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“El viejo roble”: una vieja historia

The Old Oak

Dirección: Ken Loach

Banda Sonora: George Fenton

Fotografía: Robbie Ryan

Duración: 110 minutos

2023

Ken Loach nos tiene acostumbrados a un tono, a un mensaje y a una apuesta por los marginados. En El viejo roble se cumple su voluntad por contar una historia solidaria en la que personajes antiheroicos, nuevos Daniel Blake, se convierten en héroes por un día. Un día que puede ser el primero de muchos, de acusación a la injusticia, pero que también puede ser el origen de sin sabores. La cinta de Loach nos narra la llegada de un grupo de refugiados sirios a un condado minero (Durham, norte de Inglaterra) deprimido y deprimente. Ante esta novedad surgen entre las voces autóctonas discursos desencantados, bañados en pintas de cerveza y xenofobia.

Loach retrata un pueblo que es una Pompeya de cenizas de carbón, un ambiente congelado y mortecino obligado a vivir y morir hacia la nada que ha servido de trasfondo para muchos títulos memorables de la cartelera británica. Quien sigue en Durham encarna sinsabores y nostalgia por un pasado de hermanamiento sindical, de lucha común por los derechos de los trabajadores y sus familias. Pero de ese orgullo pretérito no queda el arrebato encomiable, sino el desencanto de una derrota y la sensación de abandono por parte de todo y de todos. Es en este contexto en el que se produce un terremoto que desentumece: la llegada de Yara, su familia y su cámara fotográfica. Esta fuente de testimonio y de memoria que ha servido para recopilar una guerra lejana en Siria, que ha sobrevivido a bombardeos, miedos y terrores, es destruida por el furibundo gesto del rechazo: la bienvenida de quien huye para salvar la vida en Durham es, en un primer momento, zarandeo y proclama de repulsa. Unas soflamas que conocemos demasiado bien y que resuenan desde arriba hasta abajo, en los ambientes políticos de Inglaterra, Europa, EE. UU. y tantas geografías más, pero también en sus calles, sus bares y sus casas. Y en este clima de nueva indefensión y miedo para quien viene de fuera no falta la indomabilidad de Yara. Ni la figura de un TJ.

¿Quién es TJ? TJ es uno, uno mismo, un hombre afable que regenta un viejo pub (‘The Old Oak’) que se sostiene a duras penas en todos los sentidos. Su local, como su interioridad moral, pasa a ser un espacio en disputa. Frecuentado por parroquianos que se desahogan diariamente con discursos de odio hacia los nuevos vecinos, El Viejo Roble (que en cierta medida es el mismo TJ) es testigo del ayer y del hoy con una mirada callada que no quiere ser cómplice. En sus paseos con Marra, su perrita, y en su cansado día a día, vamos conociendo al verdadero patrón del pub y su corazón. Poseedor de una disfunción emocional y una modesta furgoneta, no duda en colaborar cuando se le requiere. Pero su carácter cedente es también su mayor abismo, puesto que quienes han convivido con él toda la vida le ponen en la disyuntiva de ceder su Viejo Roble como un reducto de odio o como una casa común para ayudarse los unos a los otros en sus distintas necesidades (que, en muchos casos, no dejan de ser transversales). La discriminación (más o menos velada) avergüenza a TJ que va sufriendo un progresivo boicot por parte de los lugareños “de bien” mientras sintoniza cada vez con más afecto con las familias extranjeras, que ya no son extrañas para él. Con buena voluntad inicia un proyecto comunitario que aúna a todos sus vecinos y que sirve para paliar la desesperanza con que llevan conviviendo décadas de impuesta obsolescencia social y gubernamental.

El personaje de TJ nos asoma al espejo de una vida cotidiana que nos enfrenta a nosotros mismos y que nos invita a preguntarnos sobre nuestras actitudes. ¿Hacia dónde miramos? ¿Dónde sentimos que está nuestra responsabilidad? ¿La tenemos acaso o sólo esperamos llegar a sentarnos delante de una tele, una cerveza y autocompadecernos? La fábula de Loach es un drama con un final de acogida en el duelo, de comprensión en el dolor, pero no deja de plantearnos dónde está el odio, cómo se hace sufrir a las personas, y por qué el miedo cegador a lo diferente parece condena sempiterna. La apatía y la rutina, el no hacer, el permanecer de brazos cruzados es una forma de respuesta que vanagloria al ruidoso, a quien vocea y discrimina. El viejo roble también nos invita a reflexionar sobre cómo emerge ese malestar cáustico e incendiario que amarga voluntades y proyectos de vida.

Porque la película de Loach no se queda en alegoría de solidaridad y resiliencia. No. Loach hace una denuncia y un retrato de seres quemados y malogrados por decisiones invisibles, ahogamientos económicos y deudas con un pasado que soñaba un futuro que no ha llegado ni llegará. TJ escapa de su propio suicidio, de una caída de errores uniformemente acelerados de la que todos podemos ser víctimas y testigos. La historia de Yara, su familia, el condado de Durham o The Old Oak no es la de grandes gestas, revoluciones o reivindicaciones; pero al mismo tiempo sí es una historia de gestas, revoluciones y reivindicaciones. Porque estamos ante un cuento de acciones particulares, de batallas personales que sirven para hacer, ayudar y construir. TJ tiene dos manos y un corazón; también un pasado que enmendar. Y con su espíritu bienintencionado y el de algunas de sus convecinas, hace del gris Durham un intento de hogar, una mesa compartida. No sabemos qué vendrá después, porque al igual que el filme, esta es una historia que no se acaba, que cada día se renueva, con otro reparto de roles casi idénticos, con otros niños, con otras familias, con otra hambre y otras fotografías de una cámara que nos mira compasiva, en busca de un instante de amor y empatía.

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Carlos Guerreira Labrador

Carlos Guerreira Labrador es investigador predoctoral en la Universidad de Alcalá con un contrato de formación de personal investigador de la Comunidad de Madrid. Es graduado en Lengua castellana y Literatura españolas por la Universidad de Santiago de Compostela y ha realizado el Máster en Estudios Literarios y Culturales Hispánicos (MELICU) de la Universidad de Alcalá. Su investigación se centra en la narrativa histórica, mitos nacionales y violencia política a partir del estudio de autores y de autoras del exilio republicano de 1939. En la actualidad, lleva a cabo su proyecto de tesis sobre discursos sobre la Edad Moderna en narrativa histórica del exilio republicano de 1939. Sus principales motivaciones se basan en ahondar en las heridas abiertas que quedan de los regímenes autoritarios que marcaron el siglo XX y en aprender del diálogo con nuestro ayer para entender nuestro presente.

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