Un fantástico sórdido. “Las voladoras”, de Mónica Ojeda

por Ene 14, 2021

Un fantástico sórdido. “Las voladoras”, de Mónica Ojeda

por

Las voladoras, Mónica Ojeda

Madrid, Páginas de Espuma

121 páginas, 14,25 euros

Asociar el género fantástico (y cualquiera no-mimético) con la evasión es un lugar común. Lo necesario parece ser, según quienes repiten tópico, abordar el mundo desde el realismo, presentar las cosas en toda su crudeza para confrontar al lector con problemas supuestamente serios. Sobran ejemplos con los cuales desmontar esta falacia. Las voladoras, de Mónica Ojeda (Guayaquill, 1988), es uno de los más recientes y, sin duda, de los más efectivos. Los mundos que se construyen en los ocho relatos que conforman este volumen son tan sórdidos como irreales. Al mismo tiempo, confrontan a quienes leen con cuestiones que, de forma directa o indirecta, hablan de la realidad extratextual.

Quizá lo primero que sorprende es el tono de las narraciones. Que el universo intradiegético de un relato fantástico debe asemejarse al del lector es un principio bien conocido. Ya en este punto, el libro de Ojeda muestra unas particularidades importantes. Por un lado, las voces narrativas presentan una cotidianidad turbia y compleja, creando algo que, de momentos, puede recordar al realismo sucio en su manera cruda de abordar las historias. Al mismo tiempo, con este tono seudorealista convive una atmosfera enrarecida, casi surreal en algunos relatos. En este sentido, “Las voladoras”, primero del libro, es un caso ejemplar: da acceso a la vida de una familia desafortunada que, además, convive con un ser fantástico, cuya imposibilidad solo es equiparable a su fuerza simbólica. Podemos rastrear un efecto similar en “Caninos”, donde una relativa imprecisión al nombrar a los personajes sirve para edificar un espacio extraño, en el que la agonía de un hombre, llamado simplemente Papi, confronta la vida de las mujeres que lo rodean. Sobre todo, a la de la protagonista, denominada Hija, que lo cuida. La presencia de esta forma de trabajar lo fantástico no implica un abandono de aproximaciones tradicionales: “Cabeza voladora” relata los angustiosos días de una mujer que encuentra, en su jardín, la cabeza de una joven vecina; “Soroche” reconstruye el incidente traumático que viven unas amigas que, durante una excursión, sufren “mal de páramo”. Este último cuento presenta, también, una de las cuestiones que atraviesa el volumen: reflexiones en torno a la cultura latinoamericana, desde su mitología hasta el heteropatriarcado que impera y oprime en los países del continente.

Otro aspecto del fantástico es cómo sirve para reflexionar, en última instancia, sobre lo real. Dicho de otro modo, este género suele poseer un nivel metafórico que sirve para interpelar al lector. Desde esta óptica, el escritor de narraciones fantásticas apela a lo irreal como vía para discutir lo que, en un contexto diferente, puede llegar a ser indecible. Las voladoras, nuevamente, se muestra como un ejemplo peculiar de este principio: las historias contenidas en el volumen en ningún momento renuncian a su discurso crítico, ningún espacio, por imposible que parezca, deja de reflejar un lugar del mundo extradiegético, un lugar incómodo que, generalmente, preferimos evitar. El libro de Ojeda va más lejos: combina esta búsqueda con una indagación formal, un juego metaliterario con la diagramación de la prosa. Es una experimentación a la que estamos acostumbrados en la poesía, pero no en el cuento. El texto gana en ritmo, en dinamismo y, finalmente, en su capacidad para confrontar al lector con un mundo que refleja al suyo, no solo en su aparente realismo, sino también, y especialmente, en sus cualidades extrañas y disruptivas. En otras palabras, si confiamos en lo que dijo Yuri Lotman sobre forma y contenido, que son inseparables, en el caso que discutimos se aprecia cómo esta indisolubilidad potencia el lenguaje artístico y literario.

Este volumen se presenta como un desafío. Es, no hay que equivocarse, un libro difícil de tragar. No por la prosa o por las historias, que resultan envolventes, dinámicas e interesantes. En cambio, cuesta afrontar los sórdidos universos que habitan las páginas de Las voladoras. Hablamos de una obra que incomoda al lector, en el buen sentido, lo saca de su lugar tranquilo, cuestiona las ideas que posee. En última instancia, esos universos sórdidos son, ya lo hemos comentado, un espejo de la realidad en la que vivimos.