Uno que otro Deja Vú

por Abr 22, 2022

Uno que otro Deja Vú

por

Abrió su botella de Jack Daniel’s, Frank Sinatra  

y luego de beberse un largo trago dijo:

“This is a gentleman’s drink”

así que yo muy alegre me serví un trago inmenso

uno muy gigante que rebosaba del vaso;

y Sinatra recalcó:

“You’re a motherfuckin poet, take more”           

le di una gran palmada

y amanecimos viendo en un ventanal de New Jersey

cómo se incendiaban los dólares que Lucky Luciano

le había dejado de almohada.

Nancy B. cerró la puerta del balcón

y tiempo después no supe de mí

ni de Frank

en 1949.

 

Algo parecido me sucedió en Kiev

desde donde creí escuchar bombarderos submarinos

y hasta oler las más ásperas ojivas nucleares

pero mucho aliño en el Vodka;

y eso me hizo despertar torpe

en no sé qué país de cuál lugar

volador no identificado.

 

Así que decidí mantenerme despierto,

alejado del trago,

para concentrarme en mis territorios interiores;

sin embargo vino a mí

esa sensación peruana de cuando en Tucumán

“Florencio Vampiro”

bajaba unas gradas, cuchilla en mano

y desde lejos hacía señas de loco

o como de algo macabro.

En pleno siglo veinte

le perseguí con un sacapuntas para herirlo,

adentrándome en una cueva hedionda

porque su mirada “busca sangre” era peligrosa.

Caí en zigzag

por un barranco

quizá sin fin

y me enterré el sacapuntas

en ese lugar también peligroso

del que no puedo mencionar.

 

Me levanté del lugar desbarrancado

y sin darme cuenta

rodé hasta Bombay,

y de paso era un paria iluminado muy molesto,

hablaba 200 lenguas para insultar mejor,

y escondía el poco dinero indio que robaba

en Chhatrapati Shivaji,

las serpientes danzaban para mí

mientras lavaba letrinas

para ensalzar a mis otros colegas parias

aunque mis uñas medían 1,20 metros sagrados

yo buscada parecer un gran fakir.

 

Mis recorridos geográficos temporales

me llevaron a 630 kilómetros al sur de Alaska

donde viví entre los osos blancos

con lunares peli-rojos,

eran unos osos muy raros,

que me tomaron por esclavo sexual

en 1823,

y como no era ilegal en esa época

hacerles cosas malas,

les eché fuego a todos mientras dormían

y los dejé a los hormigas

como bocado ahumado

para calmarles la furia ancestral.

 

Mi psíquico viaje extra tiempo-espacio

finalmente terminó muy bien

en el Mouline Rouge con la linda Satine,

quien peleó a navajazos con Lautrec

y a pesar de la sífilis parisina desatada,

prefirió irse a vivir conmigo

en una bañera en 1907

hasta las orillas del río Sena

donde en mi último Deja Vú,

aparecieron un pseudo-emperador prusiano

junto a cuatro mil hombres encabezados por Gulliver

y Huckleberry Finn zombie

y al hundir el botón “Escape from the place”

todo desapareció

para salvarme del “mal karma”;

y entonces

heme aquí hablando de mis Deja Vú

con “mis ustedes imaginarios”.

 

Ya no se puede confiar en casi nadie

¿verdad?