuidad a las preocupaciones expresadas en Cuaderno de campo. Así, de nuevo, el entorno natural y el cuerpo son los protagonistas indiscutibles de la obra. Si en Cuaderno de campo la voz poética miraba al pasado, en este libro la mirada indaga sobre el futuro, vaticinando posibles escenarios cuya posibilidad y realidad ya no podemos negar.
Articulado en siete partes, Fuego la sed nos plantea una pregunta y nos obliga a mirarnos de frente: ¿Qué papel creemos jugar en la crisis climática? ¿Tendremos la audacia de decir que fue algo que ocurrió sin más, sin causa, sin agencia? La voz poética, que se sitúa muchas veces en un futuro cercano, nos habla con resentimiento (“sentimos vergüenza/de aquellas maneras”), pues lo que estamos haciendo es inaceptable (“nunca descansará/todo/lo que hemos hecho al mundo”). Es un ejercicio de imaginación que nos lleva a pensar en la herencia que dejamos y en por qué somos capaces de imponernos sobre el entorno, sobre el resto de experiencias de los seres que lo habitan (“siempre hubo un mundo desmantelando/a otro mundo más pequeño”). Recuerda, en este sentido, a la concepción del entorno de Irene Solà en Canto jo i la muntanya balla (Anagrama, 2019), no solo como lugar en el que se inscriben las vivencias, sino como entidad partícipe, viva, aunque nosotros no seamos capaces de apreciarlo. De este modo, encontramos una sección titulada Los animales hablan en la que se desarrolla una polifonía de entidades recurrentes, como la hierba o el verdor (“todo sirve de alimento/a otro ser/esto fue lo que te enseñó la hierba”), de los que se destaca su capacidad de crecimiento y de aprovechamiento; los ríos y las lluvias, que relacionan el concepto de agua con el de vida, o más bien, muerte a falta de esta (“rodeados de ríos/rodeados de muertos”) o las alimañas (“afortunados/los que mecieron alimañas”).
Otro de los conceptos que resulta central es la figura “cuerpo”, que demuestra la preocupación de la poesía de Sánchez por la realidad material y la posibilidad de sostenerla. El cuerpo acusa la historia, es en él dónde se traducen los recuerdos en relieves (“en nuestros cuerpos bordados/los saberes de los vuestros”). Pero el cuerpo no habita aislado, un cuerpo que se mueve afecta a su entorno y su entorno tiene también una influencia sobre él. Nos amamos en los bosques, sucedemos a la vez que los pájaros anidan. Podemos también aprender del entorno y de las otras formas de vida (“un solo gorrión/podrá por qué no/enseñaros otra forma de imaginar”). Por otro lado, también vertebran el poemario las nociones de “progreso” e “historia”. La voz poética reflexiona sobre la facilidad para olvidarnos del pasado y sobre nuestro impulso de progreso a toda costa, empleando la razón como cara visible y positiva del, en realidad, mucho más oscuro proceso extintor (“por demostrar todo/lo que sabíais/dejasteis entrar la masacre/en el paisaje”; “nombrar y poseer/así elaborabais el conocimiento”).
Con un estilo lírico bello y directo, el poemario de Sánchez nos interpela, nos devuelve una imagen de nosotros y del territorio asediado por nuestra culpa, nos insta a no olvidar, a poner de relieve la interdependencia (“también de este puñado/de huesos y de tierra/dependen nuestras vidas”). Aquí una solución en forma de pregunta: “¿por qué no sirve este lenguaje?”. Ha de haber, y hay, otros modos de decir, un acceso al conocimiento que no suponga clasificar, constreñir, imponerse. Que nos permita apreciar “la melodía de lo frágil”, pausados, certeros, más respetuosos. Podemos, quizá, aprenderla de la hierba.

Candelas Bayón Cenitagoya
Candelas Bayón Cenitagoya nació en León en 1998. Graduada en Traducción y Lenguas Modernas por la Universidad de Alcalá, actualmente investiga sobre cuestiones relacionadas con la traducción y los Servicios Públicos. Sus principales intereses son la literatura, el arte y los idiomas. En su tiempo libre le gusta escribir poesía.
