06 Foto ilustrativa

Una gloria pequeña y refulgente. “Llevar la casa”, Clara Monzó

Clara Monzó, Llevar la casa

Palma, Isla Elefante

75 páginas, 15 euros

Llevar la casa es el primer poemario de Clara Monzó (1990), doctora en Estudios Hispánicos Avanzados y profesora de literatura en el Departamento de Filología Española de la Universitat de València especializada en teatro de los Siglos de Oro. Podemos encontrar algunos de sus poemas en revistas literarias como Anáfora, Centauros o 21veintiúnversos.

Son muchos los versos que he subrayado en el poemario de Clara, muchas las imágenes que calan en quien lee el universo mitológico y terrenal, expansivo como la potencia del recuerdo y pequeño como el piar de un pájaro, que aquí se recoge. Con la maestría de la palabra que caracteriza a su autora, nos adentramos en un mundo que se construye alrededor de una casa, del espacio sensible que agrupa los afectos de una niña que se sabe heredera.

La obra comienza con una confesión: no es suficiente con ser buena, no es suficiente con ser buena para poder vivir en paz. ¿Qué ocurre con la niña que descubre el secreto de lo familiar? ¿En quién recae la responsabilidad de la herencia? Mediante estas preguntas se genera una grieta: la casa es un artefacto que además de cuidar, duele. “Qué haremos si no viene / el fácil sacrificio, / a quién le tocará llamar, / poner la mesa sin esfuerzo / esconder cosas a los hijos”. Nos encontramos en la primera parte del libro, “Fuego de Hestia”, con una mirada a la infancia y a la casa como lugar que fundó toda la cartografía de lo que somos. La nostalgia se aparece, dialoga con el padre y la abuela, con el pueblo y su inocencia, podemos jugar a las cartas todavía en este momento, ver les oronetes e invocar la posibilidad de la infancia. Pero la casa arde ante la niña que rememora y cuestiona.

Ocurre el paso del tiempo y con él, aparece la necesidad de recoger lo anterior, de amarlo para poder colocarlo en su lugar. En esta segunda parte de la obra, “Flores en el Palatino”, tiene lugar la fundación de las bases del hogar escogido. Para poder hacerlo es necesario conocer la tierra y las ruinas que guarda. Aparecen nuevos personajes y lugares aquí, accesibles para el imaginario de todas, que pertenecen a los tiempos de la mitología, y la voz se descubre así como un “lugar sin aves”, como quien lleva a su padre sobre los hombros tras la derrota. Es en la tragedia donde se encuentra la virtud, porque entre el vacío se aparece “el recuerdo de un banco en primavera”, el deseo de llamar al timbre de una casa y que responda la luz. La niña se fue y, sin embargo, siempre estuvo, marchó para volver… con las mismas manos que regaban los geranios hace mucho tiempo, ahora capaces de amar otras aguas. 

Alzamos la vista y descubrimos algo, más allá. Las nubes se levantan y dejan entrever un nuevo horizonte: “las últimas tormentas se despiden” y la vida, aunque incierta, deviene posible. Nuestras amigas nos recuerdan que, aunque duela, nadie muere de pena, y que llevar la casa dentro a lo mejor es tan solo esperar a que lleguen los ciervos. Cierra así la última parte de la obra, “Lento mundo”, con la imagen de alguien que aún imagina y puede desear el amor. Es la esperanza quien nos permite mirar a la cara a la pérdida. Y aunque no es sencillo creer, elegimos hacerlo.

Siempre me resulta difícil reseñar obras, podríamos decir que no soy muy amiga del ejercicio de condensación. Pero, sobre todo, me es difícil reseñar aquellas que me gustan y por las que siento cariño. En este libro conectamos con el sentimiento doloroso de saberse hija y madre, con la amargura que existe en la convivencia de querer irse y querer volver, y viceversa… pero no saber cómo. El imaginario y las conexiones que genera Clara dan a este libro una suerte de densidad emocional que lo acerca a nuestra experiencia vital. “Llevar la casa” es como una fiesta en la que te pasan muchas cosas y cuando se está acabando sientes pena, porque decirle adiós a todo lo maravilloso que encierra la vida es un gesto enrevesado, pero sabes que necesitas descansar y dormir un poco, para poder salir al mundo al día siguiente. Entonces buscas a tus amigas, te despides de ellas, sales a la calle y balbuceas, como una niña pequeña, “bona nit”.

Y mañana más.

05 Foto autora
Paula Escrig Peris

Paula Escrig Peris (2000) es filóloga hispánica por la Universitat de València, especializada en narrativas de violencia y poéticas de lo viviente. Ha colaborado con revistas literarias como Casapaís, Zéjel o Mirlo, e imparte talleres literarios y poéticos. En 2024 publica en Hiperión su primer poemario, Debajo del lenguaje solo hay niñas llorando (VI Premio de Poesía Joven Tino Barriuso). Trabaja, estudia y baila. Le encanta la buena gente y vivir tranquila.

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