Un Cuarón que calla lo que no vio. «Roma»

por | Ene 27, 2019

Un Cuarón que calla lo que no vio. «Roma»

por

Roma

Dirección: Alfonso Cuarón

Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Diego Cortina Autrey, Carlos Peralta, Marco Graf, Nancy García García

Duración: 135 minutos

Sin duda, la película independiente de estas Navidades ha sido Roma, de Alfonso Cuarón (Ciudad de México, 1961), film en el que el mejicano, recién nacionalizado español, produce, guioniza, dirige e incluso fotografía una autoficción ambientada en su infancia en el barrio de clase media-alta de Colonia Roma, en el por aquel entonces México D. F. La obra de Cuarón transporta a unos años setenta en los que nos encontramos un país turbulento, marcado por la violencia del ejército, las reclamaciones estudiantiles y las continuas apropiaciones estatales de los territorios indígenas. Así, seguimos la historia de Cleo Gutiérrez (Yalitza Aparicio), quien trabaja como personal del servicio de una familia adinerada que hace de réplica de la del propio Cuarón.

Cleo, quien está también basada en la propia niñera de Cuarón y a quien va dedicada la película, es un personaje casi mudo, testigo de la debacle familiar que acontece durante el largometraje, pero con una historia personal aparentemente paralela a la de la familia. Mientras asistimos a la separación entre la señora de la casa, Sofía (Marina de Tavira), y el padre (Diego Cortina Autrey), observamos cómo Cleo comienza a crear una vida para sí misma, saliendo con Fermín (José Antonio Guerrero), quien, a su pesar, la abandona una vez descubre su embarazo. Es durante este proceso de gestación, en el cual le acompañara la familia que la contrata, cuando, según gran parte de la crítica, Cuarón utiliza el personaje de Cleo para comentar los grandes conflictos sociales de su época, haciendo un retrato detallado de las lógicas de género y clase social a las que los sujetos desfavorecidos de la película tuvieron que hacer frente. La fotografía del film acompaña a esta narrativa tan ambiciosa con planos abiertísimos y una paleta de color en blanco y negro digital, en la que la ausencia de grano nos hace apreciar los detalles de la muy cuidada estética geométrica que invade las escenas del director. Ambas, fotografía y acción, están conectadas, pues no solo vemos un México carente de color (literal y metafóricamente), sino que observamos un escenario en el que realidades aparentemente distintas -las de ricxs y pobres, las de blancxs e indígenas y las de hombres y mujeres- entran en conexión.

Desde su propio estreno, Roma ha sido una película controvertida -especialmente en España, donde, a excepción de un par de cines, la película no se ha visionado debido al contrato de Netflix para emitir el filme pocos días después de su estreno. A nivel temático, la crítica ha mantenido varios postulados sobre el valor de la película de Cuarón, pues la representación de Cleo puede ser vista tanto como realista como estereotipada. Si bien es cierto que la cinta del mejicano parece introducirnos en las complejidades psicosociales de la que fuera cuidadora (y en muchos casos, madre) de Cuarón, en un artículo reciente de la revista The Newyorker, el crítico americano Richard Brody cargaba contra el director por, precisamente, hacer de Cleo un personaje mudo a la hora de representar las psiques más problemáticas (posicionándola como una sirviente que jamás cuestiona las relaciones de poder entre ella y su ama) y por apenas ahondar en los conflictos del país, situándolos, más bien, como un elemento contextual.

En cierto modo, Brody acierta al señalar esta ausencia de discursos analíticos y críticos, tanto al nivel íntimo de la protagonista como en lo relativo a la historia reciente de México. Por un lado, Cleo es conformista con su trabajo y dependiente de quien le suministra su sueldo e incluso hogar y Cuarón no retrata ningún signo de desacuerdo en ella (es más, los pequeños atisbos de felicidad que encontramos suelen estar ligados al cuidado de la casa y ocurriendo siempre en el interior de la misma). De la misma manera, los conflictos sociales apenas aparecen descritos y el realizador solo nos muestra pocas (o ninguna) voz de aquellos que sufrieron las injusticias del gobierno mejicano. No obstante, habría que poner de manifiesto un componente vital en este debate: ¿es realmente la crítica al Estado uno de los objetivos de Cuarón con este film? ¿Por qué hemos de entender a los personajes de Cuarón como seres universales? El director recrea, a fin de cuenta, una visión del México de los setenta desde su visión privilegiada, sin el objetivo de apropiarse de otras voces, por las cuales, además, no puede hablar. Aunque la acción se vea desde la centralidad de Cleo, lo cierto es que los protagonistas de la obra es la familia privilegiada, se ahonda en sus contradicciones sociales y políticas y se visualiza su inacción en tiempos de sangre y revolución social.

Roma es una película cuyo departamento de marketing ha calificado de “personal”, algo que se ha criticado, con algo de razón, como término carente de significado y que valida cualquier acercamiento controvertido a X tema de importancia.  Lo “personal” del largometraje de Cuarón, no obstante, no parece esconder la crítica a la familia de este, o incluso disfrazar al personaje de Cleo sino, más bien, dar una visibilidad a la vida de las personas con las que tuvo que convivir. No solo Cuarón ve(ía) con unos ojos alienados por su propio pensamiento a estos personajes, sino que también tiene un acceso limitado a los mismos. En Roma solo vemos lo que el director pudo experimentar desde la perspectiva responsable de alguien que, sin duda, no puede hablar en nombre de aquellos más oprimidos. Si lo hubiera hecho, la crítica hubiera sido incluso más feroz.

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