Mantenerse en alto. “El Colibrí”, de Sandro Veronesi

por Ene 15, 2021

Mantenerse en alto. “El Colibrí”, de Sandro Veronesi

por

Sandro Veronesi, El Colibrí

Traducción de Juan Manuel Salmerón Arjona

Barcelona, Anagrama

314 páginas, 19,85 euros

El Colibrí es una novela sobre la fuerza de la vida, la resiliencia, la superación y el optimismo. Es también una novela catártica, necesaria durante el caos que genera una pandemia mundial. Nos la regala Sandro Veronesi (Florencia, 1959), que enseña en su novela lo que él llama su “hermosa valentía”, poniendo un granito de arena al reivindicar la libertad y la esperanza en tiempos difíciles. Por estas razones, entre otras, Veronesi, catorce años después de Caos calmo (2006), vuelve a ganar el más prestigioso galardón literario de Italia: el premio Strega con Il colibrì (2019). La editorial Anagrama la publicará el 4 de noviembre de 2020, traducida por Juan Manuel Salmerón Arjona.

Cuenta la leyenda que los guerreros caídos en combate se convertían en un colibrí, ave que da nombre al libro. A Marco Carrera, de niño su madre le llamaba colibrí por su baja estatura. El problema de crecimiento se solucionó fácilmente con tratamiento hormonal, pero Marco continuó siendo un colibrí por su capacidad de mantenerse en el aire a pesar de las adversidades. El protagonista se enfrenta a amores que podrían haber sido pero no fueron, a dolorosas pérdidas y numerosos eventos desafortunados. El primero de ellos ocurre cuando recibe la llamada del psicoanalista de su esposa, el doctor Carradori, que saltándose todo protocolo y para evitar un desastre mayor, advierte a Marco de que su esposa se ha enterado de su secreto: Marco sigue carteándose con su amor de juventud, Luisa, desde hace décadas. La mujer con la que, año tras año, coincidía -cada cual con su familia- en el mismo lugar de veraneo. Aunque bien pensado, el primer infortunio y grave error de Marco fue casarse con su mujer, dejándose engañar por la superstición de que un supuesto destino les unía. Quiso creer Marco que el azar le impulsó a encender la televisión aquella mañana, él, que nunca la veía; y quiso creer también que el azar determinó que estuviese puesto el canal Rai Uno, en el que Marina Molitor contaba la conmovedora historia que le cautivó por completo. Marina, explicaba afligida que debió estar ella al cargo del avión DC-9-30, y no su compañera, cuando se produjo el accidente, pero ella tuvo que acudir al hospital a donar médula para salvar a su hermana enferma, que finalmente falleció de Leucemia. Marco, que había perdido a su hermana mayor, y que también había escapado de un accidente aéreo, se enamoró al instante de aquella joven. Sin embargo, Marina no sustituyó a ninguna compañera: tenía el día libre; ni donó médula a su hermana: no eran compatibles; ni se enamoró de Marco Carrera. Así, su matrimonio se convirtió en una farsa.

En cambio, el amor que siente por Luisa es real. Dicen que los amores del pasado siempre dejan huella. En este caso, nunca cicatriza. Un amor que, por circunstancias de la vida, nunca acaba de florecer, y que el lector sólo experimenta a través de las cartas de ambos amantes. En estas cartas, Veronesi renuncia a cualquier tipo de linealidad, tanto estilística como temporal, mas todas ellas encajan a la perfección. Luisa se pregunta desde el primer momento por qué, si su amor es auténtico, no consiguen estar juntos. Y es que Marco es un colibrí, y por ello, mientras no vuela hacia atrás para recuperar el tiempo perdido, canaliza toda su energía en quedarse quieto. “Setenta aleteos por segundo para quedarte donde estás” le reprocha Luisa, que nunca ha podido pararse, y que por eso le hiere tanto permanecer a su lado.

Marco se verá desbordado por las catástrofes que se irán acumulando en su vida hasta dejarlo prácticamente solo en el mundo. Pero su futuro volverá a cobrar sentido gracias a una niña, Mirajin, que le devolverá las ganas de vivir. Lejos de ser una novela de autoayuda, El Colibrí es terapéutica. Nos enseña la necesidad de mirar al futuro con esperanza y vivir con intensidad hasta el último respiro. En definitiva, la importancia de mantenerse en alto como un colibrí.